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LA CALIDAD DE SU DEUDA SE RESIENTE

El mercado dicta sentencia: Alemania no puede rescatar más países

España es un trago muy indigesto. Su rescate equivaldría al de cuatro Irlandas. Los mercados lo han captado y la deuda alemana ha empezado a encarecerse. España no es demasiado grande para caer sino para ser rescatada.

FERNANDO DÍAZ VILLANUEVA

La situación es la siguiente: España necesita, como mínimo, 150.000 millones de euros para sobrevivir al año 2011. Habría que sumar una cantidad ligeramente superior para el año siguiente. Es decir, nuestro país necesita unos 350.000 millones en los próximos dos años para mantenerse en pie y no presentar suspensión de pagos.

Una cantidad tan grande, equivalente a tres Grecias o cuatro Irlandas es probable que nadie pueda financiarla por lo que el escenario cambiaría radicalmente del "too big to fail" (demasiado grande para caer) en el que confía Zapatero, al "too big to bail" (demasiado grande para ser rescatado), que empiezan a descontar los mercados.

La economía española es la cuarta de la zona euro y aporta el 11% de su PIB (Grecia sólo aporta el 3%). Ante una magnitud semejante la pregunta es si Alemania podrá, aunque se empeñe, rescatar al díscolo y despilfarrador socio español después de haber hecho lo propio con Grecia e Irlanda y ante la perspectiva de tener que salir en auxilio de Portugal en los próximos días.

Los mercados no creen que sea posible. El bono alemán, uno de los más fiables del mundo, está perdiendo credibilidad a pasos agigantados. Los inversores desconfían del Tesoro Federal ya que temen que el dinero que le prestan sea invertido en sacar a flote economías ruinosas como la de los PIGS.

Los CDS alemanes, un seguro de impago que se contrata en los mercados financieros, no hacen más que subir y se encuentran ya por encima de los norteamericanos. Como contrapartida la rentabilidad de sus bonos ha crecido, lo que indica que los bonos alemanes dejan más dinero a los que lo recuperan pero indican el riesgo que entraña comprarlos. Y no nos enfrentamos a declaraciones políticas sino a la fría inapelabilidad de los números: el bono alemán a diez años ha pasado de ofrecer rentabilidades de poco más del 1% al 2, 8% que ofrecía ayer a los compradores.

Esto es especialmente dramático en un país que, como Alemania, está haciendo los deberes. Merkel se ha ajustado el cinturón y ha impuesto un programa de recorte de gastos ejemplar. La economía alemana genera empleo, ahorro y cuenta con un generoso superávit exterior gracias a su dinamismo industrial. Pero de nada sirve si tiene que acudir en ayuda de sus socios del euro que han hecho exactamente lo contrario. Hasta hace unos días Merkel se encontraba entre la espada la pared con los asuntos de Irlanda y Grecia, hoy la cosa podría haber cambiado.

No hay demasiada elección. Si Alemania se compromete a cubrir los entre 350 y 500 mil millones de euros que va a necesitar la economía española podría suceder que le arrastrase consigo y la que, en última instancia, tuviese que ser rescatada por el FMI fuese la propia Alemania. Una pesadilla que ni Merkel ni, naturalmente, los alemanes quieren protagonizar. 

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