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Moncloa y Génova escenifican la paz pese a las fricciones y la descoordinación

Santamaría participará en la convención de Barcelona, en la que también estará Cospedal. "Somos una piña", dice el entorno de Rajoy.

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Moncloa y Génova escenifican la paz pese a las fricciones y la descoordinación
Reunión del Comité de Dirección del PP | Tarek/PP

Mariano Rajoy quiere acabar de una vez por todas con los titulares de división interna. Una solución, al menos, de cara a la galería. Este sábado, se reeditará otra vez una fotografía en la que se tratará de vender unidad, pero en esta ocasión con dos actores clave que no estuvieron sonrientes en el vagón del AVE camino a Sevilla. Estará Soraya Sáenz de Santamaría, la filtradora del malestar de Moncloa con los jóvenes vicesecretarios según se desliza desde Génova. Y estará también María Dolores de Cospedal, distanciada con ella y que sigue manteniendo el control del partido pese a que ahora no se prodigue tanto ante los medios de comunicación.

La instantánea, que se llevará a cabo en Barcelona en el marco de una convención sobre la unidad de España, tiene bastante miga en clave interna. "Somos una piña y cada piñón tiene su papel", se enfatizó desde el entorno del presidente, siempre incómodo ante las noticias sobre la vida interna de su partido. Si bien, los problemas entre la Moncloa y Génova no son nuevos, y ni mucho menos llegaron con la irrupción de Pablo Casado, Javier Maroto y el resto de nuevos portavoces.

Durante la pasada legislatura, la falta de coordinación fue una constante, y las fricciones muchas. Las acusaciones entre ambas casas fueron parte de la vida política. El PP se quejaba de que no se les informaba de las medidas que iba a tomar el Ejecutivo y la vicepresidenta esquivaba toda cuestión espinosa -como las relativas a Luis Bárcenas- y lanzaba la pelota al tejado de Génova. Mientras, desde el Gobierno lamentaban que su partido no daba la cara por él, y menos por el presidente. Por un lado, Santamaría. Por otro, Cospedal. Y, entre medias, un Rajoy que durante largo tiempo ha dejado que la tensión fuera a más entre ambas.

Tras la hecatombe de las autonómicas y municipales, Rajoy hizo cambios en Génova y finalmente los evitó en el Ejecutivo, aunque algunos deslizaron que Sáenz de Santamaría a punto estuvo de perder -al menos en parte- su enorme poder institucional. Llegaron "los Maroto, los Casado y Eva -Andrea- Levy", como él mismo los calificó recientemente. También el eficiente Fernando Martínez-Maíllo. Cospedal abandonó la sala de prensa para "ejercer" en los despachos, y los nuevos portavoces empezaron a ganar gran protagonismo. Mientras, el papel público de Santamaría menguaba, más aún con el Gobierno en funciones.

El presidente recuperó la costumbre de reunir al Comité de Dirección en la sede nacional, pero Moncloa y Génova seguían pareciendo dos cosas completamente diferentes, sin nexo de unión salvo el propio Rajoy. Y llegó la portada de El Mundo del uno de abril: "Moncloa arremete contra los portavoces más jóvenes del PP". Le preguntaron a la vicepresidenta al término del Consejo de Ministros: "El presidente agradece su labor", contestó. Si bien, a renglón seguido, reivindicó el trabajo de su equipo en la lucha contra la corrupción. "No estuvo muy afortunada", se dijo al unísono desde la zona noble de Génova.

Ya entonces, en la sede de la formación se instaló la tesis de que Santamaría fue una de las filtradoras del supuesto enfado con los vicesecretarios "limpios y puros", entre otras cosas, por su firmeza contra Rita Barberá. "Sé perfectamente donde se produce la conversación" y que "las fuentes son las que son", admitió Maroto el martes en Antena3. "A pesar de tener esa información, la sintonía en lo personal, en lo ideológico y en lo generacional también se produce (…) lo digo desde la convicción, el cariño y el respeto a una vicepresidenta que hay que defender", añadió prácticamente señalándola.

Desde el entorno de Rajoy en la Moncloa se negó este extremo, pero en Génova se dio por descontado, y molestaron todavía más sus palabras tras el Consejo de Ministros. "Antes nunca hablaba del partido, y ahora no para de hablar de nosotros", se quejaron en el seno de la dirección nacional. "Son celos", zanjaron algunos de los protagonistas de la historia, que apuntaron a la carrera sucesoria como motivo de las filtraciones. En todo caso, tal y como publicó este diario, Rajoy ya ha dejado claro internamente que él será el candidato en caso de nuevas elecciones, que es el escenario que él considera más probable.

Según las fuentes consultadas, a los vicesecretarios se les recordó al más alto nivel que ejercen "como portavoces del PP" y que no sólo pueden pensar en ellos. Si bien, precisaron, una cosa es eso y otras las intenciones de la vicepresidenta, "a quién se le ha visto el plumero", según un miembro de la cúpula. Una tensión de la que Rajoy no quiere oír hablar más, y de ahí que nadie vaya a faltar el sábado en la ciudad condal.

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