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La huérfana: A la pequeña Esther le pasa algo…

La huérfana se distingue de casi todas las películas con niño diabólico que hayan visto recientemente. Deja de lado elementos místicos y sobrenaturales y prefiere ser un divertido –pero convencional- suspense repleto de humor negro y malicia, lo que la convierte en un agradecible caramelo.

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La huérfana se distingue de casi todas las películas con niño diabólico que hayan visto recientemente. Deja de lado elementos místicos y sobrenaturales y prefiere ser un divertido –pero convencional- suspense repleto de humor negro y malicia, lo que la convierte en un agradecible caramelo.

Tras perder a su bebé en un inesperado y traumático aborto, el matrimonio de Kate y Peter Coleman decide adoptar a una niña. La afortunada es Esther, una niña de 9 años muy particular. Tiene un extraordinario talento artístico, es muy inteligente y habla con un lejano acento de Europa del Este. Como esto es un film de terror, Esther empieza a comportarse de forma algo chocante poco después de llegar a su hogar. Poco a poco, empezará a acosar a sus hermanos, y Kate empezará a sospechar que la niña esconde algo…

La huérfana supone la segunda película dentro del cine de terror del cineasta español Jaume Collet-Serra, joven director afincado desde sus comienzos en EEUU, donde se siente bastante cómodo realizando películas de terror bastante convencionales, pero realizadas con una buenísima factura visual. La huérfana, pese a entrar de lleno en esa calificación -de la que forma parte la muy mediocre La casa de cera, de Collet-Serra-, se distancia un tanto de la media del género al inclinarse no sólo por el terror, sino también por el suspense, un cierto sentido del drama familiar y, sobre todo, por un divertidísimo, en ocasiones feroz, humor negro.

Esto último despunta en elementos como el énfasis en la maldad de Esther con los demás niños, hacia quienes vierte en primer lugar su implacable acoso. Collet-Serra saca aquí un extraordinario partido a los vericuetos más malvados del argumento, y enfatiza con sentido del suspense la tensión y la violencia (ayudándose de buenos intérpretes infantiles, como Ariana Engineer, que interpreta a la sordomuda Max). También se regodea con ironía en otros registros más morbosos –Esther espiando a sus padrastros en pleno acto sexual-, e idea un puñado de instantes lo suficientemente caústicos y truculentos como para arrancar la carcajada al más pintado.

Además, el film se vale de dos interpretaciones muy destacadas. Por un lado, Vera Farmiga (Infiltrados, de Scorsese) consigue retratar la ansiedad de una madre adoptiva a la que nadie cree, y la joven Isabelle Fuhrman inquieta verdaderamente en el papel de Esther. Collet-Serra potencia su antagonismo y da carta blanca a ambas para que ofrezcan dos interpretaciones casi de lujo, que colocan La huérfana en un lugar por encima de la mediocridad.

Todo esto disculpa y hasta oculta las carencias de la película, por otro lado un film bastante común. Collet-Serra no puede desvelar el meollo de la cuestión aunque quiera, porque sino el film se le deshace como un caramelo. Mientras, se distrae deshojando la margarita con un sobrio prólogo de contornos pesadillescos y un desarrollo competente, en el que reparte algunos sustos innecesarios, por aquello de contentar a la audiencia desentrenada, y recordar que esto no es un drama oscuro, sino una de terror.

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