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Pamiés dice que no hubo órdenes políticas y niega su participación

Ballesteros reconoce haber entrado en el Faisán pero niega habérle pasado el teléfono a Elosúa.

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Enrique Pamiés y José María Ballesteros, durante el juicio.

Siete años después, la Audiencia Nacional ha comenzado a juzgar este lunes el chivatazo a ETA, el soplo a la banda terrorista que impidió el 4 de mayo de 2006 que un operativo conjunto del Cuerpo Nacional de Policía y la Policía francesa desarticulase a ambos lados de la frontera la estructura de extorsión de ETA, cuyo epicentro era el bar Faisán de Irún.

En el banquillo de los acusados hay únicamente dos agentes de Policía. El primero, el por entonces Jefe Superior de Policía del País Vasco, Enrique Pamiés Medina. El otro, José María Ballesteros Pastor, que era inspector de la Brigada de la Información de la Policía en Vitoria y hombre de confianza del máximo responsable policial en la comunidad vasca.

Pese a que el chivatazo a ETA tenía una motivación claramente política, evitar la detención del histórico dirigente del PNV, Gorka Aguirre, el mismo día que el por entonces líder de ese partido, Josu Jon Imaz, se iba a reunir en La Moncloa con José Luis Rodríguez Zapatero para darle su apoyo a la negociación político con ETA, ningún dirigente político está sentado en el banquillo de los acusados. Ni siquiera el dirigente del PSOE de Álava y por entonces director general de la Policía, Víctor García Hidalgo, quien estuvo imputado durante buena parte de la instrucción.

El primero de los imputados en declarar está siendo Enrique Pamiés, quien ha negado haber dado ni ordenado chivatazo alguno a la organización terrorista ni haber recibido instrucciones políticas de García Hidalgo para que se avisara al dueño del bar Faisán, Joseba Elosúa, de la operación antiterrorista que se encontraba en marcha.

"¿Recibió usted una orden política de interrumpir la Operación Urogallo?", le preguntó a Pamiés el fiscal Carlos Bautista. "Para nada, tampoco lo hubiera admitido", respondió tajante el alto cargo policial.

El ex Jefe Superior de la Policía del País Vasco dijo que su participación en las fatídicas 17 llamadas que habrían dado lugar al chivatazo a ETA se encuadraban dentro de sus labores habituales del cargo, tanto en las comunicaciones con García Hidalgo como con las que mantuvo con su subordinado Ballesteros.

Pamiés dijo que mandó a Ballesteros a la zona de la frontera para que le avisase de la posible presencia policial hispano-francesa en la zona debido a que ese mismo día tenía concertada una cita en el País Vasco francés con un miembro de la banda terrorista ETA que facilitaba información a la Policía y que era conocido en clave como El Romano.

En esta línea, sobre la llamada en la que supuestamente Ballesteros le pasó al dueño del bar Faisán para que le advirtiese de la operación policial, Pamiés dijo que en la misma su subordinado sólo le advirtió de la presencia policial en la frontera y en ningún caso habló con Joseba Elosúa. "Con Elosúa no he hablado en mi vida", aseveró.

Ballesteros reconoce que estuvo en el Faisán

El siguiente en testificar fue el otro imputado, el inspector de Policía José María Ballesteros, quien reconoció durante su comparecencia que el día del chivatazo a ETA estuvo en el bar Faisán de Irún, pero que no fue durante mucho tiempo y que en ningún caso le cedió su teléfono a Joseba Elosúa para que le diesen el soplo.

"Dice que entró en varios bares y tiendas para recoger la información. ¿Estuvo esa mañana en el bar Faisan?", le preguntó el fiscal. "Seguro, me moví por toda esa zona", respondió Ballesteros. "¿Se tomó usted un café en el bar Faisan?", continuó el representante público. "No", respondió tajante el policía.

"¿Le puso usted el teléfono en la oreja al señor Elosúa?", prosiguió el interrogatorio. "No. Yo no le he pasado mi teléfono a nadie, y mucho menos ese que es el personal, sólo se lo dejo a mi mujer y mis hijos", contestó el por entonces inspector de la Brigada de la Información de la Policía en Vitoria.

El terrorista-confidente y la camarera del Faisán

Tras la declaración de los dos imputados, llegó el turno del confidente que el máximo responsable de la Policía en el País Vasco en aquel momento, Enrique Pamiés, tenía dentro de la organización terrorista ETA y que tanto en el momento de los hechos como en la actualidad vive en la clandestinidad entre el sureste de Francia y el noroeste de Italia.

El Romano, nombre con el que se identifica a este terrorista-confidente, confirmó que el día de autos tenía establecida una cita con Pamiés en el País Vasco francés y contó que el responsable policial no se presentó a la cita, algo que ya había sucedido en anteriores ocasiones, por lo que se encontraron finalmente tres días después, siguiendo el protocolo de seguridad que rige este tipo de encuentros.

El confidente en ETA dijo que llamó desde su teléfono móvil italiano a Pamiés horas después de ese encuentro fallido y que éste le había dicho que no había podido acudir a la cita debido a la fuerte presencia policial que había en la frontera hispano-francesa ese día.

El Romano, cuya imagen fue protegida en todo momento durante su comparecencia en la sala, aseguró que en el momento del chivatazo y en la actualidad es colaborador de la organización terrorista ETA y que vive desde hace años en la clandestinidad.

Acabado el confidente, pasó por la sala una de las camareras del bar Faisán el día de los hechos, María del Carmen Gogorza, quien recordó cómo ese día una persona se tomó un café en el bar le pasó un teléfono al dueño del comercio, Joseba Elosúa, aunque en ningún momento recordó si ese hombre fue o no el policía Ballesteros.

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