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Cayetana Álvarez de Toledo: "Si decimos la verdad podemos vencer al populismo y al secesionismo"

Defiende que el 9-N no puede ser ni un asunto sólo de los catalanes ni ajeno a la UE

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Es día de pleno y eso implica más trasiego de lo habitual en el Congreso, pero los funcionarios encargados de la seguridad no pierden el buen humor cuando aseguran, ante una sonriente Cayetana Álvarez de Toledo que ha bajado a buscarnos, que la frondosa barba que lucen el entrevistador y un miembro del equipo audiovisual no será impedimento para dejarnos entrar. Mientras subimos en el ascensor hacia las oficinas del Grupo Popular Álvarez de Toledo nos comenta los últimos planes de Libres e Iguales, que pasan por un documental sobre los que se fueron de Barcelona y una llamada a los ciudadanos para el 8-N para defender la ciudadanía común.

Como usted es también periodista, conoce perfectamente lo que son las cinco W. Me gustaría que nos las desgranase en relación a la plataforma Libres e Iguales.

Todo nace de las reflexiones compartidas hace unos meses de un grupo de amigos, un grupo reducido. Reflexionando sobre el desafío de la secesión a principios de este año llegamos a la conclusión de que hacía falta una Plataforma nacional y transversal, las dos cosas, para combatir los planes de los promotores del 9-N. Nos unía una común preocupación por la democracia española y unos valores comunes democráticos. Pero además un tercer elemento sustancial: la responsabilidad individual. Creemos que la responsabilidad primera es del Estado, de los partidos políticos, de las instituciones, etc pero eso no puede eximir al conjunto de la sociedad de su responsabilidad. Llega un momento en el que la situación es tan crítica, como dijimos en el manifiesto, que era necesario dar un paso adelante. Pasamos del cómodo "hay que..." del que hablaba Arcadi Espada en una columna, que es una posición un poco cobardona, al "nosotros hacemos". Hicimos una primera lista de quienes creíamos que podían sumarse y la inmensa mayoría, no todos, se apuntó. Para nosotros era esencial abrir el marco de la discusión sobre Cataluña. Partimos de un diagnóstico acerca de que ese marco lo han fijado los nacionalistas, de manera muy acentuada en Cataluña, pero también en Madrid hay una aceptación de que el marco de discusión sólo se planteaba dentro de esa comunidad, es decir: que sólo los catalanes podían opinar, como si hubiese un perímetro moral que excluía al resto de España. Nosotros decimos que ese desafío es un desafío a los derechos democráticos de todos los españoles y tiene que implicar a todos los españoles. Tenemos que movilizar a la opinión pública, a las instituciones y al Madrid político-económico-institucional en un debate que nos afecta a todos gravemente. Negamos, por tanto, la premisa de la que parte del proceso de secesión. Esto tiene que ser un debate nacional, con actores nacionales.

Al hilo de ese argumento, el del perímetro, Libres e Iguales ha criticado mucho, lo hizo en su manifiesto del pasado once de septiembre, la actitud de la UE y de la canciller Angela Merkel, que consideran lo que ocurre con Cataluña como un asunto interno de España.

Yo he tenido la oportunidad en los últimos meses de escribir dos artículos en el Financial Times sobre lo que está ocurriendo. En uno de ellos me centraba precisamente en esta cuestión, el desafío a la democracia española tiene que ser un asunto profundamente europeo, que ataca la raíz del proyecto de integración europeo. La UE se construye contra el nacionalismo, se funda tras las masacres y la devastación que el nacionalismo provocó en las dos guerras mundiales; se crea con un principio esencial: la unión de estados democráticos y de derecho, no es una unión de tribus ni de naciones culturales identitariamente homogéneas sino precisamente la unión de estados democráticos, de ciudadanos libres e iguales ante la ley. Por lo tanto el nacionalismo catalán no está atacando solamente la integridad territorial de España o su democracia, sino también los propios principios fundacionales de la UE. Europa tiene que asumirlo como un desafío a su propio proyecto a sus propios valores. El Gobierno ha tenido una actitud clara en ese sentido en los últimos tiempos, eso es un acierto muy importante sobre el que hay que insistir. No puede ser que Bruselas lo vea como un asunto español ni la condescendencia con la que lo trata la mayoría de la prensa extranjera.

LD | David Alonso Rincón.

El manifiesto de Libres e Iguales vio la luz a la vez que otro que pide una reforma federal de la Constitución, en la línea de lo que propugna el PSOE.

El problema es el nacionalismo, no la Constitución, eso hay que tenerlo claro. Quien crea que cambiando al Constitución y no afrontando el problema nacionalista va a resolver esta situación se equivoca radicalmente. No me parecería ni moral ni útil entregar la Constitución a cambio de una frágil y temporal estabilidad, no se puede pagar un precio tan alto. Pero vayamos a lo concreto: por lo que se refiere a lo federal sería renunciar a la soberanía de todos los ciudadanos españoles, porque el federalismo son soberanías que se suman, a cambio de una fórmula que el nacionalismo rechaza, porque si hay algo que rechaza es la igualdad que el federalismo consagra en el plano teórico. Otra cosa es que mucha gente que en estos momentos habla de una reforma federal en realidad está hablando de una reforma confederal, es decir: la desigualdad. No existe un punto medio entre igualdad y desigualdad, o entre Constitución y secesión. No lo hay y no se le puede llamar federal. Por otra parte, podríamos tener una larga discusión sobre si nuestro modelo es federal, hace poco estuvo por aquí Stéphane Dion y nos dijo: "ustedes tienen un modelo federal solo que no lo llaman así".

