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REC 2: Y la cámara siguió grabando...

REC 2 es la secuela, convenientemente corregida y ampliada, de uno de los grandes éxitos del cine español y de terror recientes. En esta ocasión, la misteriosa infección que asoló el inmueble de Barcelona revela su verdadera cara.

JUANMA GONZÁLEZ
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REC 2 es la secuela, convenientemente corregida y ampliada, de uno de los grandes éxitos del cine español y de terror recientes. En esta ocasión, la misteriosa infección que asoló el inmueble de Barcelona revela su verdadera cara.
REC 2, póster

REC, de la que se hizo un anódino remake estadounidense titulado Quarantine, era un título menor, breve pero perpetrado con conocimiento de causa por sus responsables, convenientemente recompensado por la taquilla y los amantes del género de terror como corresponde a todo producto facturado con honestidad y oficio.

Ahora, sus responsables Paco Plaza y Jaime Balagueró, continúan su escalada de sustos con una secuela que comienza justo cuando acabó la anterior. Un equipo de operaciones especiales y un especialista del ministerio de Sanidad se introducen en el inmueble barcelonés para tratar de controlar el brote infeccioso que diezmó a sus habitantes. No obstante, no tardarán en descubrir la verdadera naturaleza del mismo… La cámara no va a dejar de grabar.

Balagueró y Plaza saben manejarse con el más que probable handicap de presentar una secuela, y por momentos lo convierten hasta en una virtud. Agotada la sorpresa original del punto de vista de la cámara, ahora la perspectiva se amplía con hasta tres de ellas, manejadas por varios personajes cuyas historias se cruzan y huyendo de la linealidad del original. El invento funciona –atención a la aparición por sorpresa de cierto personaje… con una nueva grabadora- , y ambos directores saben desplazar su interés de un subgénero terrorífico a otro, llevando la mitología del zombie de la primera a un nuevo territorio mucho más rebelde y puñetero…que preferimos no desvelar.

Porque lo que importa es que REC 2 sigue teniendo nervio, crudeza, violencia, pero sobre todo mucho, muchísimo humor negro. El film afina y perfecciona la fórmula del pánico y pese al factor repetición, todo se antoja más pulido y armónico. Sus creadores saben que manejan un cierto tipo de cine que funciona como experiencia primaria y básica del terror, en la que los protagonistas no son los banales y circunstanciales diálogos, sino los sustos, los angostos y oscuros pasillos y los guiños a la audiencia, y a ello que se ponen. El resultado son ciertos momentos de violencia amoral y desaforada –atención a los dos supuestos niños que aparecen en el relato- y horror superlativo, que son capaces de despertar carcajadas y hasta algún que otro aplauso

Todo esto hace acto de aparición desde casi el minuto uno de su ajustado metraje, y lo cierto es que no cesa hasta el final. Balagueró y Plaza han salvado la papeleta de presentar más de lo mismo conviertiendo REC 2 en un festival frenético y loco que arrancará premeditadas carcajadas -atención al cinismo de la pareja con el trío de adolescentes "colados" en el edificio-, que juega con la incredulidad y el nerviosismo del espectador; un pequeño film que se ríe de sus virtudes y aún más de sus limitaciones. El resultado no se toma en serio a sí mismo pero tiene genio, frenesí y locura suficientes para enterrar en el anonimato la mitad de la producción de cine patrio de este año.

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