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Ciudadanos descarta a los 'paracaidistas' para su expansión nacional

Albert Rivera cambia de estrategia tras entrar el año pasado en la Eurocámara con el televisivo Javier Nart

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Albert Rivera cambia de estrategia tras entrar el año pasado en la Eurocámara con el televisivo Javier Nart
Albert Rivera, junto a varios miembros de la Ejecutiva de Ciudadanos /EFE

La mayoría de edad de Ciudadanos en este 2015, donde hará por vez primera una apuesta real de partido con implantación nacional, llega con un sensible cambio de estrategia que refuerza la estructura de la formación. Si hace un año dos de los llamados paracaidistas -elegidos en primarias pero impulsados por la Ejecutiva del partido- como Javier Nart y Juan Carlos Girauta (quien posteriormente se ha integrado en la dirección) encabezaron la candidatura a las elecciones europeas con éxito, convirtiéndose en los dos primeros representantes institucionales de relevancia de la formación fuera de Cataluña, ahora parecen tomar fuerza candidatos de menor perfil mediático, pero con mayor implicación en las estructuras internas del partido. Por ello varios nombres de personas ajenas a la militancia que han sonado en los mentideros, algunos sopesados seriamente por la Ejecutiva de Ciudadanos, no serán finalmente candidatos autonómicos o municipales. Entre ellos el exministro Manuel Pimentel para Andalucía, el controlador aéreo reconvertido en "periodista" César Cabo para Madrid o la ex dirigente de VOX Cristina Segui, quien en las próximas semanas presentará un nuevo partido para concurrir a las elecciones en Valencia después de haber sido tentada por la dirección regional de Ciudadanos, una opción que desbarató la dirección nacional.

Para el Ayuntamiento de la ciudad del Turia suena Fernando Giner, un joven economista y consejero de empresas al que se ha vinculado al PP pero que desde hace pocos meses milita en Ciudadanos. Una opción que no desmienten, aunque tampoco confirman, fuentes de la Ejecutiva de Ciudadanos consultadas por Libertad Digital. En Madrid tiene un sitio asegurado, aunque habrá que concretar si para la Comunidad o para el Ayuntamiento, el portavoz de la Agrupación en la capital, Ignacio Aguado, quien no ha ocultado sus aspiraciones. En Barcelona la candidata a la alcaldía será la actual portavoz de Ciudadanos en el Parlament, Carina Mejías, antigua dirigente y diputada autonómica del PPC y por la alcaldía de Granada competirá el ex senador del PSOE Luis Salvador, un hombre plenamente implicado tras su salida de las filas socialistas en la plataforma Movimiento Ciudadano, que además será el encargado de coordinar la campaña para mayo.

Quizá la excepción a los paracaidistas pueda ser la flamante candidata a las autonómicas de Valencia, Carolina Punset, quien fuese número tres de la lista europea el año pasado, aunque más allá del célebre apellido del que presume y de ser una representante de la sociedad civil, esta abogada lleva años comprometida con la política local en Altea, donde actualmente es socia del PP. Su caso, como el del candidato para Andalucía Juan Marín, coaligado con el PSOE las dos últimas legislaturas en Sanlúcar de Barrameda, ejemplifica la absorción de partido locales por la que viene apostando Albert Rivera, uno de los aspectos que esgrimió el pasado otoño UPyD para frustrar las negociaciones para un acuerdo entre ambos partidos.

Incierta política de pactos

Con candidatos cuyo pasado político está en el PP y en el PSOE, o que mantienen acuerdos en el ámbito municipal con ambas formaciones, cabe preguntarse por la política de pactos de Ciudadanos, particularmente importante en un escenario general de fragmentación y fin de las mayorías absolutas, a nivel nacional pero también autonómico y local. El propio Albert Rivera fijaba esta semana en Valencia, durante la presentación de Carolina Punset como candidata, algunas líneas rojas: "la corrupción, la mala gestión de las cuentas públicas, que aquí en Valencia se ha padecido y por supuesto que nosotros no entraremos en cuestiones identitarias". Ocurre que la inminencia de las elecciones generales, que seguramente se celebrarán en noviembre, podría condicionar esa política de pactos, como le sucederá también a Podemos. Otorgar gobiernos autonómicos o municipales a uno de los dos partidos viejos de España, o a los dos, podría ser un lastre demasiado pesado para una fuerza regeneradora en su gran oportunidad a nivel nacional. Aunque en una estructura tan horizontal como la que está adoptando Ciudadanos para su implantación nacional parece difícil que la Ejecutiva del partido, residenciada en Barcelona, pueda vetar cualquier decisión del resto de agrupaciones.

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