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Rajoy tiene "la conciencia muy tranquila" y "por supuesto, no va a dimitir"

Su gobierno, su partido... España espera sus explicaciones. Rajoy comparece este lunes junto a Tusk. Según Moncloa, "no se ha aceptado el chantaje".

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Su gobierno, su partido... España espera sus explicaciones. Rajoy comparece este lunes junto a Tusk. Según Moncloa, "no se ha aceptado el chantaje".
Mariano Rajoy, con parte de su equipo, en el Congreso.

El presidente trata de mantenerse al margen a pesar de la enorme tensión política y mediática. Despacha con los miembros de su gabinete sobre las medidas que quiere aprobar antes de agosto -como la reforma local-, cierra su agenda para el próximo curso legislativo, atiende llamadas... "Está animoso, muy ocupado con las reformas", asegura un ministro. Intenta mantener una vida paralela, la cabeza fría, mientras a su alrededor todo el mundo susurra el nombre de Luis Bárcenas, se declara escandalizado y aguarda con angustia los próximos movimientos.

El Gobierno ya habla abiertamente de "chantaje". Pero de una coacción "fallida" porque "quien la intenta lo hace desde la cárcel de Soto del Real y no desde su casa de la playa", adujeron portavoces autorizados de Moncloa, que pusieron el acento en lo "calculado" de la maniobra con mensajes "guardados desde hacía tanto tiempo". Para el Ejecutivo, no hay mayor muestra de que "el estado de derecho funciona" que, ante las intenciones de Bárcenas, Mariano Rajoy no ha movido un dedo y se ha mantenido al margen. "Las fiscales siguen ahí y la policía está haciendo su trabajo", destacan.

Una respuesta que, en todo caso, no tapa la grave crisis interna que atraviesa el gabinete y el partido que le sustenta. Encadenan siete días consecutivos acaparando la atención de televisiones, radios y periódicos, y las tertulias -a las que prestan mucha atención- echan humo con opiniones nada favorables. Varios ministros y altos cargos consultados por Libertad Digital constatan un "enfado ciudadano" en aumento y reconocen que están siendo incapaces de taponar la hemorragia. "La gente está enfadada, claro que está enfadada. Hemos pedido muchos sacrificios y se está dando la impresión de que toda la clase política es corrupta", argumenta uno de ellos, si bien añade: "El problema es que nos tenemos que defender de las mentiras de un delincuente que ha engañado a todo el mundo y al que se le da toda la credibilidad".

Los mensajes de texto, que desde el entorno del presidente dieron por buenos, "no dicen nada que no se pueda decir", afirman. Cabe recordar que Bárcenas ha trabajado codo con codo con Rajoy durante largos años; una relación que se extendió a la familia, como demuestran los contactos con Rosalía. Pero lo importante, no se cansan de repetir una y otra vez desde Moncloa, es que el jefe del Ejecutivo "nunca" sucumbió al chantaje.

El presidente tiene "la conciencia tranquila", asegura un interlocutor directo. "Cuando no has hecho nada malo no tienes nada de qué preocuparte", le defiende. Y por ello, ya avanzan con toda claridad que "por supuesto, no va a dimitir" pese a la solemne petición del líder de la oposición. Quien dio réplica a Alfredo Pérez Rubalcaba no fue la vicepresidenta o un ministro ni tampoco la secretaria general de los populares. La intención de rebajar el rifirrafe político fue clara: "Lo lamentable es que quien pretende ser la alternativa esté en connivencia con un presunto delincuente", le replicó Carlos Floriano, número tres de Génova, desde Jeréz de la Frontera.

"Siempre hemos hecho las cosas bien, por eso no tenemos absolutamente nada de lo que el señor Bárcenas o nadie pueda hacer", aseguró Floriano con redobles de contundencia. "Poco más se puede añadir, cuando una cosa es falsa, es mentira, y lo único que queda es seguir trabajando para ser capaces de hacer las cosas bien", remató. Fue la única declaración pública del PP, mientras el Gobierno daba su versión de los hechos a través de fuentes.

Comparecencia de Rajoy en Moncloa

Claro que en el Ejecutivo ya preparaban la comparecencia obligada por las circunstancias que protagonizará este mismo lunes el presidente. Obligada porque se produce como consecuencia de la visita de Donald Tusk, primer ministro de Polonia, y parte de su gabinete a una cumbre bilateral. Y tras la cual, y como es lo habitual, habrá una rueda de prensa en la que podrán preguntar cuatro periodistas: dos españoles y otros dos del país invitado.

Será alrededor de las dos de la tarde, casi en paralelo a la declaración de Bárcenas ante el juez Pablo Ruz para que se reafirme en las acusaciones vertidas en El Mundo. Esto es, que existió financiación ilegal en el PP y que Rajoy era partícipe de la misma. Un asunto que monopolizará la reunión del Comité de Dirección, presidido por María Dolores de Cospedal y ya programado. El nerviosismo es total en buena parte de las estructuras de poder popular: "La clave está en si enseña los recibís o algún papel lo suficientemente comprometedor", radiografían los propios diputados populares, muchos de los cuales descontentos por la falta de explicaciones.

Desde las baronías también aguardan con preocupación. "Hay que marcar una línea muy clara. No se puede hacer chantaje al partido y hay que disipar todo tipo de dudas y hablar claro", es el diagnóstico desarrollado entre los líderes, que ven sus elecciones a la vuelta de la esquina. "La impresión que existe es que Rajoy no quiere hablar y si no lo hace es porque tiene miedo, y tenemos que acabar con esa idea tan extendida", revuelven uno de ellos.

Pero el presidente se resiste: cree que ya ha dado todas las explicaciones. Se lamenta de que sus anuncios y comparecencias queden manchadas por Bárcenas, pero lo lleva con resignación. Su deseo es que el procedimiento judicial termine cuanto antes. Hasta entonces, aguantará el chaparrón y esperará a que amaine. "Quieren acabar con Rajoy, pero no lo van a conseguir, pinchan en hueso", solemniza un ministro.

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