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Arrástrame al infierno: Posesiones infernales en tiempos de crisis

La magnífica vuelta de Sam Raimi (Spider-man) al terror, género que le vio nacer, no podía ser más celebrada. Arrástrame al infierno es una intensa y divertida mezcla de sustos y humor. Una empleada de banco recibe una maldición por negar una hipoteca... apropiado para los tiempos que corren.

JUANMA GONZÁLEZ
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La magnífica vuelta de Sam Raimi (Spider-man) al terror, género que le vio nacer, no podía ser más celebrada. Arrástrame al infierno es una intensa y divertida mezcla de sustos y humor. Una empleada de banco recibe una maldición por negar una hipoteca... apropiado para los tiempos que corren.
Arrástrame al infierno, póster

Arrástrame al infierno supone todo un refrigerio de verano para el espectador, además de una inyección de vitalidad que el género de terror necesitaba. El film es toda una montaña rusa salvaje y una experiencia inteligente y saludable de sustos y humor, con un final demoledor que, pese a necesitar de cierta complicidad del público, ofrece sus recompensas.

Sam Raimi saca del cajón un antiguo guión escrito junto a su hermano en el que una joven empleada de banco recibe la maldición de la Lamia, un temible demonio, tras denegar la hipoteca a una anciana rumana. Envuelta en una contrarreloj de sustos, golpes, vómitos y peleas hilarantes, el cóctel urdido por Raimi destaca por su carencia de pretensiones, su particular sentido del humor y su entusiasta, hilarante -y efectiva- concepción  del terror.

El planteamiento de Raimi, pese a alejarse del realismo extremo de muestras recientes del género (Las colinas tienen ojos) y tirar por la caricatura, apuesta sin embargo por unas gotas de determinismo social que son extremadamente actuales. Como en las mejores muestras del género, la fantasía nace de la realidad y la crisis económica hace su irrupción en el cine comercial más iconoclasta.

Pero esto es sólo el comienzo de Arrástrame al infierno. A partir de ahí, Raimi comienza a escribir con los renglones torcidos y mucho, mucho estilo y sentido del humor. El film es el regreso del Raimi más juguetón tras la trilogía iniciada con Posesión infernal tras la trilogía taquillara de Spider-man. El director filma de nuevo los momentos culminantes como si de una tira cómica se tratase, sin renunciar al saludable recurso al miedo. Retuerce los encuadres y juega descaradamente con los sonidos efectistas para hacer saltar al público en la butaca, y a fe que lo consigue. Y todo ello con su inofensiva y jovial sensibilidad "cartoon" de dibujo animado, que aporta un toque especial muy teatral que nos indica todo es eso, un juego.

Pero a todo ello suma el director su renovada sensibilidad cinematográfica y la experiencia de los años. El film cobra forma de thriller a contrarreloj, lo que le permite lograr un crescendo en la tensión que mantiene la atención todo el metraje. Y aporta además un inteligente y sutil contenido moral ausente en terrores recientes, manifiesto en el cariz de la interpretación de la absoluta protagonista, -una excelente y bellísima Alison Lohman-, cuyos actos se mueven en una inteligente, irónica y grisácea ética de la vida cotidiana que va moviendo la trama hacia delante con notable concisión.

Raimi es ya un narrador brillante que se ha paseado por todos los géneros, pero que conserva su sentido del humor primigenio y su infantil sentido de la diversión -atención al salvaje, memorable final-. Uno de los mejores ratos "freaks" del verano, en un cine.

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