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"¡Cuidado, que esos caramelos queman!"

Las campañas no siempre dependen de los grandes líderes. Ediles, a veces anónimos, otras no, se gastan su propio dinero para tener presencia.

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Las campañas no siempre dependen de los grandes líderes. Ediles, a veces anónimos, otras no, se gastan su propio dinero para tener presencia.
La campaña en Elorrio

La lluvia no para de caer sobre Elorrio, una bonita localidad vizcaína situada en el centro geográfico de la comunidad vasca. Junto a la plaza donde se coloca el mercado, a escasos metros de la plaza principal del municipio, se ha congregado un pequeño grupo de militantes y simpatizantes del PP, dispuestos a no ceder espacios de impunidad electoral a los partidos nacionalistas, por muy hostil que sea la zona.

Al frente de todos ellos, el único concejal constitucionalista y del PP en el consistorio, Carlos García, quien se convirtiese hace un año y medio en protagonista de la constitución de los ayuntamientos vascos al impedir, con su voto, que Bildu accediese a la alcaldía de la localidad. Algo que brindó el consistorio en bandeja de plata al PNV. Mejor los llamados nacionalistas moderados que los acólitos de ETA.

El grupo se introduce en el mercado, con poca asistencia este viernes debido a la lluvia, y reparte todo tipo de publicidad electoral: "caramelos para endulzar el día", globos, cuentos y lápices de colores para los más pequeños y para que los abuelos y padres puedan llevárselos a casa a hijos y nietos, llaveros con moneda ficticia para los carritos de supermercado y, lo más importante, sobres electorales con la papeleta del PP.

Varias personas se acercan a García y charlan con él. Se conocen desde que el edil popular tomase posesión del cargo. Son pocos los que se dejan ver en público con él, pero los que lo hacen no dejan pasar la oportunidad de darle dos besos o un buen apretón de manos.

La gran mayoría prefiere rechazar su publicidad electoral o recibirla con educación, aunque no apoyen las tesis del partido. Otros hacen como si los militantes y simpatizantes del PP no estuvieran o simplemente esbozan una sonrisa irónica cuando el edil popular se cruza en su camino.

Cubierto todo el mercado, el grupo se dirige hacia la plaza principal del consistorio a través de una pequeña calle peatonal donde apenas unos minutos antes acababa de desmontar su chiringuito electoral EH Bildu, que además de papeletas y pasquines ofrecía algún pequeño aperitivo a los viandantes. Su ausencia desilusiona un poco al concejal popular, que prefería que los acólitos de ETA le viesen repartir publicidad electoral con absoluta normalidad en un municipio que consideran suyo. 

En la plaza principal, entre el Ayuntamiento y la iglesia del municipio, reparten algo de publicidad a los pocos ciudadanos que pasean por la misma pese a la lluvia. En el soportal de la iglesia, un grupo de niños espera a poder entrar en la misma. García y uno de sus compañeros se acercan a ellos y les reparten caramelos, haciendo las delicias de los pequeños, que corren alborotados en busca de dulces. Una de las cuidadoras abronca a los menores por aceptarlos y gritar junto a la iglesia.

El grupo se introduce entonces, para hacer un pequeño descanso y tomar algo, en un bar situado a uno de los lados de la plaza principal, junto a un frontón en el que está pintado el manido logo reivindicando el acercamiento de los presos de ETA. García no descansa ni en ese momento, y se dirige a un grupo de señores mayores que toma algo en ese momento.

"¿Unas caramelos para endulzar el día?", pregunta. Uno acepta, otros dos rechazan el ofrecimiento educadamente y un cuarto se cierra de plano: "Esos caramelos queman". El hombre que los ha aceptado desenvuelve el caramelo del papel, con los colores y el logo del PP, y se lo lleva a la boca. "¡Cuidado, que esos caramelos queman!", le advierte su amigo. "Y a ti qué más te da, si no te los vas a tomar tú, ¿o sí?", le contesta.

El paseo continúa por las calles del centro del municipio, donde el único edil popular se encuentra con algunos vecinos próximos al PP, con los que no duda en pararse y charlar amigablemente, aprovechando para darles algún producto promocional del partido y algunos sobres con la papeleta de voto del PP, pues no a todos los ciudadanos les ha llegado a casa y prefieren tener el voto preparado antes de llegar al colegio electoral.

Sobres y papeletas para ellos y para los familiares o amigos que los pudieran necesitar. Los militantes y simpatizantes del PP concluyen su recorrido a pie habiéndose cruzado con un reducido número de personas, pero no les importa. "En Elorrio hay 8.000 habitantes pero esto para algunas cosas funciona como un pueblo. En unas horas ya todo el pueblo sabrá que hemos estado aquí haciendo campaña", explica García.

Alguno de los presentes vuelve a sus quehaceres, mientras el edil popular y otros dos acompañantes empiezan la segunda parte del recorrido electoral. Es hora de recorrer el pueblo con un vehículo electoral, cuyo alquiler ha salido del bolsillo del edil popular, pues el partido no ha puesto ni un euro. Con carteles del PP y una bandera de España en el techo, recorren los barrios menos céntricos de la localidad. La megafonía a todo volumen, el himno del PP, el himno del Athletic Club y la famosa canción "No hay dos sin tres", escrita para animar a la selección a ganar la última Eurocopa.

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