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El origen del fraude de Pujol en Suiza: una estafa fraguada por su padre en tiempos de Tarradellas

En su columna en LD, José García Domínguez desgrana el origen de la fortuna que Pujol tenía en Suiza. Una estafa monetaria ejecutada en Tánger.

Libertad Digital
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El pasado viernes, Jordi Pujol i Soley, el patriarca del clan de los Pujol admitió que tenía dinero sin declarar en cuentas en Suiza desde 1980. Dijo que se trataba de una herencia, que pedía perdón y que acababa de regularizar. En su comunicado, Pujol también explica que ese dinero le fue dejado por su padre, Florenci Pujol i Brugat, pero los fondos, afirma, fueron destinados a su esposa, Marta Ferrusola, y a sus siete hijos.

Pero, ¿de dónde proviene semejante fortuna? José García Domínguez repasa precisamente el orígen del capitalito que el patriarca dejó al hijo. Recuerda García Domínguez la obra de uno de los hombres importantes de la burguesía catalana de posguerra y personaje clave para el regreso de Josep Tarradellas como presidente de la Generalidad de Cataluña, Manuel Ortínez.

La mujer de Jordi Pujol i Soley, besa a su suegro, Florenci Pujol | Foto: El Mundo/Kike Pérez de Rozas

En su obra -de 1993- Una vida entre burgesos, Ortínez desgrana cómo en aquella España de posguerra y autoabastecimiento floreció un negocio que dio pingües beneficios: el contrabando o estraperlo de divisas. Según cuenta Ortínez, Este negocio ilícito fue practicado al por mayor por los antiguos mecenas de Cambó y de la Lliga. Fue para ese negocio para el que el lobby algodonero contrató a Florencio Pujol, padre del que se convertiría en presidente de la Generalidad.

Antonio Pedrol Rius, presidente del Consejo General de la Abogacía durante el Franquismo | Archivo del Ministerio de Empleo

Aquella estafa perduró en el tiempo, incluso con Jordi Pujol como presidente. Ortínez, en sus memorias, recuerda cómo Florencio Pujol y su socio Tennenbaum -fundador de Banca Catalana- aperecían junto a Josep Dancàs -jefe militar de la asonada de la Esquerra en 1934-, Antonio Pedrol Rius -presidente del Consejo General de la Abogacía durante el franquismo-, o Josep Andreu i Abelló -dirigente histórico del socialismo catalán-. Abelló también formaría parte desde su fundación del consejo de administración de Banca Catalana.

Andreu Abelló (señalado con una flecha), con el PSC en 1980 | Fondo fotográfico Rafael Campalans
(i) Manuel Ortinez y Josep Tarradellas (d) | Archivo/Efe

Ortínez había trabado amistad con Tarradellas en 1955, tras un primer encuentro en París al que había acudido en compañía de Josep Pla. Tarradellas había sido elegido presidente de la Generalidad en 1954, tras una reunión de diputados catalanes en México. Ortínez estableció una gran amistad con Tarradellas y propició que éste recibiera ayuda económica de los empresarios textiles catalanes. El Consorcio de Empresarios Textiles Algodoneros, bajo la égida de Domingo Valls Taberner, acordó pasar una asignación mensual al presidente exiliado. En la contabilidad del consorcio, el pago figuraba como una transferencia a "Monsieur Blondel". El dato, extraído del libro de memorias de Ortínez, es muy relevante, puesto que no pocos empresarios del textil catalán se habían refugiado en Burgos mientras sus industrias eran colectivizadas por la Generalidad y puestas bajo el control de los sindicatos.

La estafa

¿En qué consistía la estafa? El propio Ortínez cuenta que "el truco era tan simple como pretender que exportaba por valor muy superior al real, para así poder importar primera materia en mayor proporción y a bajo precio, revendiéndola mucho más cara en un mercado interno afectado por las restricciones de importación". Es decir, que si exportabas "un producto que te daba un millón de dólares, simulabas venderlo al doble de ese precio y por tanto podías importar por dos millones".

Unas operaciones, las que describe esta vida entre burgesos, que no dejaron facturas, recibos o comprobantes; que se realizaban en Tánger -única ciudad en la que la peseta era convertible-; y que contaban con la vigilancia sobre el sector textil de la Brigada de Delitos Monetarios de la Policía. Por este último extremo, el empresariado algodonero confiaba plenamente en su "red de porteadores", como señala José García Domínguez, dirigida por Florencio Pujol.

Según Ortínez, "sólo hacía falta pasar los nueve kilómetros de mar del estrecho de Gibraltar y tener amigos combinados en las aduanas de los dos lados" para hacer el fraude. Ortínez se encargaba, según su propio testimonio, de librar "las pesetas en Barcelona, en billetes de cien, que hacían un bulto considerable, y las pesetas convertidas en dólares aparecían en los EEUU o en Suiza". Una operación para la que confiesa que se necesitaba un hombre de absoluta confianza, y éste no fue otro que el padre de Jordi Pujol, Florencio Pujol, con el que Ortínez nunca tuvo "otro trato más que éste", el de asegurarse que los paquetes llegasen correctamente a su destino.

Así, el paquete con pesetas llegaba a Tánger. De allí, y con el boletín de divisas, partían hacia el Banco Inmobiliario y Mercantil de Marruecos, donde "se intercambiaban los cromos". El principal accionista de aquel banco no era otro que Josep Andreu i Abelló, el que fuera presidente del Tribunal de Casación durante la República. Otro de los propietarios era Antonio Pedrol Rius.

Ortínez confiesa que cuando le ofrecieron en 1965 el puesto de director del Instituto Español de Moneda Extranjera éste admitió haber sido "un contrabandista importante". La respuesta fue tajante: "eso mismo era lo que buscaban, alguien que conociera el negocio y que fuese capaz de desmontarlo", cuenta él mismo.

La herencia de Pujol

La lectura propuesta por José García Domínguez, Una vida entre burgesos (1993) de Manuel Ortínez, da pistas más que detalladas de cómo la clase dominante del catalanismo actual se fraguó sobre la más estricta corrupción. Un retablo en el que padre de Pujol aparece como muñidor y protagonista de una estafa que dejó a su descendencia una auténtica fortuna oculta en Suiza.

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