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Los imputados por el hacinamiento de 250 cadáveres en la Complutense echan “balones fuera”

Han declarado el decano de Medicina y el exdirector del departamento donde aparecieron por denuncia de una trabajadora que contrajo cáncer.

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Los imputados por el hacinamiento de 250 cadáveres en la Complutense echan “balones fuera”
Universidad Complutense de Madrid | Archivo

Cada detalle hace más escandalosa esta historia. Surge a raíz de la denuncia de Pilar Mansilla, trabajadora de una década en el departamento de Anatomía y Embriología Humana de la Universidad Complutense de Madrid, concretamente del módulo segundo. Contrajo cáncer y otras patologías respiratorias en el desempeño de sus funciones, cuando a priori su empleo no entrañaba ningún riesgo. Hasta que, como publicaron los medios de comunicación en mayo de 2014, se descubrió la bautizada como "sala de los horrores".

Como sucede en el común de las facultades de Medicina, ese departamento concreto de la Complutense guardaba cadáveres, cuerpos donados a la ciencia para la experimentación. Lo normal, si no fuera por las indignas circunstancias en las que se han ocultado durante años estos restos humanos. La denuncia, a la que posteriormente se adhirieron más trabajadores con un amplio catálogo de enfermedades, detalla las condiciones en las que se hallaban las salas con tres sectores diferentes en función del estado de la materia.

Habla de hasta 250 cadáveres hacinados en la facultad. Algunos en los sudarios concentrados en cámaras frigoríficas más o menos fresco para su uso pedagógico; otros en bañeras de formol que rebosaban por exceso, con zonas descubiertas putrefactas y plagadas de insectos. Y el peor, el secadero, con cuerpos desmembrados y cabezas ya utilizadas esperando para ser incinerados. Según defendió en un primer momento el director de ese módulo segundo del departamento de Anatomía, se acumularon porque el cremador cogió la baja y la sustitución requería de un proceso lento.

Quienes presenciaron aquella escena destacan el insoportable "olor a muerte". Los expertos han concretado que el ambiente estaba plagado de virus y bacterias.

Declaración de los primeros imputados

Llama la atención que figuren como personadas en la causa en calidad de perjudicadas las seis personas que trabajaron en el departamento de Anatomía y Embriología Humana II. Entre ellas, incluso uno que abandonó su puesto al poco tiempo de acceder por miedo y desconcierto ante tan abominable escena. Libertad Digital ha podido hablar con el abogado que representa a cuatro de los empleados, que ha estado presente en las primeras dos declaraciones de imputados en el Juzgado de Instrucción nº37 de Madrid.

Han comparecido el decano de la Facultad de Medicina y, más importante, el ya exdirector del departamento de Anatomía II, José Ramón Mérida. Según el abogado de los trabajadores, la declaración del primero ha sido "bastante más técnica". Aunque, en cualquier caso, parece que "prácticamente está puesto por el Ayuntamiento, nadie tiene responsabilidad de nada". Para el testimonio de Mérida ha traído palabras más agresivas, por ejemplo lo ha calificado de lamentable. Con una batería de argumentos.

Porque sistemáticamente "ha echado balones fuera". Primero ha atribuido la culpa a "la dejadez de funciones" y después a gerencia y rectorado, liderada desde el pasado año por el catedrático de izquierdas y excolaborador de Cadena SER, Carlos Andradas. En palabras del letrado, ha dicho que "él no tiene responsabilidad ninguna y que haya cadáveres hacinados es algo que, según sus palabras, viene pasando desde 25 años atrás".

Testimonio "lamentable"

"La declaración del señor Mérida ha sido lamentable. Hasta el punto que ha dicho que son los propios trabajadores los culpables al padecer lo que han padecido por no limpiar el suelo, la lumbalgia la han padecido porque les da la gana y por no pedir los medios necesarios. Ha parecido una declaración esperpéntica, no de un director de departamento que todavía está como profesor de esa facultad", ha añadido el abogado.

El mismo ha manifestado que eran los propios trabajadores quienes compraban con su dinero insecticidas para los cadáveres, que al parecer se reutilizaban. Según ha dicho, lo que se denuncian son "las condiciones higiénico laborales en las que han estado durante tanto tiempo como consecuencia de la exposición al formol y las enfermedades derivadas". El director, José Ramón Mérida, no se exponía porque "tenía problemas en los ojos".

Aunque no existe una legislación unificada en materia de Sanidad Mortuoria, sí había un protocolo de actuación e higiene que el módulo primero del mismo departamento cumplía. Mañana declaran otros dos investigados: el gerente de la facultad de Medicina y el director de Prevención de Riesgos Laborales de la Universidad Complutense de Madrid.

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