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Jennifer's body: Megan Fox llama a tu puerta

Jennifer's body supone el asalto al cine de terror y la comedia adolescente de la Diablo Cody, ex stripper reconvertida en guionista ganadora del Oscar tras el éxito de la correcta Juno. También supone el muy publicitado regreso de Megan Fox a la gran pantalla.

JUANMA GONZÁLEZ
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Jennifer's body supone el asalto al cine de terror y la comedia adolescente de la Diablo Cody, ex stripper reconvertida en guionista ganadora del Oscar tras el éxito de la correcta Juno. También supone el muy publicitado regreso de Megan Fox a la gran pantalla.
Jennifer's body, póster

Tras sobrevivir a un incendio en un concierto de rock que casi le cuesta la vida, la despampanante animadora del instituto Jennifer Check se convierte en una devoradora de hombres, esta vez en el sentido literal. Su mejor amiga, la empollona Needy, sospecha que Jennifer puede haber sido poseída por alguna entidad de ultratumba...

La cosa prometía para pasar un buen rato. Una desprejuiciada comedia de terror adolescente al modo de los clásicos del videoclub de los ochenta, con un renovado cariz caústico de la mano de su prometedora guionista y explosiva ¿actriz?. Pero en Jennifer's body el escenario es el peor de los imaginables: el film ni causa risa ni da miedo, porque un servidor da por sentado que no hay nada malo en asustar y divertir. Cody no debe pensar así, pese a que se dice admiradora del género de terror y la comedia adolescente de hace dos décadas. Su toque personal, adecuado en Juno, echa por tierra todas las posibilidades en la presente.

Y es que por mucho que lo adorne de algunos homenajes a la trilogía de Posesión infernal, de Sam Raimi. Jennifer's Body parece una simple excusa para exhibir la verborrea anticlimática típica de su personajes, por los que, por cierto, no parece sentir ningún aprecio. Su cinismo pronto se traduce en desinterés para la platea, pese a las consabidas sugerencias sexuales y homosexuales que reparte aquí y allá. Precisamente, la relectura posmoderna y feminista del género se reduce a mostrar más o menos ciertas connotaciones lésbicas, dando cuenta de las limitaciones de una Diablo Cody que no es ni el Tarantino de Malditos bastardos ni el Sam Raimi de Arrástrame al infierno. Éstos, al fin y al cabo, atrapaban al personal con su personajes y sus historias.

La construcción del film y su progresión dramática es inexistente, y sus personajes no despiertan simpatía alguna de forma deliberada. Cody parece pretender atestiguar la tortura de ser una adolescente mujer en un mundo de hombres, así como las ansias de carne y sangre de la sociedad de la comunicación, pero por el camino le falta humildad y calidad en su narrativa para cortar tanta tela.

El resultado es un film pretencioso en su modestia –no faltan, incluso, referencias al 11-S-, demasiado autocosciente y que carece de toda agilidad . De hecho, la presencia de Megan Fox y de la verdadera protagonista, la Amanda Seyfried descubierta en Mamma Mía!, se convierte en lo mejor del film, dense cuenta de la magnitud del desastre. A veces, el querer ser moderno le juega a uno estas malas pasadas.

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