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Diamantes y boquerones en la Andalucía capitalista: lujo y pescado para todos los públicos

La provincia de Málaga se consolida como la nueva sede del libre mercado en España.

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La provincia de Málaga se consolida como la nueva sede del libre mercado en España.
Calle Larios de Málaga | EFE

En la Costa del Sol malagueña se presume de lujo y distinción sin complejos. Buena parte de su litoral playero es una oda al capitalismo orgulloso, plagado de millonarios discretos que buscan luz y sosiego en la Andalucía que abraza el libre mercado con la alegría se saber la riqueza que le reporta.

Tanto la capital malagueña como sus pueblos de talla XXL sacan pecho y muestran la fortaleza de su músculo laboral. Se trabaja a tiempo completo para recibir cada año a millones de turistas locos por los espetos, las mansiones adaptadas para la clase trabajadora que prospera, los mercadillos solidarios y las boutiques entre palmeras y mediterráneos.

La salida del social-comunismo que infectó las instituciones del sur de España hasta dejarlas enfermas y en los huesos, ha sido recibida con alborozo en la ciudad de Elías Bendodo y sus comarcas. Al menos, ese ambiente se respira. Basta con pasear por el centro de Málaga o por Marbella o Estepona, para dar fe que sus aspiraciones son elevadas y están ello.

Cosmopolitismo

Alemanes, belgas, holandeses, suizos, ingleses, rusos, finlandeses, suecos, madrileños, vascos se entremezclan entre los andaluces que, como todos en España, lejos de la caricatura cargada de maldad, se levantan como todos para dar el callo. Es más, su esfuerzo es el doble, deben reconstruir la devastación que los Griñán, Monteros, Díaz y Chávez provocaron en sus 40 años de hegemonía marxista. La desintoxicación de los soviets no es fácil, pero Málaga ya era una fortaleza. Es la Andalucía capitalista que sobrepuso a la desindustrialización franquista que se rindió (como ahora) a los deseos de la burguesía catalana más abyecta.

Y si hay que turistizarse para llenar el bolsillo se hace, y a lo grande. Solo hay que echar un vistazo datos del Observatorio del Turismo en España. El número de viajeros que visitó la Costa del Sol aumentó en un 2% en 2018 con respecto al 2017. De hecho, tanto es el furor por la provincia malagueña que en 2019, se ha rebasado el techo de los 12,5 millones de turistas. El ajetreo del aeropuerto de Málaga no tiene parangón y el separatismo y sus CDR han venido que ni pintado para el sur español. Si ya antes era popular en Berlín, ahora es uno de los principales destinos de los germanos.

Además, Málaga será, otra vez, la provincia andaluza en la que más crecerá la economía. En el último informe de Analistas Económicos de Andalucía (Fundación Unicaja), el Producto Interior Bruto provincial en 2019 se elevó un 2,6%, tres décimas por encima de la media, seguido de Huelva (2,5%), Sevilla y Cádiz (2,4% en cada una). Y más allá del sector turístico, el repunte de la construcción o el aumento en el número de empresas exportadoras de agroalimentación también ha tenido que ver en el buen comportamiento de los datos económicos.

No hay banderismo

Pero hay otros factores que buena parte de los economistas demasiado economizados mentalmente pasan por alto en una sociedad. La cosa no solo va de números para que un territorio prospere. En Málaga no hay odios, ni rencores, ni banderismo, ni nacionalismo que envene el alma. Ni se ve, ni se entiende, y esto para cualquier viajero que se precie es un tesoro. Pura civilización pese a que quien le pese. No en vano la Pepa de 1812 es nativa andaluza. El de fuera es recibido con honores y, por ello, el 90% de los extranjeros recomendaría una estancia en la provincia y capital de los museos, monumentos y teatros a alguno de sus familiares, según el Observatorio del Turismo.

Las envidias se aplacan. Si los Ferraris suenan hasta dejarte sin tímpano por la carretera Nacional 340, más ganas tienen los malagueños de comprarse uno. Y trabajan para tenerlo como su vecino; en contra de la Leyenda Negra Andaluza tan alimentada por elitistas paletos que creen que el PER engloba a toda la Autonomía sin saber que solo lo percibe un ínfima parte de sus nueve millones.

La norma sureña es creer en el esfuerzo personal, y las andaluzas también quieren un bolso Chanel como las árabes que pasean por Puerto Banús, y se lo compran si pueden sin dar explicaciones a nadie. Con la diferencia de que ellas lo hacen con su dinero, con sus ahorros. La riqueza es así, contagiosa, cuando se ve de cerca entran más ganas de ella.

El árbol de Navidad de los diamantes

Y si hay que presumir del lujo se hace. Celebrities, jeques y princesas, empresarios de Silicon Valley, brokers neoyorkinos y los mismos malagueños están como locos con el árbol de Navidad más caro del mundo. Estepona, el municipio con el alcalde más votado de España, y que aplica una política liberal que está aumentando la riqueza de sus habitantes, es la sede de la Navidad del abadejo, los chipirones y los zafiros.

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El árbol de Navidad más caro del mundo está en Estepona en el Hotel Kempinski

El Kempinski Hotel Bahía, el que fuera escenario de la película Torrente II, ha colocado en su entrada el árbol de Navidad más caro del mundo. Según el complejo hotelero. el valor total es de 11.9 millones de euros. Evidentemente, está custodiado por vigilantes de seguridad permanentemente y es sobrecogedor. Sus ramas están llenas de piedras preciosas, diamantes que valen un ojo de la cara, brillos rojos y rosas y decenas de chucherías Art Decó.

Ha sido uno de los grandes proyectos de la Navidad, y como todo lo grande va acompañado de polémica. No han podido faltar las denuncias de los anticapitalistas de Smartphone con Apple y comunistas de la Moraleja, pero eso en Estepona o Marbella no funciona. Estas localidades están cubiertas con una manta antitotalitarios desde tiempos de Jesús Gil.

Y el lujoso árbol ahí sigue en pie, símbolo de las fiestas de champán y joyas que celebra el Hotel Bahía. Con bellísimas confecciones de diseñadores y artistas de marcas como Bvulgari, Cartier, Van Cleef & Arpels y Chanel. También hay fantasía: hadas, copos de nieve de plata y oro, polvo de diamantes y oro de 24 quilates, y como el hotel ha informado, "hasta huevos de emú y avestruz". Lo más granado del mundo se dará cita bajo este árbol para recaudar fondos durante estas fechas, como marca la tradición socialité , y bienvenida sea.

Cerca del Hotel Bahía, en los chiringuitos de madera se bebe cerveza y vino. Las bandejas vuelan con el pescado recién salido de la lonja. Los turistas bajan a la playa encantados de ver tanto talento en acción. Es la Andalucía de la resistencia.

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