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Explota la penúltima fase subprime: la degradación masiva de deuda pública

Las principales economías del mundo se enfrentan a una degradación masiva de su deuda soberana. Es la factura de los rescates financieros y los planes de estímulo. Según el FMI, la deuda pública de los países del G-20 superará el 100% del PIB en 2014. Se avecinan quiebras, pero esta vez de estados.

LD (M. Llamas) Las agencias de calificación de riesgos han degradado la calidad de la deuda pública de Reino Unido, y la próxima rebaja afectará a EEUU. De hecho, la firma Schroders advierte de que la devaluación de la libra que provocará dicha rebaja crediticia amenaza a Gran Bretaña con una crisis similar a la padecida por Islandia en 2008. Es decir, la quiebra del propio Estado y, por lo tanto, la necesidad de acudir a un crédito extraordinario del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Y es que, tal y como avanzó Libertad Digital el pasado enero, el tsunami bancario avanzaba el colapso de la deuda pública en EEUU y Gran Bretaña. Dicha rebaja de calidad, no sólo amenaza con encarecer hasta niveles insostenibles la financiación de la Administración Pública en ambos países, sino que, además, puesto que dichas potencias presentaban la máxima calificación posible (triple A), su degradación conllevará un nuevo recorte de la deuda soberana al resto de economías. Detrás irá España, Irlanda, Grecia y Portugal, entre otros países.

Tras el estallido de la crisis subprime en el verano de 2007, las grandes potencias se han lanzado al rescate de sus respectivos sistemas financieros mediante la inyección de cantidades ingentes de dinero público. Además, la crisis financiera ha desembocado en una profunda recesión económica a nivel mundial, la peor desde la Gran Depresión de los años 30. Ante tal situación, los gobiernos han aprobado importantes planes de gasto público con el fin de reactivar la economía. Tales medidas se han materializado en un sustancial aumento del déficit fiscal y, por lo tanto, también de la deuda pública.

De hecho, según el FMI, la deuda pública de los países del G-20 superará el 100% del PIB en 2014, frente al 70% de media que presentaban en el año 2000 o tan sólo el 40% en 1980. Las degradaciones soberanas están, pues, garantizadas. Algunos países llegarán antes. Standard & Poor´s estima que Gran Bretaña puede llegar a doblar en los próximos cuatro años el nivel de deuda pública, de modo que "si alcanza el nivel del 100% en 2013, haría incompatible una calificación de AAA" para la economía del Reino Unido, advierte la agencia una nota remitida el jueves.

El caso de EEUU es, incluso, más grave, ya que su nivel de deuda pública, según los datos oficiales, supera ya ampliamente los 11 billones de dólares -casi el 76% del PIB-, mientras que el Gobierno estima que el déficit presupuestario rozará el 13% del PIB en el presente ejercicio. Y ello, sin contar el ingente volumen de dinero público comprometido en el rescate de la banca y su economía. El gurú de la deuda pública Bill Gross avanza que la triple A de EEUU es ya insostenible.

Ante tal perspectiva, China y Japón, principales acreedores del Gobierno de EEUU ya han advertido de que no están dispuestos a seguir financiando ese ingente volumen de deuda mediante la compra de letras del Tesoro.

Así pues, no es de extrañar que la Reserva Federal de EEUU haya incrementado sus medidas no convencionales, consistentes en la adquisición de deuda pública mediante la impresión de billetes -hasta 300.000 millones de dólares en deuda a largo plazo-, tal y como reflejan los últimos datos relativos a su balance.

El problema es que, en caso de que el Tesoro no pueda colocar la emisión de deuda prevista para 2009 y 2010 entre los inversores, o tenga dificultades para su refinanciación, el dólar caerá con fuerza ya que su valor depende, en última instancia, de la deuda soberana (futura recaudación de impuestos a los contribuyentes). Ni que decir tiene que una fuerte depreciación del billete verde socavará los cimientos sobre los que se sustenta el actual sistema monetario internacional, cuyo monopolio ostenta el dólar.

Ante esta perspectiva, y anticipándose a lo que podría ocurrir, los principales bancos centrales del planeta han comenzado a deshacer sus posiciones en la divisa de EEUU, es decir, se desprenden de dólares. y a fortalecer sus reservas cono oro. Destaca el caso de Rusia y China.

De este modo, la degradación de la deuda pública avanza, a su vez, una tercera fase: la crisis monetaria, tal y como avanzó LD. En abril de 2008, este mismo periódico adelantaba que la denominada crisis subprime acontecería por etapas, extendiéndose a todo tipo de deuda, desde hipotecas -de calidad y no calidad- a créditos empresariales y de consumo, aseguradoras, créditos derivados y, por supuesto, deuda pública.

El estallido de la deuda soberana es la penúltima fase de la crisis subprime. La lucha sin cuartel por colocar papel se está produciendo desde casi dos años. Una dinámica que en la literatura económica suele conocerse como "scramble for liquidity" o lucha por lograr la liquidez. Ante las necesidades presentes y la perspectiva futura de carencia de caja, los diversos inversores han tratado de cambiar sus activos menos líquidos por otros más líquidos. El problema es que esos activos líquidos son progresivamente más escasos, tal y como ilustra la pirámide invertida de John Exter:

La última fase de la crisis afecta al papel moneda. Las tensiones ya se están trasladando a este activo, tal y como muestras la fuerte devaluación de la libra respecto a otros monedas (euro) y del dólar respecto al yen y el oro. El vértice de la pirámide, el activo más líquido que existe es, precisamente, el oro, moneda por excelencia, por ser éste el único activo financiero que no es el pasivo de nadie más. En este sentido, algunos analistas, tales como Nouriel Roubini, Jim Rogers, Peter Schiff o Antal Fekete, aunque con visiones distintas, prevén el futuro colapso del billete verde.

De hecho, la tensión que sufre el dólar ha aumentado en las últimas semanas, tal y como muestran los siguientes gráficos que recoge Bespoke Investment:



Con el consiguiente aumento del riesgo crediticio de EEUU y de Gran Bretaña, tal y como avanzó LD:

Por último, al igual que la crisis crediticia margina entre agentes económicos más y menos solventes, el Estado no es ajeno a este proceso. No obstante, el Estado también puede quebrar. De hecho, varios países han tenido que acudir a créditos extraordinarios del FMI para evitar la suspensión de pagos. El caso más llamativo fue el de Islandia, pero amenaza con extenderse a otros países, sobre todo, las economías de América Latina y del Este de Europa, muy dependientes del crédito y la inversión exterior.

Así, tal y como se pregunta el analista Edward Hugh en RGE Monitor, "¿será Hungría la nueva Islandia?" . Se avecinan nuevas quiebras soberanas. Es decir, la suspensión de pagos de deuda pública . Algunos analistas internacionales ya plantean abiertamente que algunas potencias -en referencia EEUU y Gran Bretaña- están entre la espada y la pared , y tan sólo tienen dos vías posibles para afrontar la factura pública de los rescates: puesto que las subidas de impuestos son muy impopulares, los gobiernos tendrán que optar entre la hiperinflación (la depreciación monetaria evapora las deudas) o la suspensión de pagos . La penúltima fase de la crisis crediticia ha dado comienzo.

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