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Un trabajo diario, por María Dolores de Cospedal

                         

María Dolores de Cospedal
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La grandeza de todo partido se mide en tiempos electorales. Por lógica, el respaldo que los ciudadanos otorgan a una candidatura es el legítimo objetivo final, pero la fuerza de toda formación política empieza a medirse desde mucho antes, desde el día a día rutinario, desde hoy mismo, desde mañana, desde ayer. La capacidad para movilizarse no se detiene y nunca deja de aprender.

El Partido Popular es el partido más grande de España. Lo dicen los números, tanto el de afiliados como el de la representación que ostenta el partido en todas las administraciones. El PP es la formación más fuerte de nuestro país porque no sólo trabaja por el interés de los ciudadanos cuando se aproxima una cita electoral, sino que lo hace a diario, sin bajar la guardia. Eso nos permite estar preparados en todo momento y aplicar aquella famosa frase de Pablo Picasso: "La inspiración existe, pero tiene que encontrarse trabajando".

Porque sólo con el esfuerzo de todos los miembros del PP, de los miles de representantes en las más diversas instituciones y administraciones y de los cientos de miles de afiliados, se consiguen posteriormente los objetivos. Sólo con el compromiso conjunto en un proyecto vivo, reformista y liberal, se alcanzan las metas.

Y, al igual que no existe el día sin trabajo ni el día en que haya que afrontar y vencer un reto, no existen elecciones menores. A finales del próximo mes de mayo, los españoles tenemos una nueva cita con las urnas para elegir a nuestros representantes al Parlamento Europeo. Tras los acuerdos del Tratado de Lisboa, estos comicios adquieren una dimensión desconocida hasta ahora, ya que el hemiciclo que surja por la decisión de todo el mapa comunitario tendrá más poder que nunca, empezando por un presidente de la Comisión que emanará del dictado de las urnas.

Por lo tanto, todo lo que se pueda recordar acerca de la importancia de pertenecer a Europa, de formar parte de un proyecto de unidad y de solidaridad como es el de la UE, adquiere una mayor relevancia. Vamos hacia una Europa unida, donde no tienen sentido reclamaciones localistas ni aspiraciones de corto aliento. Donde no caben personalismos. Vamos hacia una Europa de futuro que se aleja de pasados anquilosados, porque Europa entiende que la historia se escribe mirando al mañana.

España ya no se puede explicar sin Europa. Las decisiones que se adoptan en Bruselas o en Estrasburgo alcanzan el último rincón de nuestro país, impactan en las aldeas y en los barrios españoles, en las carreteras y en las vías de tren, en los campos de cultivo y en los caladeros de pesca. En el dinero con el que pagamos.

Europa ya somos todos y, tras las elecciones de mayo, lo seremos más. España sólo puede crecer como país si forma parte de este proyecto común. Así lo ha entendido siempre el Partido Popular, una formación con un férreo anclaje continental y orgulloso de su gen reformista, que es el gen que impulsa las evoluciones en política. Un partido que, hace ahora diez años, en aquellas elecciones al Parlamento Europeo de 1994, vio recompensado el trabajo de sus entonces 20 años de historia y consiguió su primera victoria nacional. No fue casualidad: la victoria nos sorprendió trabajando. Como hacemos todos los días y como lo seguiremos haciendo. Trabajando y reformando cuando se nos otorga el honor de la gestión. Por el bien de todos los españoles y de todos los europeos.

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