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DÍA DE LAS FUERZAS ARMADAS

Las operaciones militares en Afganistán frenan las previsiones de alistamiento en España

La profesionalización de las Fuerzas Armadas no está dando los resultados previstos. Se calculaba que para el 31 de enero de 2002 habría 102.000 soldados profesionales. Tras los ataques terroristas contra EEUU y la respuesta aliada sobre Afganistán, la cifra de reclutas aspirantes ha descendido notablemente. Defensa reconoce que para finales de año sólo habrá reclutado a 80.000 soldados y marineros profesionales de los cerca de 100.000 previstos.

L. D. / Mayte Álvarez.- Durante los últimos nueve meses, y a pesar de las masivas convocatorias de tropa y marinería, sólo se ha reclutado a 2.000 soldados. En total son 78.000, una cifra muy lejana de aquellos 102.000 que sólo suponían el mínimo de lo fijado en la Ley de Régimen del Personal Militar aprobada en marzo de 1999. A la escasa respuesta de los jóvenes españoles se ha sumado, este último mes, el clima bélico tras los ataques terroristas contra EEUU. El comandante general de Melilla, Jorge Ortega, se mostraba días atrás “preocupado” por el descenso de las solicitudes de alistamiento en el Ejército Profesional tras el fatídico 11 de septiembre. Un hecho que demuestra que “el estado anímico de nuestra juventud no es el más deseable, y yo lo veo lamentable”, según dijo.

En este sentido, el secretario de Estado de Defensa, Fernando Díez Moreno, ha apuntado la posibilidad de incluir, antes de que finalice el presente año, nuevas partidas en los presupuestos de este departamento para sufragar la posible aportación militar española ante la crisis surgida tras los atentados de EEUU. De esta forma se podría solapar un nuevo aumento de sueldo a la Tropa para intentar incrementar el número de alistamientos.

No es la primera vez que se recurre a este tipo de medidas. En febrero, Defensa anunció que los soldados de reemplazo que se incorporaran al servicio militar ante de marzo recibirían un salario de 1.200.000 pesetas si “deciden ahora” prolongar su estancia en el Ejército tres meses más de los nueve reglamentarios. A pesar de esta medida, los propios responsables de Reclutamiento del Ministerio de Defensa reconocían que los salarios de la Tropa y la Marinería no eran competitivos. Por eso, en mayo comenzó a elaborarse un Reglamento de Retribuciones que contemplaría el cobro de complementos. De esta forma se podría inflar algo más la nómina de los soldados.

En efecto, sólo un mes más tarde, en junio, el Consejo de Ministros dio luz verde a ese texto que suponía una mejora de 26.000 millones de pesetas en las retribuciones a cerca de 80.000 militares. En realidad, sólo supuso un aumento de 10.000 pesetas en la nómina de la Tropa, que pasó a cobrar 110.000 pesetas al mes en algunos casos, que no en todos. Ya entonces, hace cuatro meses, la previsión de alcanzar los 102.000 soldados profesionales a principios de 2002 ya quedaba demasiado lejos. De ahí que se facilitara el reclutamiento a los hijos de emigrantes en Argentina y Uruguay y se barajara la posibilidad de incorporar a inmigrantes con un año de residencia en España.

La primera de estas dos medidas, única que se ha puesto en práctica, tampoco ha dado sus frutos: cincuenta de los cerca de 300 soldados que se incorporaron al Ejército profesional procedentes de Argentina y Uruguay abandonaron sus filas a las pocas semanas de llegar a España. Se aprovecharon de las facilidades que les brindaba Defensa, con el pasaje de avión a cargo del Ministerio, y una vez en territorio español buscaron un nuevo trabajo con mayor retribución. Es lo que el propio ministro Federico Trillo califica de “efecto Rato”. Sostiene que Defensa no ha podido ofrecer hasta ahora más de 100.000 pesetas mensuales a los que quieren ser soldados profesionales, mientras que la política económica del vicepresidente segundo permite que los jóvenes vayan encontrando puestos de trabajo igual o mejor remunerados en otros sectores.

El resultado obtenido en la campaña de reclutamiento en el exterior está, pues, muy por debajo de lo esperado por Trillo, que habló de reclutar de esta forma a cerca de mil soldados. El fracaso ha llevado a Defensa a replantearse esta política. De hecho, el programa está congelado, según informó recientemente la agencia Servimedia . Próximamente se enviarán cartas para atraer a hijos de emigrantes de Alemania y Venezuela, pero parece que serán las últimas. El resto del proyecto queda suspendido y México, por ejemplo, ya no entrará en este plan.

El departamento que dirige Federico Trillo puso en marcha numerosos proyectos encaminados a atraer a los jóvenes. En abril se lanzó una agresiva campaña de publicidad, con un presupuesto de más de 2.000 millones de pesetas, que se ha ido repitiendo a lo largo del año conforme se anunciaban nuevas convocatorias de ingreso en las Fuerzas Armadas. El resultado tampoco ha sido el esperado. Como consecuencia, Defensa se ha visto obligada a contratar servicios externos para labores que hasta ahora desempeñaban los soldados. Ha sucedido así en la Academia General Militar de Zaragoza, que el pasado mes de mayo se convirtió en el primer centro castrense del país en contar con vigilancia privada ante la falta de soldados para cubrir este servicio. Una política que, según ha señalado el secretario de Estado de Defensa, se aplicará también durante 2002.

El Ministerio de Defensa contará para el próximo año con un presupuesto de 7.312 millones de euros, lo que representa un incremento del 4,2 por ciento respecto al presente ejercicio. Además, reflejará una subida del 59,2 por ciento en gastos de personal. Sin embargo, Defensa sigue considerando estas cifras “insuficientes” para hacer frente a todas las “ambiciones” que se resumen en la profesionalización y la modernización de las Fuerzas Armadas, una vez que este 31 de diciembre se extinga el servicio militar obligatorio tras 231 años de vigencia.

El próximo 1 de enero de 2002, en España no habrá ningún soldado de reemplazo por primera vez desde 1770, cuando Carlos III aprobó la Real Cédula. En las elecciones de 1996 el PP concurrió con un programa en el que se comprometía a estudiar el final de la mili . La oferta electoral se concretó en el pacto de legislatura suscrito entre PP y CiU. Entonces, la supresión se puso en marcha con el horizonte de finales de 2002 y, además, se redujo el tiempo de duración de la mili, de doce a nueve meses. En el año 2000, los populares se comprometieron a adelantar un año el final del servicio militar. Los plazos se van a cumplir, pero el número de soldados está muy lejos de acercarse al mínimo necesario.

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