Luego está el término singularidad que muchos emplean o piden para Cataluña. Singularidad es un eufemismo de desigualdad o, para los nacionalistas, de soberanía. No hay ninguna singularidad de las que yo lea en la prensa que no esté recogida o amparada en España. Veamos: la lengua, no creo que nadie pueda decir si visita Cataluña o Barcelona que el catalán esté discriminado o reprimido. Salvo que se plantee el absurdo de que los niños de Extremadura tengan que aprender esa lengua; la singularidad fiscal, que sería extender el modelo del País Vasco y Navarra, eso sencillamente el sistema no lo aguanta y en tercer lugar, reconocer a Cataluña dentro de la Constitución como nación, en lugar de como ahora, que es nacionalidad.

Nuestra Carta Magna, como todas, puede ser reformada, incluso sería bueno en algunos aspectos. Pero si lo vamos a plantear asegurémonos que esa reforma avanza hacia el siglo XXI y no que retroceda al XIX o a la Edad Media, por mencionar la expresión que utilizó el otro día Mariano Rajoy. La modernidad política va en la dirección de la igualdad de los ciudadanos ante la Ley, de una mayor solidaridad entre personas y territorios, más libertad, más apertura, más pluralismo, la aceptación de la complejidad de las sociedades modernas, donde las identidades no son homogéneas. Si abrimos ese proceso de reforma constitucional, insisto, vayamos por ese camino.

¿Cómo está afectando el caso Pujol al proceso?

Para mucha gente ha dejado al desnudo la inmensa hipocresía del nacionalismo en general y del expresidente de la Generalidad en concreto. Pero cuidado: eso no necesariamente frena el proceso en marcha, incluso para muchos actores del separatismo acelera su convicción de que mantener la impunidad de la que han disfrutado estos años es consumar el desafío al Estado y a la Justicia españolas. Quienes crean que el mero hecho de desenmascarar a Pujol frena el proceso pecan de cierta ingenuidad.

LD | D.A.

Revolución o regeneración

¿Qué ha pensado al tener conocimiento de la Operación Púnica?

Estamos en un momento decisivo en el que en España van a confrontar dos modelos: uno es el de la revolución, con su guillotina mediática, con sus secesionistas y sus populistas, los que quieren arrasar con el sistema, que tienen una cierta fuerza, nacida de la desafección y el enfado ciudadanos. La otra opción es la regeneración. Todo lo que suponga intentar atacar el modelo revolucionario pero no regenerarse va a ser inútil. Los españoles tenemos que asegurarnos de que el proyecto regenerador tenga bases sólidas y sea convincente e identificable por la gente. Son dos modelos y naturalmente puede haber distintos partidos en uno y otro sitio. Claramente yo apuesto por la regeneración.

¿Una manera de llevarla adelante sería, teniendo en cuenta el ascenso fulgurante de Podemos, una Gran Coalición al estilo alemán?

No necesariamente. El instrumento es secundario, lo esencial es que los españoles vean a fuerzas políticas que practican una regeneración profunda, sincera y real, a partir de unos principios democráticos.

Su grupo, el popular, ya no va a tener mayoría absoluta la próxima legislatura. En ese escenario cabe gobernar en minoría, algo que se antoja difícil, o apoyarse, descartados ya los nacionalistas, o en partidos como UPyD o Ciudadanos, siempre que la aritmética lo permita, o en el PSOE de Pedro Sánchez.

Si empezamos a pensar en cómo retener el poder ese no es el camino. La reflexión ahora debe ser qué ofrecemos a los ciudadanos para convencerles de que podemos regenerar nuestra democracia sin arrasarla, como pretenden otros.

Profundizando en Podemos, ¿cree que el sistema de tertulias televisivas ha sido clave en su ascenso?

A mi no me parecen Churchill [Winston] y Adenauer [Konrad], por mucho que algunos les estén hinchando. Tienen un discurso muy sencillo y demagógico que puede ser muy eficaz en momento de profundas crisis económicas sociales y políticas como el actual. Por lo que comenta de las tertulias creo que la regeneración no debe ser sólo política, sino en todos los ámbitos. En estos momentos, por ejemplo, la verdad y el rigor tienen un valor profundamente regenerador.

LD | D.A.

Creo, por último, que no debemos dejarnos atrapar por el miedo, ni por el pesimismo ni por el miedo, y esto vale para el fenómeno populista pero también para el nacionalista del que hemos hablado en esa entrevista. A ambos se les puede derrotar. Para eso, y ahí está la labor de Libres e Iguales, es fundamental al pedagogía. En el caso del desafío del 9-N nosotros nos dedicamos a explicar cosas, explicar la historia de España, que no es ese país diferente que la leyenda negra ha querido ver. España es un país que a lo largo de su historia ha hecho un inmenso esfuerzo, pionero en muchos sentidos, para conjurar la unidad con la diversidad, para encajar nuestro profundo pluralismo, que es territorial pero también entre monárquicos, republicanos, ateos, creyentes... También hay que decir la verdad sobre la Constitución de 1978, que nos garantiza a los españoles la paz civil de la que hemos hablado y sobre el nacionalismo, sobre su profunda raíz reaccionaria. Ese discurso pedagógico y político tiene que servir para movilizar a la gente. Si se consigue ni el separatismo ni el populismo serán amenazas para la democracia española.

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