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Sania Mirza y Shahar Pe'er: lo que la división religiosa le quitó al tenis

Mirza y Pe’er podrían haber formado una de las mejores parejas de las últimas décadas. Pero no les dejaron. Una era judía y la otra musulmana.

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Mirza y Pe’er podrían haber formado una de las mejores parejas de las últimas décadas. Pero no les dejaron. Una era judía y la otra musulmana.
Sania Mirza (I) y Shahar Peer durante las semifinales del Bank of the West Classic de 2007. | EFE

En 2007, cuando se impusieron en el dobles femenino del Torneo de Stanford, California, Sania Mirza y Shahar Pe’er no pensaban que aquella sería su última victoria formando pareja. Con apenas 20 años, sabían que podían convertirse en una de las mejores asociaciones del tenis de dobles. A pesar de lo que ya habían sufrido anteriormente. Pero las presiones externas se acrecentaron. Sobre todo en la India, donde diferentes grupos extremistas no estaban dispuestos a que su tenista, musulmana, jugara junto a una judía. Y todo terminó por romperse.

Unos inicios inocentes

Sania Mirza (Bombay, India, 15 de noviembre de 1986) y Shahar Pe’er (Macabim, Israel, 1 de mayo de 1987) se conocieron en categoría junior allá por el año 2001, como relata la propia Mirza. Comenzaron a jugar juntas, y se hicieron grandes amigas. "Ayuda mucho el hecho de jugar con una amiga. Conoces su comportamiento en la pista y fuera de ella, y por eso conoces cómo va a reaccionar en todo momento".

En 2005 llegó la oportunidad de jugar juntas en un torneo importante. Lo hicieron en el Abierto de Japón, donde llegaron a semifinales. Cayeron ante Gisela Dulko y Maria Kirilenko, a la postre campeonas del torneo.

No había duda de que la pareja que estaban configurando Mirza y Pe’er estaba llamada a alcanzar grandes cotas. Pero paralelamente a ese crecimiento surgieron las presiones externas para que el equipo no continuara. Especialmente por grupos religiosos musulmanes de la India, que se mostraron furiosos por el hecho de que Sania Mirza, musulmana, jugara junto a una judía.

Las críticas arreciaron, y las tenistas claudicaron. Al fin y al cabo, se tratada de dos jugadoras muy jóvenes que estaban tratando de labrarse un futuro, y toda aquella situación podía frenar su evolución.

Pero no tardaron ni un año en volver a jugar juntas. Se dieron cuenta de que se necesitaban. De que, por mucho que la carrera individual de cada una de ellas avanzara por separado, cada una necesitaba de la complicidad de la otra. En la pista, y fuera de ella.

Especialmente Sania Mirza, quien se vio más afectada por todo aquello, y tras un 2005 brillante estaba viviendo un 2006 negro. "Soy consciente de que la presión es más dura cada día. En la India la gente es muy pasional con sus ídolos, pero trataré de que me afecte en lo mínimo posible", declararía la tenista, totalmente desbordada.

Así que en octubre de 2006, un año después de separarse, Pe’er y Mirza volvieron a juntarse para disputar el Torneo de Bangkok. "Hacemos deporte. Nada más. No pensamos en política. Creemos que es una buena idea juntar culturas, pero si jugamos juntas es simplemente porque nos gusta y porque estamos convencidas que conseguiremos grandes resultados" señaló Pe’er durante su estancia en Tailandia, donde por cierto se impuso en el cuadro individual femenino.

Casualidad o no, la carrera individual de Sania Mirza se relanzó desde entonces, hasta el punto de alcanzar la mejor posición WTA en toda su trayectoria. En cuanto al dobles femenino, los resultados no terminaban de llegar, aunque la pareja formada por Pe’er y Mirza demostraba en cada campeonato que podía estar entre las mejores, además de ganarse el respeto y el cariño de todo el circuito.

Algo que quedó constatado durante el Torneo de Wimbledon de 2007. Su andadura se detuvo en octavos de final, donde cayeron ante Stosur y Raymond. Pero en cada encuentro que disputaron se llevaron las mayores ovaciones del público. También tras su derrota.

Todo aquello se consagró unas semanas más tarde, cuando Pe’er y Mirza se llevaron la victoria en el Bank of the West Classic, torneo WTA disputado en Stanford, California. Se impusieron en la final a la pareja formada por Victoria Azarenka y Anna Chakvetadze por 6-4, 7-6(7-5).

Adiós a la pareja

Pero justo después de su primera victoria juntas, y tras ver cómo su celebridad aumentaba en todo el planeta, las críticas hacia ellas se multiplicaron. Especialmente por parte del consejo de ulemas de la India. Así que, finalmente, Pe’er y Mirza decidieron separarse. Para siempre. Los precedentes de una situación similar unos años atrás invitaban a tomar ese paso. En 2002, Aisam-ul-Haq Qureshi fue sancionado por la federación de tenis de Pakistan tras participar en Wimbledon junto a Amir Hadad, judío.

Sania Mirza temía que le sucediera algo similar. Más aún cuando las críticas ya no se encaminaron tan solo al hecho de formar pareja junto a una judía, sino directamente a que jugara al tenis como lo hacía. Llegó a emitirse una fatua (un pronunciamiento legal en el Islam, realizado por un especialista en ley religiosa sobre una cuestión específica) haciendo referencia a que Mirza no representaba el ideal de la mujer musulmana por su vestimenta cuando saltaba a una pista de tenis.

"El deporte es deporte. No se debe mezclar con nada más. Si debiera seguir el estereotipo de lo que una mujer debería ser en la India, entonces no debería jugar al tenis. Porque son muy pocas las niñas que con seis años pueden coger una raqueta", se limitó a responder.

Pero el daño estaba hecho. Shasha Pe’er y Sania Mirza no volverían a jugar juntas nunca más.

Ambas tuvieron a partir de entonces magníficas carreras. Mientras Shasha Pe’er pasó varios años dentro del top-20 del ranking mundial individual, y llegó a ganar tres torneos WTA en dobles, Sania Mirza fue nº1 en dobles en 2015, y ha conquistado un Open de Australia, un Wimbledon, y un Open de Estados Unidos.

Pe’er se retiró en 2017, tras una grave lesión en el hombre. Mirza, por su parte, sigue jugando. En 2020 regresó después de dos años de baja maternidad, y lo hizo logrando el título en el Torneo de Hobart.

No hay duda de que, viendo el discurrir de ambas tenistas, tanto en el ranking individual como especialmente en el de dobles femenino, queda la sensación de que juntas podrían haber formado una de las mejores parejas de lo que llevamos de siglo. Y no sólo deportivamente. También socialmente y culturalmente, como hicieran en el cuadro masculino Qureshi y Bopanna.

Pero no las dejaron. Sucumbieron a las excesivas presiones externas. El tenis salió perdiendo.

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