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Los grandes retos de Cospedal al frente del Ministerio de Defensa

Los presupuestos de 2017, los pagos pendientes por los PEAs, cambios en la cúpula militar, nuevas misiones en el exterior...

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Los grandes retos de Cospedal al frente del Ministerio de Defensa
La ministra Cospedal, pasando revista. | LD

María Dolores de Cospedal tomó posesión como ministra de Defensa el viernes 4 de noviembre. Se convertía así en la undécima responsable de esta cartera desde el inicio de la democracia -sin contar la interinidad de Alfredo Pérez Rubalcaba en 2008 durante poco más de un mes- y en la segunda mujer que ostenta esta responsabilidad tras la socialista Carmen Chacón. Muchos y difíciles son los retos que deberá afrontar durante su mandato.

La crisis económica supuso el comienzo de las políticas de austeridad y, con ellas, unos recortes presupuestarios que han tocado de lleno a este departamento, lo que hace que las Fuerzas Armadas españolas coqueteen en los últimos años con la línea roja de la inoperatividad. La gran mayoría del presupuesto del ministerio va destinado a pagar personal (75 por ciento) y los números destinados a la inversión o el adiestramiento son preocupantes.

Programas Especiales de Armamento (PEAs). Estos programas son la base de la modernización de las Fuerzas Armadas. Hasta ahora se venían pagando en gran medida a través de créditos extraordinarios que el Gobierno aprobaba durante los meses de verano, pero una sentencia del Tribunal Constitucional del pasado mes de julio declara inconstitucional el uso sistemáticos de decretos-ley para aprobar este método de pago y anulaba el solicitado en 2015.

La situación actual es que están pendientes los pagos a la industria de Defensa española y europeo de los años 2015 y 2016. Para colmo, ya se debería estar pensando cómo hacer frente a la anualidad de 2017. El Ministerio deberá, por una parte, negociar con la industria cómo se hacen efectivos esos pagos pendientes -ya hubo que hacerlo cuando el Gobierno Zapatero dejó de pagar- y, por el otro, pensar en cómo pagar 2017, que debería ir incluido en las cuentas públicas para el próximo año.

Por si fuera poco, algunos de estos programas se encuentran en una situación delicada y deberá estar pendientes de ellos. El submarino S-80 acumula demasiados retrasos y sobrecostos y sus unidades llegan muy justas para entrar en activa al final de la vida operativa de los S-70. El avión de transporte A400M es carísimo para la economía española y casi la mitad de los comprometidos serán dedicados a la exportación, por lo que hay que buscar países compradores para ellos.

Presupuestos de Defensa 2017. Esta debería ser la primera gran batalla a la que tendría que hacer frente Cospedal en el cargo. En la actualidad el presupuesto de Defensa es algo superior al 0,7 por ciento del PIB, casi un 30% menos del que había en 2008 y muy lejos del 2% que recomienda la Alianza Atlántica para sus miembros. Como ya se ha explicado, el 75 por ciento va principalmente destinado al pago de personal.

El nuevo presupuesto debería aumentar considerablemente para hacer frente a los PEAs del próximo año, a una parte de la deuda de los PEAs de años anteriores, y para aumentar las capacidades de adiestramiento y mantenimiento de una Fuerzas Armadas que no deben continuar en la línea de recortes actuales si España no quiere enfrentarse a un problema de seguridad en el futuro, con la consecuente pérdida de prestigio internacional.

Nueva cúpula militar. No es obligatorio por ley, pero la costumbre es que cada nuevo ministro renueve la cúpula a su llegada al cargo, siempre y cuando esa cúpula lleve al menos cuatro años en el cargo. El puesto más importante es el de Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), con rango ministerial de secretario de Estado. La norma no escrita dice que el cargo es rotatorio entre los tres Ejércitos, y dado que el actual (Fernándo García Sánchez) pertenece a la Armada y el anterior (el podemita José Julio Rodríguez) era del Aire, ahora tocaría al Ejército de Tierra.

El nuevo JEMAD, si lo hay y se cumple esta norma no escrita, debería salir entre los rangos de General del Ejército (general de cuatro estrellas) -actualmente solo hay uno en Tierra, el JEME Jaime Dominguez Buj- o entre los tenientes generales (generales de tres estrellas), de los que actualmente hay once en el Ejército de Tierra. Podría darse el caso de que se eligiese a un general de división (dos estrellas), pero en ese caso sería ascendido a teniente general antes de ser nombrado.

Una vez designado en nuevo JEMAD, lo normal es designar a nuevos jefes de los tres ejércitos, es decir, al nuevo Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra (JEME), al Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada (AJEMA) y al Jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire (JEMA).

Nuevas misiones en el exterior. La nueva ministra lleva al cargo con unas Fuerzas Armadas presentes en más de una veintena de escenarios en diferentes continentes. Un despliegue que va en aumento y que tiene varios puntos de vista inmediatos. Los dos primeros tienen relación con misiones recién aprobadas o cuya autorización están incluidas en las unidades que están a disposición de la OTAN, es el caso de la nueva misión de la Alianza Atlántica en el Mediterráneo (España aportará una patrulla de vigilancia marítima y el submarino S-73 Mistral) y la misión de observadores de paz que ha partido esta semana hacia Colombia.

Pero deberá llevar al Congreso una aumento de tropas y al menos una nueva misión. La situación de interinidad ha impedido que se autorice el aumento de tropas desplegadas en Irak en la lucha contra Estado Islámico. La previsión -desde el pasado mes de enero- es que al menos 40 guardias civiles vayan al país para formar a la nueva Policía Federal iraquí. También es posible que se aumente la cifra de personal de las Fuerzas Armadas desplegadas en el país.

La nueva misión, planteada por el exministro Pedro Morenés hace pocas semanas, es la incorporación de un batallón en el despliegue que los aliados euroatlánticos está realizando en Europa del Este, en lo que se denomina el muro anti-Rusia de la OTAN. Estos militares españoles estarían desplegados en Letonia bajo mando canadiense. Podría darse el caso de que también se hiciese algún despliegue en la parte del muro que estará en Rumanía.

Asimismo, está previsto que un destacamento del Ejército del Aire participe por tercer año consecutivo en la misión de Policía Aérea en el Báltico de la OTAN. El destino todavía no está claro, si sería en Ämari (Estonia) como en 2015 o en Siauliai (Lituania) como este año 2016. Lo que sí parece ya decidido es que los cazas desplegados serían F-18, al contrario de estos dos últimos años en los que se han mandado Eurofighter Typhoon.

Nuevos programas de armamento. Las Fuerzas Armadas españolas han sido renovadas en las últimas decadas a través de los denominados PEAs, pero todavía se necesitan nuevos programas para sustituir a lo que va quedando obsoleto. Actualmente hay tres programas que han recibico luz verde en los últimos meses: el 8x8 para el Ejército de Tierra, las fragatas F110 para la Armada y los drones MQ-9 Reaper.

Toca pensar ahora en como suplir algunas capacidades que se han visto reducida en los últimos meses al darse de baja algún material, como es el caso del reabastecimiento en vuelo. También se hace necesario empezar a contemplar soluciones al final de la vida operativa de los cazas Harrier (para 2025-2030) y los F18 (con un poco más de vida), para los que solo parece existir la opción de los carísimos F35B (para el Harrier) y F35A (para los F-18).

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