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Consejos para 2020: "Hacerse rico es posible y es fácil… pero muy lento"

El mercado sigue ofreciendo grandes oportunidades de inversión que nos permitan alcanzar la tan ansiada libertad financiera.

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El mercado sigue ofreciendo grandes oportunidades de inversión que nos permitan alcanzar la tan ansiada libertad financiera.
Dinero en un maletín | Archivo/Wikipedia/Forbes

Quedan pocas semanas para que termine el año y es habitual programar ahora los propósitos para arrancar 2020 con buen pie. Sin duda, uno de los propósitos que deberíamos tener es actualizar nuestra educación financiera, sanear nuestras finanzas personales y dar el paso de no ahorrador a ahorrador, y si ya somos ahorradores, dar un pasito más y convertirnos en inversores.

Los indicadores que ofrece el Banco de España, así como las correcciones que ha hecho hasta la fecha el Fondo Monetario Internacional avanzan un escenario macroeconómico complicado para los próximos años y eso, en nuestro país, suele coincidir con destrucción de empleo y subidas de impuestos, lo que deteriora el tejido productivo.

Si a esto le sumamos la incertidumbre que genera en el mercado la posibilidad de que comunistas y separatistas se hagan con parcelas importantes de poder en el gobierno de España, las perspectivas económicas para el próximo año no son nada buenas.

Ante esta situación, parece esencial que vayamos protegiendo nuestro el capital no sólo de las voraces garras fiscales del Estado, sino también del pernicioso efecto de la inflación.

Pero no todo es negativo. Tengamos esto en cuenta y también esto otro que nos recuerdan algunos expertos: "Hacerse rico es, en realidad, muy sencillo, pero tremendamente lento". Sí, es cierto. Lograr la independencia financiera requiere de paciencia, planificación y método. Algo sencillo sobre el papel pero que no lo es tanto en la práctica.

En Tu Dinero Nunca Duerme, esta primera temporada hemos incidido, con ayuda de expertos y gestores de primer nivel y la inestimable ayuda y colaboración de Value School –referente en divulgación de cultura financiera–, en conceptos claves de inversión con la intención de acercar a aquellas personas no expertas los conocimientos necesarios para tomar decisiones de inversión de forma responsable.

De toda la temporada podemos resumir algunos aspectos esenciales para lograr la libertad financiera que nos conduzca a la libertad vital.

Largo plazo

Es quizá el concepto que más se ha repetido durante esta primera temporada de Tu Dinero Nunca Duerme. Expertos como el director de inversiones de Magallanes, Iván Martín, Los codirectores de inversiones de Azvalor, Álvaro Guzmán y Fernando Bernad, u otros expertos como Marcos Pérez (@inversobrio), Marcos Álvarez (Aoshi), o el responsable de Relación con Inversores de Amiral Gestion, Pablo Martínez Bernal, por citar sólo a unos pocos, han explicado de forma extensa a lo largo de esta temporada las ventajas que ofrece el largo plazo en la inversión en renta variable.

Pero ¿qué es largo plazo? ¿Un mes, un año, un lustro, una década? El consenso de la gestión independiente en España establece una horquilla entre 5 y 7 años como periodo a partir del cual podemos hablar de largo plazo y tiempo "razonablemente aceptable" para que madure una inversión. Al menos esto es lo que dicen en público o lo que tienen publicado en sus páginas web o en sus cartas trimestrales, aunque todos confiesan que la estrategia a largo plazo en renta variable tanto en gestoras de gestión activa independiente, como en fondos indexados, tiene unos mejores resultados cuanto más alargamos ese plazo.

El gran maestro de la inversión Benjamin Graham, solía decir que "el mercado es un esquizofrénico en el corto plazo pero recupera su cordura en el largo plazo". Otro dicho de la sabiduría popular es el que dice que "el tiempo suele colocar a cada uno en su sitio". Pues algo parecido podemos decir de la cotización de negocios o compañías en bolsa, que aquellas que por modas, o por miedos repentinos, están castigadas por los mercados, con el tiempo obtendrán su valoración real en el mercado. Lo mismo puede suceder con otras compañías muy sobrevaloradas ahora por cuestiones de moda o tendencias, pero que el mercado castiga cuando se empieza a percibir su valor real.

Además, el comportamiento de la bolsa en periodos de más de diez años nos dice, como recordaba el profesor Juan Ramón Rallo en Libertad Digital, que en cualquier década de los últimos dos siglos la ganancia máxima ha sido del 16,9% anual y la pérdida máxima del 4,1% anual. Pero lo mejor viene cuando tomamos un período de 20 años: en tal caso, la bolsa estadounidense nunca ha perdido valor, incluso teniendo en cuenta la inflación: la ganancia máxima en 20 años ha sido del 12,6% anual y la ganancia mínima (que no pérdida) del 1%.

Interés compuesto

Sin duda otro de los conceptos importantes que se han puesto encima de la mesa en Tu Dinero Nunca Duerme ha sido el de "interés compuesto", que no es otro que el efecto multiplicador de las ganancias que sufre la renta variable con la rentabilidad acumulada y el largo plazo.

