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Las tres excusas que impedirán un acuerdo entre UPyD y Ciudadanos

Después de dos meses de negociaciones con muchos recelos y reproches, Rosa Díez y Albert Rivera afrontarán 2015 como hasta ahora, por separado

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Después de dos meses de negociaciones con muchos recelos y reproches, Rosa Díez y Albert Rivera afrontarán 2015 como hasta ahora, por separado
Rosa Díez y Albert Rivera, el pasado 23 de septiembre

Dos meses después del encuentro que terminó con la guerra fría entre Rosa Díez y Albert Rivera, el pasado 23 de septiembre en Madrid, ambos líderes vuelven a verse las caras este jueves en la capital de España para, con la mayor delicadeza posible, certificar que seguirán como hasta ahora: cada uno por su lado. Tanto UPyD como Ciudadanos han jugado sus bazas e intentarán no tirarse los trastos a la cabeza para no empeorar su imagen, pero la decisión de que no haya pacto está tomada. Las razones son muchas y muy profundas, aunque se resumen en la profunda desconfianza interna entre dos filas estrechamente vinculadas (son muchísimas las personas que militando en una de las formaciones lo han hecho antes en la otra) pero con una guerra soterrada que hace imposible cualquier entendimiento.

¿De verdad que juntos sumamos?

A simple vista, y con una mera suma de los votos que ambos partidos obtuvieron en las pasadas elecciones europeas, cabría esperar que la fuerza resultante de una unión de UPyD (1.015.994 votos) y Ciudadanos (495.114 votos) aspirase, con permiso de Podemos, a ser el tercer partido político de España. Sin embargo, algunos discuten este diagnóstico y consideran a los de Rivera una fuerza emergente y sin techo conocido, mientras que los de Díez se habrían estancado y correrían serio riesgo de desaparecer, como confiesa en privado alguno de sus dirigentes. Si miramos el último barómetro del CIS, destaca un dato poco divulgado, como es el de que ambos partidos comparten con el PP el dudoso honor de ser las formaciones con implantación nacional a las que mayor número de españoles afirma que, con toda seguridad, no votaría nunca. Un 60% en el caso de los populares, un 57% en el de la formación magenta y un 55% en el de Ciudadanos. Por contra, un 42% afirma que nunca votaría al PSOE y un 41% que nunca daría su respaldo en las urnas a Podemos.

Por otra parte, y como apunta Nacho Plata, una de las firmas del blog Politkón, Ciudadanos y UPyD son dos partidos impulsados por intelectuales, como evidencian los nombres de Fernando Savater, Álvaro Pombo, Francesc de Carreras o Arcadi Espada. Un modelo que no parece atraer demasiado a los votantes de diversas latitudes -el ejemplo paradigmático sería la derrota de Mario Vargas Llosa frente a Albert Fujimori en 1990 en Perú- y que pierde frente al de los jóvenes agitadores de medios como Pablo Iglesias o Íñigo Errejón, aunque en este perfil sí encajaría Rivera.

Mucho gallo y poco corral

Que las relaciones entre Rosa Díez y Albert Rivera distan de ser fluidas no es ningún secreto. Ambos mantienen una guerra fría sin cuartel llena de estudiados gestos. En el encuentro del pasado 23 de septiembre en la sede de UPyD en Madrid, tras las sonrisas y los saludos iniciales, Díez evitó comparecer ante la prensa, delegando en Andrés Herzog, el responsable de Regeneración Democrática del partido, y en el coordinador en Cataluña Ramón de Veciana. Rivera, flanqueado por el eurodiputado Juan Carlos Girauta y el secretario general de Ciudadanos, Matías Alonso, sí que fue el encargado de responder ante los medios, aunque cuando lo hizo no sabía de la incomparecencia de Díez. Al enterarse comentó entre los suyos: "me ha dejado fijar el discurso político de la negociación, es un error". Durante su comparecencia ya había lanzado algunos dardos envenenados contra la presidenta de UPyD, como cuando aludió a que no todos los eurodiputados le hicieron caso en la votación del nuevo presidente de la Comisión Europea.

Lo cierto es que en UPyD son muchos los que no se fían de Rivera, aunque reconocen su dotes de liderazgo y su imagen joven y fresca como un activo importante, más aún tras la irrupción de Pablo Iglesias.

Recelos en las bases: ¿Qué habrá de lo mío?

La historia de UPyD y Ciudadanos tiene una primera capa de lectura pública, en la que ambas formaciones aparecen como las primeras que empezaron a resquebrajar el bipartidismo español con propuestas regeneradoras y posiciones políticas valientes. Rosa Díez ha sido el pepito grillo particular de los dos últimos presidentes del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy; Albert Rivera ha encarnado desde 2012, con un perfil muy moderno en el que tiene mucho que ver su eficaz departamento de comunicación, la oposición a los delirios independentistas de Artur Mas y sus socios, algo muy valorado por el constitucionalismo catalán y por un amplio electorado transversal en el resto de España, imagen reforzada por su presencia constante en las tertulias televisivas de mayor audiencia.

Pero por debajo de esto se esconden sórdidas luchas fraticidas entre la militancia, buena parte de la cuál ha ido basculando de unas a otras siglas. Ciudadanos se descapitalizó de manera muy importante tras su segundo congreso en 2007 y más aún tras el pacto con Libertas para las elecciones europeas de 2009, un hecho al que Rivera se refiere siempre como su gran error. En UPyD los problemas internos, neutralizados en parte por una insólita sordina mediática, no han dejado de estar presentes en ningún momento. Problemas que han llevado a la pérdida de casi 10.000 militantes según admite la propia formación, algunos tan significados como Francisco Sosa Wagner. Así las cosas, cualquier fusión podría reabrir viejas heridas, como confiesa en privado un importante dirigente regional de UPyD a Libertad Digital: "si nos unimos ¿qué hago con los que me pusieron a parir y tras perder el pulso se fueron a Ciudadanos?". Tampoco puede ocultarse que ambas son formaciones con un alto grado de profesionalización, lo que implica, como siempre se ha reprochado a los partidos tradicionales, haberse convertido en agencias de colocación. Y en ese contexto cualquier escenario de fusión crea grandes incertidumbres laborales.

Pese a todo, no está escrito en ningún lugar que no haya acuerdo y a primera hora de la tarde de este jueves Díez, Rivera y los principales colaboradores de ambos estarán frente a frente para superar las dificultades de la negociación. Aunque es muy difícil solucionar algo cuando la convicción mayoritaria de quienes se sentarán a esa mesa es que no tiene arreglo.

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