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'El mejor': Pierce Brosnan y Susan Sarandon entierran a su hijo

El mejor va a permitir a Pierce Brosnan y Susan Sarandon lucir todos sus registros.

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El mejor va a permitir a Pierce Brosnan y Susan Sarandon lucir todos sus registros.

Los mejores momentos de El mejor suceden al principio, cuando un plano sostenido a lo largo de un par de minutos nos retrata la segregación familiar y la soledad de cada uno de los protagonistas, una familia que acaba de perder a uno de sus hijos en un trágico accidente de tráfico. Lo demás es un digno drama que no pasa de correcto, que basa su atractivo en la labor de su reparto y en una humildad que navega, a veces indecisa, entre mostrar las verdaderas asperezas de la situación y la voluntad de no hacer efectismos con la misma.

Pero no por ello hay que desdeñar las virtudes que aparecen diseminadas a lo largo de El mejor, film que explora la borrosa línea entre la superación, el miedo y la aceptación de la pérdida tratando de no manipular al personal. Al igual que en Todos están bien, la catástrofe se evita gracias a la voluntad de la directora Shana Feste de no hurgar excesivamente en la herida, aún a costa de elaborar algo más anodino. El reagrupamiento familiar o la destrucción del individuo, planteados como únicas opciones en el conflicto, son abordados sin cortapisas y sin voluntad de vulgarizar, y aunque el discurso no está a la altura de otros del estilo como La habitación del hijo, Feste no busca lo gratuitamente lacrimógeno y hace avanzar el film con soltura.

A pesar de la ausencia de un verdadero estilo, el film nunca resulta ñoño, tampoco solemne, así que se ve con comodidad a pesar del déjà vu que provoca y cierto devenir errático en algunos episodios. Con eficaces pinceladas de comedia para suavizar el conjunto, Feste expone sin demasiado estilo pero apacible sencillez la situación más turbulenta imaginable, y cierra con dignidad la pieza otorgando a cada personaje su merecida catarsis.

No obstante, la película caería derecha en las fauces el abismo televisivo y el sensacionalismo emocional, sino fuera gracias a la riqueza que le otorga su buen cuarteto actoral. El mejor se refugia en un correcto Pierce Brosnan, que sabe extraer petróleo de su habitual actitud contenida (el ex 007 siempre ha sido un actor superior a lo que se cuenta por ahí), y una Susan Sarandon que sabe dar cuerpo y músculo a un personaje algo desdibujado (ver la escena final con el causante del accidente, sin ir más lejos). Pero la sorpresa la da Carey Mulligan, joven promesa a la que este año van a enterrar con premios gracias a Una educación, de Lone Scherfig.

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