Menú

El presunto pederasta de Ciudad Lineal alarga su silencio en el juicio

La Audiencia Provincial de Madrid ha acogido el arranque de una vista en la que Antonio Ortiz se enfrenta hasta a 126 años de cárcel.

0
Antonio Ortiz en el banquillo de los acusados | EFE

Ni ha reconocido los hechos en fase de investigación, ni los reconocerá durante el juicio. Según el relato de la Fiscalía, Antonio Ortiz perpetró cuatro agresiones sexuales, cuatro delitos de detención ilegal y uno de lesiones. Los cometió a costa de cuatro niñas de 5, 6, 7 y 9 años y el Ministerio Público solicita que se le condene a 77 años de cárcel, 40 más de libertad vigilada y una indemnización de 426.300 euros para las víctimas. Una de las familias incluye además dos homicidios en grado de tentativa y eleva la reclamación a 126 años de prisión.

En cualquier caso, la Fiscalía ha comunicado que, en base al marco legal, Ortiz permanecerá en prisión un máximo de 25 años, de los que hay que descontar el tiempo que ha transcurrido desde su ingreso en la cárcel de Herrera de la Mancha. El aspecto corpulento que ha presentado en esta génesis del juicio denota que aún pasa muchas de sus horas de reclusión en el gimnasio del centro penitenciario. Tiempo que ha empleado en alimentar una postura: según su defensa, el presunto pederasta está "cabreado" porque este procedimiento está juzgado de antemano. Y pide la absolución.

El lugar del crimen

El desarrollo de los indicios enmarca las cuatro agresiones en un perímetro cercano al barrio madrileño de Ciudad Lineal. La primera se produjo el 24 de septiembre de 2013, cuando Ortiz abordó a una niña de cinco años en un parque infantil. Le dijo que conocía a su madre y que tenía que darle unas bolsas, una mentira que le sirvió para conducirla al interior de su vehículo, donde abusó de ella. Después la abandonó en una caseta de jardinería, donde dos personas la encontraron y llevaron a su casa.

Casi siete meses más tarde, el 10 de abril de 2014, engañó a una chica de nueve años cuando salía con dos amigas de una tienda de chucherías. Le prometió que le regalaría ropa y entonces la introdujo en su coche, la drogó y la trasladó hasta un inmueble para consumar la violación. En un intento frío de eliminación de pruebas, duchó a la pequeña para abandonarla posteriormente en una parada de Metro.

Su vil voracidad creció hasta consumar los otros dos actos en un periodo más breve. El 17 de junio de 2014 repitió modus operandi con engaños a una niña de seis años. La empujó hasta un lugar apartado y ejecutó la agresión sexual. También en este caso obligó a la menor a lavarse en la ducha antes de abandonarla en la calle. Dos meses más tarde, el 22 de agosto, se abalanzó sobre la última chica de siete años aprovechando un segundo en el que se separó de su hermano y de su tío, con quienes jugaba cerca de un parque.

Avalancha de pruebas

La acusación popular que conduce Ángeles López sostiene que hubo muchas más agresiones. Aunque las cuatro señaladas anteriormente dejaron un rastro que lapida a Ortiz: "Hay pocos casos con tanta carga probatoria como este",reconoció el Servicio de Atención a la Familia de la Policía Judicial de Madrid. A las huellas y el ADN hallados en la casa de los horrores del presunto pederasta hay que añadir las ruedas de reconocimiento con el acusado como autor unánime y el retrato robot que elaboró una de las víctimas.

Se trata de la niña dominicana de 7 años. Ortiz cometió el error de retenerla en el coche mientras bajaba a comprar una crema. La cámara de un autobús urbano capto su imagen y después, esta chica colaboró de forma trascendental con la investigación: recordaba los números de serie de la ventanilla trasera del coche y que su raptor sudaba mucho y llevaba una bolsa y toalla con el mismo logo. Eran los efectos personales del gimnasio de Hortaleza donde este adicto a los anabolizantes trabajaba su cuerpo diariamente.

La Policía ató cabos, intervino los movimientos de miles de líneas telefónicas, comprobó los automóviles utilizados y redujo la lista de sospechosos de tres a solo Antonio Ortiz. Entonces, el cerco obligó al acusado a huir a la casa que poseían sus tíos en Santander. Los geos lo detienen el 24 de septiembre a las 7 y media de la mañana y, cuando registran su vivienda habitual, encuentran restos de sangre de la niña que más detalles dio para llegar hasta él.

A puerta cerrada

Esta realidad de terror desató una gran alarma en la capital durante más de un año y medio. Cristina Cifuentes, entonces delegada del Gobierno, calificó al pederasta como el "enemigo público número 1". La Policía coordinó un operativo especial con cámaras de seguridad en algunos parques de la capital que desembocó en la llamada Operación Candy, por las golosinas que empleaba Antonio Ortiz.

Este proceso se alargará alrededor de dos meses. En esta primera sesión y después de que Ortiz confirmara que seguirá sin colaborar con la Justicia, han comenzado los visionados de vídeos con los testimonios que se tomaron a las víctimas. Estas exploraciones, en términos jurídicos, se reproducen a puerta cerrada para salvaguardar el derecho a la intimidad de las niñas.

Casi un centenar de testigos, entre ellos policías y familiares, comparecerán entre el 20 de octubre y el 24 de noviembre. La pericial empezará un día después y ya en diciembre conoceremos los informes finales y la última palabra. El Tribunal tendrá para entonces, y aunque Ortiz no hable, un arsenal de pruebas suficientemente sólido para dictar sentencia.

En España

    Recomendado

    Lo más popular

    1. Ultras de izquierda boicotean el acto de VOX en Murcia: "Os mataremos como en Paracuellos"
    2. Federico: "Casado ha perpetrado la mayor traición del PP a sus votantes desde Rajoy en 2008"
    3. Decimoséptima edición de 'Memoria del comunismo' de Federico Jiménez Losantos
    4. El Gobierno no descarta fletar cinco Falcon para desplazarse a Valladolid
    5. Desmontando el pasado de Mónica Hoyos: ¿es quien dice ser?
    0
    comentarios

    Servicios