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Los hombres que miraban fijamente a las cabras: Descafeinada sátira antibélica

Era cuestión de tiempo que Hollywood se lanzara a hacer films sobre la guerra de Irak. Los hombres que miraban fijamente a las cabras es una comedia que trata de hacerse preguntas sobre la contienda cultivando el absurdo y la sátira, presentando a un grupo de soldados con supuestos poderes mentales.

JUANMA GONZÁLEZ
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Era cuestión de tiempo que Hollywood se lanzara a hacer films sobre la guerra de Irak. Los hombres que miraban fijamente a las cabras es una comedia que trata de hacerse preguntas sobre la contienda cultivando el absurdo y la sátira, presentando a un grupo de soldados con supuestos poderes mentales.
Los hombres que miraban fijamente a las cabras, póster

En el film, el periodista Bob Wilton (soso Ewan McGregor), para demostrar su valía a su ex mujer, viaja a Irak y acompaña a Lyn Cassady (un hilarante George Clooney) en su misión de encontrar al fundador del primer batallón de soldados con poderes mentales de EEUU, Bill Django (Jeff Bridges, lo mejor del film), creador de un equipo capaz de matar cabras mirándolas fijamente o de manipular las mentes del enemigo, y que ahora está perdido en el campo de batalla.

El film del ex actor Grant Heslov podría haberse aupado como una de las primeras grandes sátiras oficiales de la contienda gracias a su apuesta por la comedia absurda. Sin embargo, la sátira es descafeinada y en ocasiones el film se conforma con rascar la superficie y parodiar la saga galáctica de George Lucas, anulando el alcance político de una trama que hubiera requerido a sus responsables mojarse mucho más con lo que están contando.

El hecho es que Heslov toma partido (a diferencia de en el excelente drama bélico En tierra hostil, que visto lo visto, es el que más se merece el Oscar este año), pero parece que quiere que no se note, y lo que es peor, pierde el tiempo mareando la perdiz con una serie de flashbacks que son mucho más interesantes que la línea temporal principal que envuelve a los personajes de George Clooney y Ewan McGregor (este primero está muy bien: presten atención a su escena bailando samba) y que dejan si foco al film en el plano narrativo.

Los hombres que miraban fijamente a las cabras es una película que se mira con excesivo agrado y comodidad, y hubiera necesitado de más mala baba, ya fuera para posicionarse a favor o en contra. Lo que queda es un festival del humor de personajes entre entrañables y grotescos en el que sobresalen un espléndido Jeff Bridges que recupera los modismos hippies de su legendario Nota de El gran Lebowski, y un Kevin Spacey que vuelve a explotar su legendaria actitud de superioridad displicente.

En fin, que el film puede calificarse como una divertida oportunidad perdida de hacer algo lejanamente parecido a Teléfono Rojo o a la también británica (y excelente) In the loop. Como comedia es poco anárquica, como sátira antibelicista es poco crítica (ya que esas parece que eran sus intenciones), y sólo funciona bien como burla y reverso irónico de otras películas de superhéroes o fenómenos paranormales. Si el espectador se conforma con este nivel, la experiencia es francamente válida, pero sus responsables aspiraban a destapar una verdad que, por el momento, al ala izquierdista de Hollywood se les escapa totalmente.

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