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Los equilibrios del príncipe: ganar presencia sin hacer sombra al Rey

Don Felipe tuvo una agenda paralela como invitado a la cumbre, pero no participó en las reuniones. Don Juan Carlos se hizo notar y quiere volver.

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Don Felipe llegó hasta donde lo dejaron, o hasta donde calculó que podía llegar. Su presencia en Panamá era compleja y así quedó de manifiesto. Tuvo muchas limitaciones en el marco de la Cumbre Iberoamericana, pero reforzó su papel con una intensa agenda paralela. Y siempre, hasta el último minuto, con la sombra de su padre, el Rey, que amaga con regresar, ocupándolo prácticamente todo.

El príncipe llegó y se fue con una sonrisa. Estrechando manos y desplegando sus dotes de diplomático. Llamativo fue su discurso ante empresarios, en el que se sumó sin disimulo al optimismo del Gobierno y habló abiertamente de recuperación económica. Despachó con autoridades, se saltó el protocolo para tomar la palabra y hacerse más presente. "Esto lo hace muy bien", resumió José Manuel García-Margallo, que lo acompañó a todas partes.

Pero, entonces, llegó la cumbre propiamente dicha. Él era "invitado", sin más. A las reuniones sólo pueden asistir jefes de Estado y de Gobierno, por lo que la delegación la presidió Mariano Rajoy; y fue su mujer, y no doña Letizia, quien estuvo presente. En la inauguración, ocupó un lugar distinto al de las principales instituciones de las naciones reunidas. Y su figura se apagó un poco más con el vídeo grabado del Rey, en el que anunció que tratará por todos los medios de estar en 2014 en la cumbre de México.

Durante las reuniones de trabajo y el retiro de los líderes-el núcleo duro de este tipo de foros- el príncipe literalmente desapareció. No quiso hacer sombra a Rajoy y dejó claro que, de momento, ése es territorio vedado y corresponde a don Juan Carlos. De hecho, tanto el presidente como varios de sus homólogos no dudaron en recordar al rey en constantes ocasiones y desearle una pronta recuperación.

Dos actos con simbolismo

Mientras, el príncipe escapaba de Ciudad de Panamá y no participaba en un acto público. Cosa que cambió radicalmente con la cumbre ya concluida y Rajoy en España. El domingo, protagonizó dos actos cargados de simbolismo. Primero, ensalzando la figura de Vasco Núñez de Balboa en el V centenario del descubrimiento del océano Pacífico e, inmediatamente después, inaugurando la VI edición del Congreso Internacional de la Lengua, en la que Mario Vargas Llosa reclamó "defender y cuidar" el español.

Actos sobre lo mejor de España en un momento en el que la amenaza secesionista copa la actualidad nacional. No hubo mención expresa, pero si algo hizo don Felipe fue ensalzar las grandes proezas del país. "Estoy seguro de que, dentro de 100 años, esta estatua de Balboa ante la que nos encontramos seguirá siendo testigo de nuevos proyectos entre España y Panamá y de la más sincera amistad que continuará ligando nuestros pueblos", destacó en la avenida que lleva el nombre del descubridor, en pleno corazón de la capital.

Esa estatua fue donada por Alfonso XIII, bisabuelo del príncipe, en el IV centenario. Y 100 años después, le entregaron una réplica en miniatura "para que Balboa regrese a España". El Heredero citó "nombres imborrables" de estrategas y marinos como Elcano y Magallanes. "Es un gran día para Panamá y sus gentes, pero también para España, cuna y patria sincera de Núñez de Balboa y sus expedicionarios".

Pero, de nuevo, la sombra del Rey. Él debía ser quien estuviera en los actos, por lo que acudía en su representación y sus palabras llevaron el sello del monarca. Ya en el segundo foro, el príncipe hizo una defensa de la "identidad lingüística hispánica". Una intervención con continuas referencias históricas en la que don Felipe recuperó el protagonismo.

"Diálogo y discusión razonada"

Las menciones al monarca convaleciente, otra vez, fueron una constante. También la preocupación sobre el deterioro de su salud, aunque desde Zarzuela se insistiera en que "está muy bien" y ha perdido 10 kilos por prescripción médica. En nombre de don Juan Carlos y en el marco del respaldo a la lengua común, el príncipe declaró: "Un buen lector", dijo, "es alguien dispuesto a dialogar y, en consecuencia, abierto y preparado para la discusión razonada de la cosa pública y de los problemas sociales". No hizo referencia clara a la situación actual que atraviesa España, pero remarcó esa apelación al "diálogo" y a la "discusión razonada".

En el mismo escenario, el Nobel Vargas Llosa puso una concisa advertencia encima de la mesa. "Tener el privilegio de una lengua de estas características implica una obligación", arrancó, para argumentar que "como la amistad o el amor" necesita "ser cuidada y respetada para durar, crecer y mejorar". En otras palabras, "defender" el español, al que le dedicó un aplaudido diagnóstico.

El príncipe cierra un viaje en el que se ha dejado notar pero calculando al detalle que no pudiera hacer sombra a la delegación española. Además, ha recordado una y otra vez a su padre. Y no hay que olvidar que el presidente repitió varias veces que la intención de don Juan Carlos es asistir a la próxima cumbre, que se celebrará en México en 2014.

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