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El Gobierno se enreda por culpa de Margallo y admite errores en Cataluña

La Moncloa vuelve a distanciarse de Margallo y desliza su malestar por el cara a cara con Junqueras. Diputados del PP piden que no se celebre.

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El Gobierno se enreda por culpa de Margallo y admite errores en Cataluña
Sáenz de Santamaría y Rajoy este miércoles en el Congreso | EFE

En privado, el Gobierno admite errores a poco más de una semana de que se abran las urnas en Cataluña. El más importante, según coinciden ministros y altos cargos del PP, es que durante años no se ha explicado "qué es lo que hace el Estado" por la comunidad y ahora, cuando dicen que se han puesto las pilas, lamentan que su voz se escucha poco. "A mí me cortaron un trozo de entrevista en TV3", desveló, en conversación informal, Ana Pastor.

Con el pulso de Artur Mas ya en las portadas, Alicia Sánchez Camacho se quejó ante Mariano Rajoy de la inexistente presencia del Gobierno y del partido a nivel nacional en la región. "Estamos solos", denunció. Entonces, se organizaron algunos actos del PP, acudieron más ministros y se habló de una visita mensual del presidente. Insuficiente, a ojos de la estructura regional, que vio como aquello no se materializó del todo.

Ahora, en campaña, el presidente se ha puesto como objetivo relatar las consecuencias de una hipotética independencia de Cataluña. "Queda tiempo", dijo. En estos días, dirá que la secesión traería consigo la salida de la Unión Europea, el fin de las ayudas comunitarias, que las sedes de entidades bancarias se vayan a otras regiones o que se pongan en riesgo las pensiones. Pero, reconocen algunos cargos sin micrófonos delante, la estrategia llega tarde.

"Seguramente, nos habremos equivocado a la hora de comunicar. Hemos hecho poca pedagogía y poco trabajo de campo", reconoció un miembro del Gobierno. Otro ministro, en los pasillos del Congreso, relataba con frustración cómo en las tertulias de los medios autonómicos -que en Cataluña se consumen de forma mayoritaria- apenas se hacen eco del relato gubernamental. "No dicen la verdad de las cosas. No cuentan. por ejemplo, que el Puerto de Barcelona está pagado por todos los españoles, que es de todos los españoles", exponía.

No fue hasta después del verano cuando el Ejecutivo buscó una declaración explícita de líderes de la UE avisando de que una Cataluña fuera de España no formaría parte de las instituciones comunitarias. Así lo dijo Angela Merkel, y de forma clarísima David Cameron, que advirtió de que se pondría "a la cola". "Queremos una España fuerte y unida", se sumó este mismo martes Barack Obama, en presencia de Felipe VI.

Rajoy, que el domingo regresará a Cataluña -previsiblemente a Badalona-, se refirió en la Cámara Baja a los tres mandatarios para recalcar que "la inmensa mayoría de los dirigentes de todo el mundo" rechazan la secesión. Porque, en su opinión, "no se puede coartar" a los catalanes de su condición "de españoles y europeos", y de ahí que -insiste su entorno- el cumplimiento de la ley está garantizada.

Margallo, en la diana del PP

Así, con Rajoy centrando el mensaje y el PP intentando vender firmeza ante Mas, el revuelo interno fue enorme tras conocer la intención de José Manuel García-Margallo de protagonizar un cara a cara con Oriol Junqueras el próximo día 23, casi al cierre de la campaña. "Es un despropósito", lo calificó un destacado dirigente popular. Varios diputados coincidieron en que "no debe celebrarse" y habría que "organizarle al ministro algún viaje" como excusa.

La Vicepresidencia también marcó una vez más distancias con Margallo. En fuentes, consideraron inapropiada la iniciativa del titular de Exteriores -que ya fue desautorizado por proponer una reforma de la Carta Magna- mientras que algunos ministros aseguraron que ellos no participarían en ese tipo de debate. Jorge Fernández Díaz, pese a dar la cara por el jefe de la diplomacia española, llegó a admitir que la cuestión tiene "riesgos", aunque recalcó que Xavier García Albiol le dio su plácet, tal y como adelantó este diario. Pese a ello, un integrante de su candidatura no disimulaba enfado: "El único que le puede que decir que no es Rajoy, y parece que no tiene intención. Es una barbaridad".

El presidente, que volvió a almorzar en una taberna próxima al palacio de la Carrera de San Jerónimo, fue preguntado en dos ocasiones sobre la peliaguda cuestión, pero no quiso contestar. Sus comensales, Soraya Sáenz de Santamaría, Alfonso Alonso y José Luis Ayllón, pusieron el acento en que era una cuestión que había gestionado personalmente Margallo y que nada tenía que ver con la Moncloa. "Nosotros somos el Gobierno".

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