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Origen: La vida es sueño, sueño es la vida (y la película del verano)

Christopher Nolan sigue dispuesto a llevar un paso más allá todos los géneros que toca. En esta ocasión nos vuelve a sumergir en la mente humana en una mezcla de cine policiaco y de ciencia ficción que ha resultado ser un merecido megaéxito en EEUU. La mejor película de la temporada veraniega y, quizá, del 2010.

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Christopher Nolan sigue dispuesto a llevar un paso más allá todos los géneros que toca. En esta ocasión nos vuelve a sumergir en la mente humana en una mezcla de cine policiaco y de ciencia ficción que ha resultado ser un merecido megaéxito en EEUU. La mejor película de la temporada veraniega y, quizá, del 2010.

Hace más de un año todos recibimos con alegría y pasmo la noticia de que Christopher Nolan posponía acometer la tercera entrega de Batman para hacerse cargo de una historia de acción y ciencia ficción que transcurriría “en la arquitectura de la mente”. Aparte de tan críptica sinopsis, poco más se supo de la intriga hasta hace unos meses. Pero todo hacía presagiar que el director de El caballero oscuro, película que fue capaz de tirar de la manta y descubrir el sustento psicológico del cine de superhéroes (si es que aquel film realmente lo era), lo había vuelto a lograr.

Origen, con sus supuestas complicaciones y su apabullante planteamiento, puede definirse perfectamente como una gran película de acción que pese a su gigantismo formal, tiene un núcleo emocional primario y sencillo que vamos descubriendo a medida que se desarrolla una trama de persecuciones, emboscadas y tiroteos constantes. Todo lo demás podrían ser, simplemente, los mejores fuegos de artificio del año.
 
Pero qué fuegos de artificio. Nolan bucea en el inconsciente humano, sabedor de que esos cuatro rasgos primarios de deseo, represión y culpa en realidad rigen nuestras vidas, y convierte en figura narrativa y escenario de la acción los esquinados confines de la mente humana. Origen es un puzzle de realidad, sueños y sueños dentro de sueños, que pese a intrincado funciona con la misma engrasada y aplastante maquinaria que un título de 007. En la película hay escenas de pura y dura exposición, pero todo desemboca pronto en una serie de trepidantes infiltraciones, huidas y persecuciones que culminan en un climax de casi una hora que deja al espectador extasiado, apabullado, literalmente absorbido, y que permite a Nolan lucirse con el montaje y exhibir dominio del tiempo narrativo.
 
Todo ello ocurre con la forma de un relato compacto y diáfano en sus explicaciones, presentado con una factura técnica perfecta. DiCaprio repite casi el mismo trauma que en la excelente Shutter Island (el otro gran film del año, con permiso de Toy Story 3), y Hans Zimmer pone música operística y monumental a una fantasía con reparto de lujo, continuando la revolución musical que está llevando a cabo en sus últimas partituras. Y pese a que la forma de Nolan de describir las relaciones personales entre los protagonistas me sigue pareciendo fría como un témpano, todo cede ante el apasionante alarde de acción conceptual del director, capaz, para más inri, de sonsacarnos verdades emocionales como templos y hasta un momento de abrumador romanticismo al final de la cinta. Si a usted le gustó Matrix, todavía conserva en su recuerdo las texturas oníricas de Desafío total, y aprecia más que nadie el género de espionaje y acción (con la saga de James Bond a la cabeza), Origen es la película del año, y si me apuran, del lustro.

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