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Moon: Odisea interior en el espacio

Los que piensen que la ciencia ficción es mucho más que Transformers 2 están de enhorabuena. Moon es una modesta y muy competente película propone una severa reflexión sobre la identidad humana y los recuerdos a través de la historia de un astronauta a punto de volver a casa.

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Sam Bell es un minero enviado durante tres años a una base lunar con la misión de extraer minerales de cara a la subsistencia energética del planeta Tierra. Su única compañía será el ordenador que controla la base (con la adecuada voz de Kevin Spacey en la versión original). En las dos semanas previas antes de su vuelta a casa, Sam sufre un accidente que le deja momentáneamente fuera de combate. Cuando se recupera, se da cuenta de que está acompañado: nada menos que un individuo exactamente igual a él le ha reemplazado durante su breve convalecencia….

La modesta cinta de Duncan Jones –apenas 5 millones de dólares de presupuesto- se parece más a Solaris que a Star Wars. La comparación no es una crítica, sino más bien la confirmación de lo bien que le sientan los aires intimistas al género. En este contexto, el film es todo un soplo de aire fresco que sin llegar a abrir nuevas vetas en el mismo, sí cautiva por su modestia y nobles principios.

Lo que propone Moon es una severa e inquietante reflexión sobre la soledad narrada sin aspavientos ni alardes, así como una sentida aproximación al valor de la identidad humana. Apoyándose en un Sam Rockwell simplemente fantástico que está presente en todo momento, el film combina un tono ciertamente desasosegante con golpes de humor y drama, para derivar en un final bastante emotivo que no rehuye cierto sabor a epopeya.

La crítica al corporativismo aparece también de soslayo, pero lo que a Duncan Jones le interesa no son ni los efectos especiales –estos se reducen, por cierto, a un puñado de excelentes maquetas como las de antaño- ni el resultar críptico o metafísico para demostrar que conoce el género. El bagaje intimista y personal del drama de su protagonista se impone en su sencillez al barullo filosófico, y no vean ustedes como se agradece.

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