L. D. / EFE.-
El jefe del Ejecutivo aseguró que el peor enemigo de toda transición es aquel que no quiere la democracia y el "fanático para quien, en su horizonte, no aparece el respeto para quien piensa de forma diferente". Apunta Aznar que "sabemos los españoles, por desgraciada experiencia, que en los casos más patológicos, el fanático es capaz de llegar al punto de asesinar al que no encaja en su proyecto para tratar de imponer por vía del terrorismo, de la exclusión, aquel proyecto político que, en el fondo, sabe inalcanzable, tanto por razón como por la fuerza, sencillamente porque carece de ambas".
Tras aludir a la actual situación internacional después de los ataques terroristas sufridos el pasado 11 de septiembre por Estados Unidos, Aznar dijo que una de sus consecuencias será que los procesos de transición contarán cada vez más con más apoyos de la comunidad internacional para neutralizar "elementos de esta especie".
Aunque Aznar cree que no hay recetas exportables para las transiciones, sí opina que de cada caso se pueden extraer lecciones, como el hecho de que el desarrollo del tejido económico y jurídico de la sociedad es clave para su paso a la democracia. Por ello, calificó de "doblemente meritorios" los procesos de transición de los países del centro y del este de Europa, ya que han tenido que construir, al mismo tiempo, un tejido político, una nueva cultura del Derecho y una nueva razón económica.
El presidente advirtió también de la amenaza para las transiciones que constituye la corrupción, y destacó "la colusión terrible entre terrorismo, narcotráfico y criminalidad organizada".
"La falta de tradiciones recientes de control legal de la actividad pública", dijo Aznar, "hace posible que en períodos de grandes cambios, jóvenes democracias se vean impotentes para hacer frente a actividades clandestinas de quienes usan los resquicios del poder, o tal vez el poder mismo, y se prevalen de aparatos de justicia, aún no suficientemente desarrollados, en su propio provecho".
Aznar destacó el "avance increíble" de la democracia en el mundo en los últimos quince años, no sólo en Europa Central y del Este, sino en toda Iberoamérica, "donde se han dejado atrás tentaciones totalitarias" y cuyas democracias cuentan con la apuesta "estratégica de España".
Tras aludir a la actual situación internacional después de los ataques terroristas sufridos el pasado 11 de septiembre por Estados Unidos, Aznar dijo que una de sus consecuencias será que los procesos de transición contarán cada vez más con más apoyos de la comunidad internacional para neutralizar "elementos de esta especie".
Aunque Aznar cree que no hay recetas exportables para las transiciones, sí opina que de cada caso se pueden extraer lecciones, como el hecho de que el desarrollo del tejido económico y jurídico de la sociedad es clave para su paso a la democracia. Por ello, calificó de "doblemente meritorios" los procesos de transición de los países del centro y del este de Europa, ya que han tenido que construir, al mismo tiempo, un tejido político, una nueva cultura del Derecho y una nueva razón económica.
El presidente advirtió también de la amenaza para las transiciones que constituye la corrupción, y destacó "la colusión terrible entre terrorismo, narcotráfico y criminalidad organizada".
"La falta de tradiciones recientes de control legal de la actividad pública", dijo Aznar, "hace posible que en períodos de grandes cambios, jóvenes democracias se vean impotentes para hacer frente a actividades clandestinas de quienes usan los resquicios del poder, o tal vez el poder mismo, y se prevalen de aparatos de justicia, aún no suficientemente desarrollados, en su propio provecho".
Aznar destacó el "avance increíble" de la democracia en el mundo en los últimos quince años, no sólo en Europa Central y del Este, sino en toda Iberoamérica, "donde se han dejado atrás tentaciones totalitarias" y cuyas democracias cuentan con la apuesta "estratégica de España".