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Mas cierra Convergència y abre Democràcia i Llibertat

El presidente en funciones entierra el nombre del partido de Pujol y el tres por ciento: "Un país nuevo necesita un partido nuevo".

(Barcelona)
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Artur Mas y Francesc Homs durante un mitin. | EFE

El partido que fundara Pujol en el monasterio de Montserrat en 1974 ya es historia. Su actual presidente, Artur Mas, ha enterrado las siglas del partido. "Un país nuevo necesita un partido nuevo", ha proclamado Mas. De la refundación se ha pasado directamente al funeral y alumbramiento de una nueva marca para designar a los convergentes, Democràcia i Llibertat, el DiLl con el que ya concurrirán en las próximas generales del 20 de diciembre.

La confesión de Jordi Pujol el 25 de julio de 2014 sobre la "pequeña" fortuna oculta al fisco en Andorra fue el golpe definitivo para el partido y el sistema clientelar establecido en su entorno a partir de su acceso al poder autonómico en 1980. El régimen del 3% se combinó con un vasto programa de desespañolización de Cataluña e implantación de una nueva "conciencia" nacional. Durante más de tres décadas, Pujol ejerció de padre de la patria mientras sentaba las bases de una enorme fortuna familiar y los principios de un catalanismo que debía desembocar en la independencia.

Tras esa confesión, el crédito de CDC cayó en picado. Pero las investigaciones sobre el 3% llevaban tiempo en marcha, desde que estallara el caso del Palau de la Música a finales de la década pasada. Las pruebas se acumulan en los despachos judiciales, tanto de la Audiencia Nacional, de la de Barcelona o del juzgado de El Vendrell (Tarragona), que lleva a cabo el grueso de la investigación sobre el relativo al cobro del citado porcentaje por la adjudicación de contratos y obras.

De la refundación al derrribo

La corrupción es el gran lastre de CDC y Mas para llegar a un acuerdo de investidura con la CUP, una objeción casi insalvable para los diputados de extrema izquierda. Es también una losa electoral. El partido del tres por ciento y del clan Pujol, corrupción en todas sus declinaciones. De ahí que de la refundación se haya pasado al derribo y la creación de una nueva marca. Democràcia i Llibertat es lo mismo, del mismo género y con los mismos dirigentes, pero se desprende de una marca tóxica, un nombre que siempre irá asociado a la laminación de los derechos individuales en Cataluña, la creación de una espesa red clientelar y la corrupción como método y sistema.

Declive electoral

Es una operación de imagen, un cambio cosmético, pero supone también el reconocimiento implícito de que ni sus propios herederos confían en la viabilidad de un partido que se desmorona en las encuestas y que ha camuflado su declive en las pasadas autonómicas en el seno de la plataforma Junts pel Sí. En 2010, CiU obtuvo 62 diputados. En 2012, bajó a 50 cuando sus encuestas le garantizaban la mayoría absoluta (68). Con ERC, que partía de 21 en el 2012 y era la segunda fuerza, ha vuelto Convergencia, ya sin Unió, a la marca de 2010, los 62 diputados. Los "socialcristianos" no han obtenido representación. Dadas las circunstancias, ERC ha renunciado a repetir la experiencia de la coalición con los convergentes para las generales. Y en la hipótesis de que se tengan que celebrar nuevas elecciones autonómicas en Cataluña, también se ha descartado la candidatura conjunta. Democràcia i Llibertat, Mas y sus fieles, están solos.

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