El interés compuesto es el que opera cuando se invierte en activos de renta variable sujetos a especulación y cuyo comportamiento no está definido de antemano (al contrario de lo que sucede con los títulos de renta fija, como los bonos del estado o la deuda corporativa). Así, el cálculo del interés compuesto es el que dicta la llamada "regla del 7" y que consiste en que una inversión que genera un 10% de rentabilidad anualizada, tarda 7 años en doblarse. Es decir, 10.000 euros invertidos en renta variable y con una rentabilidad del 10% anual, en 7 años se convierte en 20.000.

Por otro lado, esta misma regla dice que si una inversión genera un 7% de rentabilidad anualizada tarda 10 años en duplicarse.

Conocida como "la magia" de la inversión en renta variable, el interés compuesto unido al largo plazo, ha permitido a inversores como Warren Buffett y Charlie Munger amasar milmillonarias fortunas.

¿Gestión activa o gestión pasiva?

"Da igual", podríamos contestar, siempre que sea "independiente" y esto tiene mucho que ver con los incentivos de quien ofrece esa gestión. Si estamos de acuerdo en que vamos a invertir en renta variable y que lo vamos a hacer a largo plazo para aprovechar la "magia" del interés compuesto, lo mejor que podemos hacer es buscar un tipo de gestión que nos ofrezca mayor tranquilidad y confianza.

La gestión pasiva es aquella que, básicamente, replica índices en todo el mundo. Tanto es así, que la gestión pasiva permite invertir "en todo el mundo", lo que equivale a pensar que a la humanidad le irá mejor dentro de 10 o 20 años de lo que le va ahora mismo. Si tenemos en cuenta que, como hemos dicho antes, las bolsas suelen tener ganancias en periodos de entre 10 y 20 años y que su rentabilidad histórica anualizada está en el entorno del 7%, pues ahí tenemos unas características que pueden ayudarnos a decidir. En España este tipo de gestión está empezando a crecer de manera notable, aunque todavía no se acerca al porcentaje de cuota de mercado que tiene, por ejemplo, en EEUU donde un 40% invierte en productos de gestión pasiva.

Por el contrario, la gestión activa es aquella en la que un gestor o grupo de gestores selecciona valores siguiendo una filosofía y confía en que estos valores vayan a comportarse mejor que los índices de referencia. Aquí es donde la alineación de intereses es fundamental y de ahí que el apellido de "independiente" sea fundamental. No es lo mismo invertir en un fondo de gestión activa cuyos gestores obtengan su beneficio únicamente a partir del volumen de inversión que capten, a que su beneficio dependa de sus propias decisiones de inversión.

Así, hay gestoras independientes cuyos directores de inversión y empleados tienen todos sus ahorros invertidos en sus propios fondos. No sólo ellos, sino también sus familiares y amigos. Esto se conoce como "skin in the game", otro de los conceptos más repetidos durante este año en Tu Dinero Nunca Duerme. Es la filosofía acuñada por Nassim Nicholas Taleb, y que básicamente significa que estos gestores se juegan la piel con sus decisiones de inversión del mismo modo que lo hacen sus partícipes o clientes.

Diversificación y negocios que conozcas

Invertir en renta variable, a largo plazo, implica convertirnos en propietarios de los negocios en los que invierten los fondos pasivos o activos en los que hayamos invertido, o de las compañías que hayamos comprado si la selección de acciones la hacemos nosotros mismos.

Conocer y saber analizar empresas es complicado, por eso otro de los consejos que más se han escuchado durante este año en Tu Dinero Nunca Duerme ha sido el de invertir en negocios que logremos entender. Por eso no es necesario saber cómo funciona una determinada compañía (fundamental si invertimos en distintas acciones por nuestra cuenta), como comprender por qué un equipo gestor ha seleccionado unas acciones y no otras para su fondo.

Esto descarta de la ecuación la inversión en productos sofisticados que se escapan a nuestro entender. Es decir, que si nos hablan de un fondo cuya filosofía no comprendemos, o un nuevo producto basado en opciones sobre futuros etc., que no sabemos entender, es preferible abstenerse.

Hacerse millonario es fácil, pero lento

Si alguien que acaba de ser padre abre un fondo de inversión indexado a la bolsa americana a su hijo o hija y hace aportaciones mensuales de 100 euros durante toda su vida. Cuando ese bebé termine por cumplir 65 años contará con un capital equivalente actualmente a 1,5 millones de euros. Estos modelos de inversión que calculan la rentabilidad media histórica de la bolsa norteamericana combinan todos los conocimientos que hemos resumido en este artículo, y confirman esa máxima que nos explican los expertos, "hacerse millonario es fácil, pero lento". Fácil, porque no tiene mucha dificultad sobre el papel, pero lento, porque necesitamos el poder multiplicador del largo plazo y el interés compuesto.

Las estrategias de inversión son muchísimas, casi existe un producto para cada tipo de inversor, pero la combinación de los factores que hemos explicado en este artículo suelen ser garantía de éxito. Y si bien nada está garantizado en este mundo, la historia ha demostrado que la renta variable diversificada en el largo plazo ha sido la inversión menos arriesgada.

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