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Pujol manipuló su sistema mediático para crearse la imagen de político "austero" y "honrado"

El modesto domicilio familiar, afectado por aluminosis, era la prueba recurrente de la sobriedad del president, al que no importaba el dinero.

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El modesto domicilio familiar, afectado por aluminosis, era la prueba recurrente de la sobriedad del president, al que no importaba el dinero.

Como si fuera obligado por un riguroso voto de pobreza, Jordi Pujol, fundador de Convergencia y presidente de la Generalidad durante 23 años, aparentaba siempre una despreocupación absoluta por el dinero, el lujo y la ostentación. Era tanta la fama de su austeridad que TV3 llegó a emitir un reportaje de hora y media (el 9 de septiembre de 2012) en el que el popular presentador de la cadena autonómica Albert Om se asombraba ante la modestia, humildad y sencillez de los Pujol-Ferrusola y su cálido pero sencillo, casi pobre, hogar. A su lado y de haberse mantenido la leyenda urbana del más Honorable, el presidente de Uruguay, José Mújica, y señora, serían unos potentados en su también muy publicitada chacra de Montevideo.

Tal era la fama, el mito y la fantasía, que José Antich, director de La Vanguardia hasta hace unos meses, llegó a escribir lo siguiente en su celebrada hagiografía sobre Pujol que tituló El Virrey: "No debe extrañar, en consecuencia, que la situación de Jordi Pujol, a punto de acabar su decimotercer año de mandato, difícilmente sea equiparable a la de cualquier otro político relevante en Cataluña y en España. Su declaración de la renta del ejercicio correspondiente a 1992 está a años luz de la que realizó en 1977, cuando dejó la dirección de Banca Catalana para dedicarse de lleno a la política. Pujol es mucho más pobre, infinitamente más pobre, ahora que antes. O, para ser más exactos, menos rico en 1993 que dieciséis años años antes" (página 143 del citado El Virrey, editorial Planeta, colección Espejo de España, marzo de 1994).

Una página antes, el periodista escribía: "El líder nacionalista es en 1993 una persona totalmente despreocupada de su patrimonio familiar. Ha rechazado reiteradamente las propuestas para ampliar su capital que le han sugerido en los últimos años los gestores de sus bienes. Un hombre que ignora el valor material de las cosas".

Gandhi, Vicente Ferrer y Jordi Pujol

Pero el presidente de la Generalidad no sólo era un tipo desprendido y desinteresado, a la par que un católico orgulloso que daba lecciones morales a todo el que se cruzaba con él. Pujol era lo más parecido a Gandhi y Vicente Ferrer con residencia en la capital catalana, un cartujo que nunca llevaba dinero encima y que vivía en
un entorno de espiritualidad, humildad, ahorro y caridad cristiana. En la página 140 del mismo libro Antich lo describía así: "De tan austera que es, su vivienda de Barcelona provocaría algún colapso a más de uno. El jefe del Ejecutivo catalán tiene en 1993 el mismo piso que adquirió cuando se casó con Marta Ferrusola, en 1956 (…). Todo, desde la cubertería a la vajilla pasando por los muebles, son los mismos que en 1956".

En el párrafo siguiente seguía con la descripción del plató del Cuéntame a la catalana: "Cocinas sólo hay una (los Pujol habían comprado con el tiempo el piso de al lado para albergar con más amplitud a sus siete hijos, todo modesto y todo declarado) y de su absoluta normalidad da buena prueba la vieja mancha de humedad que adorna el techo".

Y mucho más: "Las medidas de seguridad son tan espartanas como la vivienda. Un policía autonómico vigila permanentemente el rellano desde el que se accede a las dos puertas de entrada al piso, y otros dos agentes hacen guardia en el garaje. El edificio está aquejado de aluminosis. Un deterioro que afeca a la estructura de miles de inmuebles construidos en Cataluña durante las décadas de los 50-60".

Las mansiones del profeta

En definitiva, Pujol era el político más honrado del momento, que era la fase terminal del felipismo. Un pobre hombre que si alguna fortuna tenía era su pasión por Cataluña y subir montañas. También se glosó su afición por los deportes. Nada de caza y pesca. Montañismo. Hasta en eso era diferente, se decía en los medios catalanes. También existía un Pujol gran escritor y memorialista, un Pujol conferenciante, el Pujol gurú de la economía, decenas de pujoles honoris causa y un Pujol experto en moral y ética muy celebrado y requerido por la prensa local.

El engaño ha durado casi cuarenta años. La Confesión ha dejado a la intemperie las tapaderas y las mentiras de más de tres décadas, sostenidas y difundidas sin rubor alguno por un sistema mediático creado y financiado para desespañolizar Cataluña y crear mitos como el de 1714 y la austeridad de Pujol. Ahora, el matrimonio Pujol huye de la presión y de Barcelona y se refugia en algunas de las mansiones de sus hijos en la Cerdaña, lujosos chateaux que lucen banderas esteladas, la de la independencia de la ANC, Mas y Junqueras. Y afloran los detalles de una fortuna impropia de "una persona totalmente despreocupada de su patrimonio familiar". O, más bien, flota en el oasis lo propio tratándose de una persona totalmente despreocupada de sus obligaciones fiscales y que durante décadas animó a los catalanes a trabajar mucho, pagar más impuestos y rendirle culto.

Por cierto, por el segundo piso de la ronda del General Mitre Pujol pagó dos millones y medio de pesetas de 1970 (el primero le costó 300.000 pesetas del 56) sin que se aclarasen nunca los motivos por los que el piso (pared con pared con el de los Pujol Ferrusola, que en ese momento tenían seis hijos) había sido puesto en venta.

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