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Las 'confesiones' de Pujol Junior: "No tengo para vivir" y "soy Saza en 'La escopeta nacional'"

El primogénito de los Pujol Ferrusola acuña varias frases para la historia del nacionalismo y la corrupción en su declaración en la Audiencia Nacional

(Barcelona)
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Las 'confesiones' de Pujol Junior: "No tengo para vivir" y "soy Saza en 'La escopeta nacional'"
Jordi Pujol Ferrusola, acompañado por sus abogados | EFE

Jordi Pujol Ferrusola sabía que iría a parar a la cárcel y se creía preparado para ello, aunque al final de la declaración ante el juez de la Audiencia Nacional José de la Mata sufrió un ligero mareo. Hasta ese momento, había estado en su línea, ágil en las respuestas, en ocasiones displicente, en otras ácido, retador, impertinente y hasta chistoso. Aguantó en su papel de hijo protector de unos padres provectos. Él, afirmó, se encargaba de todo. Gestionaba las finanzas familiares. Repartía el dinero entre sus hermanos, a los que avisaba con una llamada. A veces se lo ingresaba en efectivo. Otras, lo invertía.

900.000 euros en billetes de 500

Cuando De La Mata y la fiscal Belén Suárez le preguntaron por la entrega de novecientos mil euros que recibió de un empresario mexicano en Andorra, Pujol Junior explicó que conocía al intermediario que le daba en mano el dinero por una clave. ¿Cómo en mano? ¿En efectivo? Y ahí salta el genio irreprimible de la saga: "Novecientos mil euros en billetes de quinientos ocupan muy poco", declara el investigado. Pujol Junior ha heredado de su padre la capacidad para la gesticulación y la verbosidad sentenciosa.

En la miseria

"No tengo para vivir", añade. Ingresa unos dos mil euros al mes de un préstamo que con retrasos le devuelve un socio francés. Desde que le bloquearon las cuentas en 2015 está canino, sostiene en contra de la versión pericial que le atribuye un cierto papel en la distracción al fisco y al juzgado de treinta millones de euros en los cuatro años que lleva la etiqueta de investigado. Muy poca gente le coge el teléfono, lamenta. Hay un empresario mexicano que le debe dinero de unas inversiones fallidas.

Imitando a Sazatornil

Quien se definiera como "dinamizador económico" va ahora de apestado y se presenta como el vendedor catalán que interpretara José Sazatornil, Saza, en La escopeta nacional de Berlanga. De ese tenor fue uno de los últimos negocios de Junior, según alega. Invirtió en casinos en México pero en cuanto a los beneficios, "me daban largas". "Es como Saza, que va a Madrid a vender interfonos y acaba pagando la cacería y la fiesta sin vender nada". Lo cuenta imitando a Sazatornil. Parece la viva imagen del catalán al que le roba España y es el mismo hijo de Pujol que se choteó de los diputados del Parlamento catalán en la comisión por donde desfilaron todos los miembros del clan. En aquella ocasión, le mandó un recado a Artur Mas, que todavía era presidente de la Generalidad. "Es mi amigo y yo no necesito que los amigos de verdad me llamen todos los días", declaró a preguntas sobre sus vínculos con el hereu político de su padre.

Madre florero

En cuanto a su madre, un florero, responde el primogénito. El juez y los investigadores sostienen lo contrario y adjudican a Marta Ferrusola un papel determinante en las finanzas del clan y en el diseño del entramado societario. "Mi madre no está para esos trotes", zanja protector. También velaba y vela por sus hermanos, en especial a Oriol, de quien cuenta que se deshizo de su parte del legado del abuelo Florenci cuando empezó a escalar en la política. Los demás hermanos estaban "tranquilos" y no hacían preguntas. Sólo Mireia, la menor, se quejó de la falta de resultados de algunas de las inversiones. Y uno de esos fracasos, el de los casinos en México, cuenta Junior, fue lo que le costó el matrimonio.

Medidas contra los padres

Se teme que Marta Ferrusola y Jordi Pujol puedan sufrir la misma suerte que su hijo, cuyo ingreso en prisión ha puesto fin a los privilegios que amparaban a la familia del expresidente de la Generalidad en el curso de las prolijas investigaciones sobre el origen de la colosal fortuna familiar y el modus operandi. Junior, el hereu, primogénito de siete hijos, ha caído tras cinco años de acumulación de pruebas, dos y medio después del derrumbe de su padre, cuando ya se había consolidado la especie de que los Pujol tenían material más que suficiente para llevarse por delante a políticos, jueces, policías, empresarios y periodistas por decenas.

De ahí se infería que todos los miembros del clan gozaran de una libertad de movimientos absoluta mientras el volumen de lo sustraído a la luz de las investigaciones crecía y crece hasta cantidades tan escandalosas como extraordinarias. El tesoro de los Pujol es fabuloso, inversamente proporcional al afán de la familia por aparentar que vive del aire, sometidos sus miembros a una monacal austeridad y al estigma de la presunción de culpabilidad.

El patriarca había vuelto a dar sermones en petit comitè y recomponía el tejido de sus relaciones. Ya no era estrictamente un apestado a pesar del cordón sanitario que sus exsubordinados en activo han establecido en público. Artur Mas, que empezó con Jordi Pujol Ferrusola en la empresa familiar de los Prenafeta, mantiene el contacto frecuente y la actitud de respeto a su padrino político.

En relación al separatismo, el caso Pujol ya no es relevante. Un asunto de "patrimonio familiar", zanjó Carles Puigdemont en la última sesión de control. El daño provocado en la causa ha sido reparado, por lo que la presencia de 'Junior' en el mismo establecimiento que Ignacio González es a efectos políticos pesca de río en comparación con la caza de ballenas de la operación Lezo. Sólo el 3% podría incidir en el curso de la fase final del proceso, pero el reciente relevo de los fiscales del caso no es una medida que vaya encaminada a agilizar el expediente.

Instrucción en riesgo

Los Pujol han estado a punto de desmontar todas las causas relativas a sus negocios por la vía de invalidar la obtención de pruebas y otras disposiciones de la instrucción. El juez de la Audiencia Nacional José de la Mata, que heredó el marrón de Pablo Ruz, alegaba en su auto de prisión que Jordi Pujol Ferrusola ha distraído por lo menos treinta millones de euros desde que se iniciaron las investigaciones, allá por 2012. Cabe constatar que en todos esos años no se vio importunado por la más leve medida cautelar tendente al cese de las actividades por la que estaba siendo investigado. Tal vez las últimas actuaciones sirvan para que no prescriba el caso.

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