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Los fantasmas de mis ex novias: Reconversión de un Playboy dickensiano

 Los fantasmas de mis ex novias es una revisión del cuento tradicional de Dickens en el que Matthew McConaughey se pone en las botas de un millonario que tendrá que pasarlas canutas. Una comedia romántica convencional y olvidable en la que se hace acompañar de Jennifer Garner y Michael Douglas.

JUANMA GONZÁLEZ
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 Los fantasmas de mis ex novias es una revisión del cuento tradicional de Dickens en el que Matthew McConaughey se pone en las botas de un millonario que tendrá que pasarlas canutas. Una comedia romántica convencional y olvidable en la que se hace acompañar de Jennifer Garner y Michael Douglas.
Los fantasmas de mis ex novias, póster

En esta ocasión, el rácano Scrooge es Connor Mead (McConaughey), un fotógrafo crápula y mujeriego que tiene que acudir a la boda de su hermano. Pese a su desgana hacia el evento, allí se tendrá que reencontrar con su antiguo amor de la infancia, aunque su desprecio hacia la tradición y el romance le llevarán a fastidiar la ceremonia. Naturalmente, no tardarán en aparecer los fantasmas del título, que harán pasar a Connor la mala experiencia de recordar su pasado vividor, y ver el futuro que le espera....

Los fantasmas de mis ex novias no consigue maquillar su nula originalidad usurpando el cuerpo del famoso cuento dickensiano, y por ello tira de esterotipo y enfatiza la moralina sentimental hasta la asfixia. Nos lo olemos antes de entrar en la sala, y a pesar de ciertos coletazos de moderada diversión durante su primera mitad (aquella en la que el cinismo del protagonista campa a sus anchas por el relato) su esperada reconversión en bondadoso mascachapas provoca un dolor de cabeza que el director Mark Waters (que hizo mejor su trabajo en otras ocasiones, como en Chicas malas) no hace más que enfatizar lo rancio y sensiblero de la propuesta.

A pesar de todo, cabe reconocerle a McConaughey su facilidad para meterse, con los ojos cerrados, en el traje de vividor gorrón y frescales. Durante la primera mitad de la cinta es su actitud macarra la que hace soportable las chanzas de la película, y a ello colaboran las apariciones de Michael Douglas, lo mejor de la película, que con sus clases magistrales de cópula apresurada aporta la necesaria ironía para hacer tragable el pastel.

Porque eso es lo que es Los fantasmas de mis ex novias, un festival de tópicos de la guerra de sexos que se tolera mientras se mofa un poco de si misma, pero que no tarda en tomarse en serio las carantoñas de sus protagonistas. Como la dirección, el montaje y hasta la lógica se las dejaron fuera, el asunto pierde gas y jovialidad a marchas forzadas, y esa era la única razón para (volver) a tolerar un film como éste.

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