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El fanatismo ideológico en Cataluña ya cala en el sistema sanitario

La ideología o el lugar de procedencia de los pacientes ya ha sido excusa para poner en riesgo la atención y el tratamiento de pacientes en Cataluña.

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La ideología o el lugar de procedencia de los pacientes ya ha sido excusa para poner en riesgo la atención y el tratamiento de pacientes en Cataluña.
Protesta del Servicio de Emergencias de Cataluña por el servicio de ambulancias | Archivo EFE

El pasado 12 de febrero trascendió el caso de Alejandre, un paciente enfermo de cáncer que ha protagonizado una rocambolesca historia en la que pasó de ser desahuciado en 2013 por la sanidad en Cataluña por su extraño caso de cáncer -paraganglioma metastásico- a volver a nacer tras encontrar en Castellón una especialista que le extirpó el tumor y consiguió sacarle de la silla de ruedas en la que estaba confinado. Ahora, una metástasis en el tórax le metió en un galimatías burocrático que llevó a denegarle la operación que tenía programada con la misma médico de Castellón. Una anomalía que finalmente fue subsanada.

El caso de Alejandre responde a los problemas burocráticos que presenta el sistema sanitario español, tan descentralizado, que no permite, por ejemplo, contar con una base de datos común para las historias médicas en todo el territorio nacional.

Pero este tipo de problemas toman otra dimensión en Cataluña, donde la atención que reciban los pacientes puede llegar a depender de su origen o de la intensidad con la que los profesionales viven su ideología.

El sistema sanitario en Cataluña soporta normas como la que se aprobó en 2012 cuando la Generalidad reeditó un protocolo -publicado por primera vez en 2010- en virtud del cual, se ordenaba a todos los empleados de la sanidad pública a hablar en catalán independientemente de que el interlocultor le entienda o no. La misma normativa seguía diciendo que "médicos, enfermeras y auxiliares" deben expresarse en catalán tanto por teléfono, como por megafonía, en actos públicos protocolarios e incluso entre los propios médicos durante reuniones de trabajo, especialmente cuando hay delante "terceras personas", como pacientes o sus familiares.

La eliminación del castellano del sistema sanitario catalán es un trabajo que se han tomado en serio las administraciones separatistas. Es más, el pasado mes de junio, Libertad Digital informó en exclusiva de la existencia de una circular en la que se recordaba al Sistema de Emergencias Médicas (SEM) -empresa pública encargada de las urgencias extrahospitalarias- que se ha de hablar sólo en catalán durante las emergencias, urgencias y atención a enfermos.

Este protocolo se deriva de la imposición lingüística en Cataluña. En octubre de 2013, en cambio, tuvo lugar otro hecho insólito que tiene que ver, esta vez, con el nivel de compromiso de algunos profesionales y facultativos en el desafío separatista impulsado por Artur Mas. En aquellas fechas, las labores de acondicionamiento del estadio de Son Moix en Palma de Mallorca terminaron con un transformador estallando e hiriendo de gravedad a tres operarios. Uno de ellos, con quemaduras en el 70% de su cuerpo, fue enviado en avión medicalizado a Barcelona para ser tratado en el Hospital Valle de Hebrón. La vida de aquel paciente corrió peligro en la pista del aeropuerto de El Prat, ya que la ambulancia que debía recogerlo no accedió a la pista porque tanto la médico como el conductor se negaron a identificarse ante la Guardia Civil por considerarlo "un cuerpo policial de un estado opresor que no reconocen", según relataron testigos presenciales a Libertad Digital.

El pasado mes de septiembre Libertad Digital recogió el testimonio de una paciente con sensibilidad química múltiple que tuvo que aguantar que un especialista del Hospital Clínic de Barcelona le explicase que no volvería a darle cita por residir -la paciente- en Ciudad Real. "Me dijo que como catalán y como queremos la independencia estamos hartos de atender a pacientes de otras comunidades y de que no nos paguen". Aquel facultativo -siempre según el relato de la paciente- llegó a señalarle en un mapa los territorios desde los que admitía pacientes -básicamente de Cataluña- y terminó diciendo que "mientras sigan las cosas así en España" no le daría cita.

Éstos son sólo algunos ejemplos de hasta qué punto el proceso separatista en Cataluña ha calado en el sistema sanitario catalán y afecta de lleno a profesionales y pacientes, al punto de que podría poner en riesgo la salud de los pacientes, como fue el caso del quemado de Son Moix que una médico nacionalista estuvo a punto de dejar en la estacada por no querer identificarse ante una "fuerza opresora" como la Guardia Civil.

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