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El TSJC se convierte en la pasarela del separatismo catalán con Miquel Roca como estrella

Irene Rigau y Joana Ortega se convierten en mártires del 9-N y Antonio Baños, candidato de la CUP, promete a los convergentes que "habrá acuerdo".

(Barcelona)
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El show organizado por los separatistas a las puertas del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) ha soliviantado a los magistrados, que entre la primera declaración por el 9-N, la de Irene Rigau, y la segunda, la de la exvicepresidenta Joana Ortega, han emitido un comunicado en el que acusan a los convocantes, entre los que incluyen a representantes públicos, de "cuestionar la legitimidad de los jueces y tratar de influir en su toma de decisiones". Según el TSJC, es "especialmente grave" la presencia de "representantes públicos, algunos de ellos con funciones de gobierno".

Por la mañana, Irene Rigau, consejera de Enseñanza en funciones, fue la primera imputada por el 9-N en pasar ante el "juez" Joan Manel Abril (abogado del Consejo Judicial de Andorra nombrado para el TSJC a propuesta de CiU y ERC en el parlamento catalán), instructor del caso 9-N por el que se imputan a la antedicha, a Artur Mas y a la exvicepresidenta del gobierno regional Joana Ortega los delitos de desobediencia, malversación de caudales públicos, usurpación de funciones y prevaricación.

Llegó arropada por por todos los diputados de Juntos por el Sí, con Lluís Llach y Raül Romeva en plan estrellas, con Miquel Roca como asesor áulico, con los miembros del gobierno autonómico, salvo Mas. Quien sí estaba, y en primera fila, era el cabeza de lista de la CUP, Antonio Baños, que nada más entrar en el edificio del TSJC la consejera Rigau, fue de los que más fuerte entonó Els Segadors. En el paseo central, unas trescientas personas agitaban esteladas y llamaban "traidor" a Ramon Espadaler, el candidato de Unió que no logró representación parlamentaria.

A la salida, Rigau manifestó que se había negado a contestar al fiscal y a la acusación particular, Manos Limpias, y que al juez le cantó poco menos que las cuarenta hasta el punto de explicarle la diferencia entre "referéndum" y "proceso participativo". Que ella no dio órdenes de ningún tipo para que se abrieran los institutos, que todo fue voluntario y espontáneo, que no recibieron comunicación alguna de ninguna autoridad para que detuvieran el 9-N, que no tiene sensación de haber hecho nada contrario a derecho, sino cumplir un "mandato del Parlament". Ese fue el resumen de la consejera, que a la llegada a la Generalidad fue felicitada por Mas, ya de regreso a las dependencias del Palau. El gobierno catalán se reúne los martes y esta vez el encuentro fue breve, tan breve que no hubo ni acuerdos, de modo que la portavoz y vicepresidenta, Neus Munté, compareció ante la prensa para pedir el apoyo a la exvicepresidenta en su trámite judicial y anunciar que ella misma participaría en el piquete de acompañamiento y en la concentración ante el Ayuntamiento. Ni la nota del TSJC, ni los aspectos más burdos de la mascarada judicial alteran el guión de Juntos por el Sí. Aceptan que el calendario elegido por el TSJC les beneficia, que la división inicial de la fiscalía juega a su favor, que los magistrados están bajo presión (como ellos mismos denuncian en una casi desesperada petición para que no se les echen encima), pero insisten en jugar la baza del victimismo y en aprovechar el TSJC como una pasarela reservada a los separatistas pata negra. La CUP está impresionada.

Baños y los partidarios de Mas

En la sesión matinal, el "cupero" Baños departió con unos seguidores de la Asamblea Nacional Catalana y les prometió que habría acuerdo para investir a Mas con las cámaras de TV3 como testigo. "Si llevamos trescientos años en esto no nos viene de un mes y medio o dos", dijo Baños, quien tranquilizó a los partidarios de Mas sobre el voto de la CUP. "Todos somos independentistas y todos queremos la república catalana".

Por la tarde se concentró menos gente en apoyo de la exvicepresidente Joana Ortega, ya al margen de la primera línea política pero todavía miembro de Unió, el partido de Duran Lleida. Esa filiación unida a la lluvia aflojó la presencia de público, convocado por el gobierno regional, los partidos y organizaciones separatistas. Al cabo de su declaración y a diferencia de Rigau, Ortega asumió toda la responsabilidad de la logística del 9-N, aunque coincidió con su excompañera de gobierno en que no fue "consciente" de desobedecer al Tribunal Constitucional ni a ninguna otra autoridad del Estado. Declaró también que el Gobierno de Rajoy se dedicó a menospreciar antes y después el 9-N, que "pudo haberlo impedido pero no hizo nada" y que sólo tras "el éxito del proceso participativo" se alarmó. Según dijo, en tal "proceso" participaron 2.340.000 personas, una cantidad muy superior al voto obtenido por los partidos separatistas el pasado 27 de septiembre.

Encuentro con el Rey

La jornada política catalana fue especialmente intensa. Mientras su consejera de Enseñanza declaraba, el presidente en funciones de la Generalidad se encontraba con el rey Felipe VI en la apertura del Foro Iberoamericano.

Ha sido la primera visita del monarca a Barcelona tras el 27-S y casi ni hubo intercambio de cordialidades. La agenda impidió que Mas acompañara a Rigau, pero entró con ella en la sala de reuniones con la prensa convocada para tomar nota e imágenes del instante. Por la tarde tampoco pudo acudir a arropar a Ortega. Mas pretende mantener intacta su imagen "institucional".

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