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Los Reyes presiden la Fiesta Nacional más austera

La austeridad hizo que las unidades a pie fueran las protagonistas. Cataluña no mandó a ningún representante institucional.

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Las calles de Madrid volvieron a ser este viernes el escenario del tradicional desfile de las Fuerzas Armadas que se celebra con motivo de la Fiesta Nacional, y que estuvo marcado por la austeridad económica y el desafío independentista lanzado hace unas semanas por el presidente de la Generalidad de Cataluña, Artur Mas.

De hecho, pese a que se ausentaron hasta 8 de los 17 presidentes regionales, la ausencia más acusada fue la del máximo representante institucional catalán, que al contrario que en el resto de los casos, ni siquiera mandó representación alguna hasta la Plaza de Neptuno. No se molestó ni en intentar aparentar algo de normalidad institucional.

También se ausentaron los presidentes autonómicos de Andalucía (José Antonio Guiñán), Baleares (José Ramón Bauzá), Cantabria (Ignacio Diego), Comunidad Valenciana (Alberto Fabra), Galicia (Alberto Núñez Feijoo), La Rioja (Pedro Sanz), y País Vasco (Patxi López), quienes se excusaron por tener actos institucionales o de otros tipo en sus respectivas regiones.

La austeridad económica se vio reflejada en la disminución de las unidades que participaron. El desfile aéreo fue sacrificado en su totalidad, quedándose los presentes con las ganas de disfrutar de las pasadas de los cazas Eurofighter, F-18 o Harrier o de los helicópteros de combate Tigre. Se limitó, únicamente, a la presencia de la popular Patrulla Águila, que tiño el cielo de rojo y gualda.

Tampoco desfilaron los blindados MLV Lince o los RG-31, ni los Pizarro ni contundentes Leopard. La necesidad de ahorrar en combustible hizo que se quedasen en los cuarteles todo tipo de vehículos medios o pesados, carros de combate e, incluso, la artillería autopropulsada. Las verdaderamente protagonistas fueron las unidades a pie.

En términos cuantitativos, el presupuesto del desfile se vio reducido desde los 2,8 millones de euros de otros años a un poco más de 900.000 euros, de los que buena parte se van en el pago del alquiler y montaje de las gradas, el sistema de megafonía y las pantallas gigantes. Y la línea austera de los actos se pudo apreciar desde el primer momento, cuando la bandera de España llegó a pie a manos de miembros de la Armada, en vez descender de los cielos a pies de un especialista de la Patrulla Acrobática del Ejército del Aire.

El acto estuvo presidido, como cada año, por sus Majestades los Reyes, a los que acompañaron sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias y la infante Elena, que tras la modificación del protocolo fruto del escándalo del Caso Noos protagonizado por los Duques de Palma no vio la parada militar junto al resto de los miembros de la Familia Real. Don Juan Carlos lució el uniforme de Capitán General del Ejército de Tierra. Don Felipe, lucía el uniforme del Ejército del Aire.

El Gobierno estuvo casi en pleno, pues sólo se ausentó el ministro de Economía, Luis de Guindos, quien se encuentra en Tokyo en la reunión anual del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Otros representantes institucionales presentes fueron el presidente del Congreso, Jesús Posada, el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, y la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril.

El desfile

El acto en sí comenzó con los honores militares a los Reyes, tras lo que Don Juan Carlos y Doña Sofía saludaron a las autoridades políticas y militares. Después, tuvo lugar el homenaje a los caídos por España, que este año, sin fallecidos en las misiones en el exterior, se producía poco tiempos después de la muerte del primer militar de la Unidad Militar de Emergencias en acto de servicio. Tras el sentido canto de "La muerte no es el final" y la salva, la Patrulla Águila dibujó la bandera española en el cielo de Madrid.

Acto seguido, comenzaron a desfilar las unidades militares, compuesta por 2.700 efectivos, que estuvieron a las órdenes del general jefe de la Brigada de Infantería Paracaidista Almogávares VI, el general Juan Gómez de Salazar Minguez, cuyos compañeros se encuentran actualmente en Afganistán.

Los primeros en hacer acto de presencia fue la sección de motos de la Guardia Real, montando sus potentes Harley Davidson, y los reservistas y veteranos de las Fuerzas Armadas, que lo hicieron a bordo de vehículos ligeros Anibal, los únicos vehículos motorizados que hubo en el desfile.

La Patrulla Águila hizo entonces su segunda aparición en escena, como únicos representantes de los medios aéreos de los que disponen las FAS. Tras ellos, las unidades a pie, que estuvieron encabezadas por un batallón de la Guardia Real, al que siguieron batallones de alumnos de la Armada (Escuela Naval Militar y Escuela de Suboficiales), el Ejército del Aire (Academia Básica y Academia General), el Ejército de Tierra (Academia General Militar y Academia General Básica de Suboficiales) y de la Guardia Civil (Colegio de Guardias Jóvenes, Academia de Oficiales y Academia de Guardias y Suboficiales).

La segunda agrupación a pie contó con la presencia de un batallón mixto de la Armada; un escuadrón del Ejército del Aire, con integrantes de las bases aéreas de Cuatro Vientos, Getafe y Torrejón; una compañía de la Unidad Militar de Emergencias (UME); y un batallón del Ejército de Tierra, con una compañía de la Brigada Paracaidista, una compañía del Regimiento de Infantería y una compañía de Esquiadores-Escaladores.

La tercera y última agrupación a pie estuvo conformada por las dos unidades que más expectación levantan en los desfiles, tanto por su indumentaria, como por su paso característico. Primero lo hicieron dos compañías del Tercio de la Legión y después un Tabor de Regulares de Melilla. Por último, la parada militar puso su fin con la aparición de la sección Hipomóvil de la Batería Real y un escuadrón de Caballería de la Guardia Civil.

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