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El fiscal Horrach saca toda la artillería en defensa de la infanta Cristina

El fiscal del caso Nóos ha cargado contra el "andamiaje sobre conjeturas y sospechas" del juez Castro y Manos Limpias contra doña Cristina.

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El fiscal Horrach saca toda la artillería en defensa de la infanta Cristina
Fiscal Pedro Horrach en el juicio de Nóos | EFE

No se recuerda a un fiscal tan obstinado en la defensa de un imputado como Pedro Horrach con la infanta Cristina. No solo clama al cielo por la inocencia de la hermana e hija de Rey cual abogado defensor, sino que carga con todas sus fuerzas procesales y dialécticas contra quienes vinculan cualquier atisbo delictivo con su protegida. El representante de Anticorrupción en el caso Nóos ha agotado este miércoles una de sus últimas balas –y probablemente la de mayor calibre– en su intervención a raíz de de la exposición del informe final.

En la diana, dos objetivos, dos responsables. El primero, José Castro, el juez de instrucción de Palma que acordó la imputación de doña Cristina en un momento avanzado de los más de cinco años de investigación. Después, Manos Limpias, el sindicato conservador que ha mantenido la acusación popular contra la infanta, postulándose como la única parte que pedía condena: ocho años de cárcel como cooperadora necesaria de dos delitos fiscales cometidos desde la empresa matrimonial Aizoon.

Horrach ha simulado una suerte de introspección en las mentes de los que han considerado culpable a la exduquesa de Palma, para sentenciar el funcionamiento de su lógica: "Todo crimen". En la siguiente, ha sido más explícito: "Es Infanta de España, crimen; es licenciada en Ciencias Políticas y trabajadora en La Caixa, crimen; en una ocasión visitó la sede del Instituto Nóos para recoger a su marido, crimen; ni un solo testigo le ha incriminado, crimen". Y en la última, devorado por el afán invocatorio, ha reproducido una proclamación del padre del naturalismo, Émile Zola, en su discurso del Yo acuso: "¡Cuánta vaciedad!".

"Andamiajes y conjeturas" del juez Castro

Una homilía mantenida durante casi cuatro horas e inundada de florituras semánticas ha denotado la profunda preparación de este momento por parte de Horrach. Necesitaba tiempo, por ejemplo, para diseñar la máscara del juez Castro y después quitársela, siempre desde la perspectiva de su estrado. Le ha acusado de construir un "andamiaje sobre conjeturas y sospechas de gran calado y aplauso mediático" para sentar en el banquillo a la infanta de España. Una "persecución", según entiende el fiscal, plagada de "malabarismos jurídicos retorcidos y engañosos" y maniobras que ha definido como "fraude de ley".

En la retahíla de alusiones a autores y fragmentos del pasado, el representante de Anticorrupción ha vinculado el nombre de Castro con el "riesgo de convertir el estado de derecho en un reino de taifas procesal". Un escenario exactamente contrario al que nos hemos dado y Horrach ha puesto en importancia porque no comprende "resoluciones que cobijen convicciones personales”.

Por la imparcialidad de la Fiscalía

Pedro Horrach sabe de lejos que su vehemencia por exonerar a doña Cristina pone en tela de juicio su imparcialidad y engancha a rebufo la hipótesis del escudo sujetado por las altas instancias. Frente a la versión de los titiriteros y los títeres, el fiscal ha manifestado que los miembros de Anticorrupción "no necesitan blindar nuestra independencia". En la siguiente, como acostumbra el conductor de la acusación pública en Nóos, más precisión: "ya somos independientes o se supone que lo somos". En este sentido, ha apelado a la presunción de objetividad e independencia de jueces y fiscales, así como "por la uniformidad en la aplicación de la Ley".

Y en medio del alegato por la imparcialidad, ha traído de nuevo a José Castro. Horrach entiende que las decisiones judiciales se adoptan al margen "de las conjeturas que nutren los medios de comunicación" y ha lamentado que "si de algo adolecen algunos es de su condicionamiento mediático", clara referencia al juez de instrucción. La reflexión final ha sido propia de un empecinado en mitificar su vocación: "Una cosa son las pruebas y otra, aceptar los juicios paralelos".

Cruce de facturas falsas

Horrach ha apuntado al continuo cruce de facturas falsas entre las entidades del entramado urdido por Iñaki Urdangarin y Diego Torres en torno al Instituto Nóos, que "no responden a una actividad real" y cuyo objetivo pasaba por defraudar al fisco -incrementando ficticiamente los gastos y rebajando la cuota del impuesto de sociedades a tributar- así como por "ocultar el desvío y el drenaje de fondos públicos desde el Instituto a sus sociedades vinculadas" y controladas por ambos exsocios.

En un momento de su intervención, el fiscal ha aludido al informe que al respecto entregó a la causa la Agencia Tributaria, que calcula en ocho millones de euros el importe total de las facturas que se cruzaron dentro del conglomerado empresarial de Nóos. El dictamen destaca cómo "con mucha frecuencia" las facturas se emitían bajo conceptos "extremadamente genéricos o imprecisos", la mayoría de ellas tenían importes "redondos" al tiempo que se han verificado, además, duplicidades respecto a proveedores externos del conglomerado empresarial, "incongruencias" así como "casos notorios de inexistencia del servicio pretendidamente prestado y, en el extremo, de falsificación material de la propia factura".

Recta final del juicio

El Tribunal que juzga el caso Nóos ha comunicado la fecha en que previsiblemente quedará visto para sentencia. Será el próximo 22 de junio, dentro de una semana, cuando Urdangarin, Torres y la infanta entreguen su futuro judicial a las tres magistradas encargadas de elaborar la sentencia.

Antes, llegarán momentos de oro para los principales protagonistas de este proceso. Entre el resto de las partes personadas, Manos Limpias alzará la voz contra doña Cristina mediante la abogada Virginia López Negrete; Manuel Gónzález Peeters como letrado de Diego Torres podrá redondear una actuación interesante desde la defensa y los representantes judiciales de Urdangarin y la infanta deberán justificar el porqué de su asiento. Los acusados en el banquillo podrán, si lo desean, hacer uso de su turno de última palabra para dejar un mensaje final con más calado mediático que nunca.

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