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La buscada fórmula de la canción del verano

La canción del verano, un fenómeno que nació con los festivales y la radiofórmula, sigue siendo hoy lo más buscado por la industria musical.

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Con el verano llegan también las canciones pensadas para convertirse en éxito precisamente en esta época. Cada año, una veintena de temas pugnan por convertirse en el bombazo de la temporada. El objetivo, ser la más popular, la más escuchada, la más bailada, el tema del que todo el mundo habla y, por supuesto, la más vendida. Ser canción del verano implica sonar una y otra vez, para bien o para mal, en prácticamente todas partes, y que todo el mundo, le guste o no la música, sea capaz de reconocer el estribillo.

El fenómeno llegó a España en los años sesenta, de la mano de los festivales de música, como el de Benidorm, y de las grandes discográficas, que se lanzaban, año tras año, a descubrir jóvenes artistas y canciones pegadizas susceptibles de convertirse en éxito. Sus aliadas eran las emisoras de radiofórmula, que con su enorme influencia hacían sonar una y otra vez los temas destinados a triunfar. También ayudaba la proliferación de revistas musicales, los concursos y la televisión.

Casas como EMI, Hispavox o Phillips se dedicaron a buscar canciones de ritmos alegres y pegadizos, con letras y mensajes sencillos y optimistas, que con ayuda de la promoción pronto alcanzaban la popularidad deseada. Fue la época de éxitos veraniegos ya desde el título: Cuando calienta el sol, de los hermanos Rigual, Eva María se fue, de Fórmula V, Amor de verano, del Dúo Dinámico, Un rayo de sol, de Los Diablos...

Cincuenta años después, la fórmula de las canciones del verano sigue siendo prácticamente la misma: un estribillo fácil de recordar, una melodía repetitiva y pegadiza y, con frecuencia, un baile que le acompaña, sencillo de aprender. Pero que una canción reúna estas características no es sinónimo de éxito, y menos ahora que la radio ha pedido buena parte de su influencia a favor de otros medios, como internet y la publicidad. El fenómeno, además, ha perdido fuerza, y hay años, como este, en que no hay ganadoras claras.

Ejemplo de la influencia de la publicidad sería el caso de Herman Dune, cuya canción I hope that I will see you soon, de 2006, se ha convertido este año en éxito gracias a un anuncio de cerveza y ha hecho popular para casi toda España a un grupo hasta ahora reservado a círculos alternativos. On the floor, de Jennifer López, es una muestra, en cambio, de tema destinado desde su nacimiento a ser un éxito veraniego. Prueba de ello es que la base de su melodía sea la Lambada, un bombazo de últimos de los ochenta.

Entre los clásicos españoles de los sesenta y el Waka Waka de Shakira, otro ejemplo de tema preparado para triunfar, están también fenómenos casi inexplicables como el éxito mundial de Macarena o la popularidad del Tractor amarillo, el Koala o el Chiki-chiki. Son muestras de que, cada vez más, la canción del verano, para tener el honor de serlo, tiene que reunir entre sus características ser un producto hortera y con fecha de caducidad. Y que, pese a todo, no podamos quitarnos de la cabeza.

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