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José Manuel Maza, el FGE que escuchó y actuó con "serenidad y firmeza"

A los 66 años, ha muerto en Buenos Aires (Argentina) por las complicaciones de una grave infección en el riñón.

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José Manuel Maza, el FGE que escuchó y actuó con "serenidad y firmeza"
José Manuel Maza, fiscal general del Estado | EFE

Los compañeros de José Manuel Maza en la Fiscalía y en la magistratura coinciden en que "era un hombre bueno". Un jurista que, en sus propias palabras, siempre optó por la actuación "serena y firme". En su larga carrera como juez, aprendió a escuchar y a tomar decisiones ajustadas a Derecho y conciliadas con sus colegas de profesión, independientemente de los perfiles. A una semana de cumplir un año como fiscal general del Estado, ha fallecido en Buenos Aires (Argentina), a causa de una grave infección renal complicada por la diabetes.

Muere un padre, un fiel seguidor del Atlético de Madrid y un madrileño que se enamoró de Segovia, la ciudad donde vivía y desde la que se trasladaba a diario para ejercer como FGE. En este tiempo, Maza ha construido una postura sólida respecto al desafío separatista catalán, la cuestión que lo ha ocupado en los últimos meses. Deja querellas contra el Gobierno autonómico y los miembros de la Mesa del Parlamento por rebelión, sedición y malversación; contra los líderes de las entidades que promueven la agitación en las calles y los exdirigentes de los Mossos por sedición; y contra alcaldes de municipios que se comprometieron con el 1-O y con el pulso a la unidad de España por desobediencia, prevaricación y malversación.

Mientras el Partido Popular y el PSOE suavizaban el discurso de cara a las nuevas elecciones en Cataluña y a la vista de las críticas, la Fiscalía de Maza reclamó el ingreso en prisión incondicional de todo el Ejecutivo de Carles Puigdemont y de los miembros de la Mesa del Parlamento que permitieron la declaración de independencia. Porque no existen garantías de que renuncien al desafío a las instituciones –que dura ya años– estando en libertad.

Objetivo pendiente

Maza deja pendiente su gran objetivo cuando aterrizó al frente del Ministerio Público: la reforma que consideró "urgente" de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. "Sería la culminación de mi vida profesional porque da un poquito de vergüenza cuando uno sale al extranjero: somos los únicos en el mundo que tenemos aún el sistema inquisitivo y acusatorio, con fases de instrucción interminables en las que se apilan tomos y donde la misma persona investiga y acuerda prisiones preventivas y otras cautelares". Entregaría a los fiscales la instrucción de las causas, una fase previa donde recopilaran las pruebas y tomaran la decisión de si acusa.

"Me equivocaré yo solito, sin someterme a presiones", avisó en noviembre de 2016 recién nombrado FGE y después, por ejemplo, de firmar un escrito de crítica a palabras de ministros del Partido Popular. Generalmente enmarcado en un perfil conservador, otras veces liberal, Maza sabía que su nuevo puesto "trastornaría su vida privada". Pero no pudo "decir que no. Quizá otra persona más inteligente lo habría hecho. Pero es un honor para mi".

Entrega al Estado de Derecho

Maza ingresó en la carrera judicial en julio de 1976. Se desempeñó como juez decano de distrito y se integró en la Audiencia Provincial de Madrid. Hasta que en 2002 ingresó en el Tribunal Supremo para cubrir la plaza que dejaba vacante el magistrado Adolfo Prego, elegido vocal del Consejo General del Poder Judicial. Por acuerdo del Pleno de 24 de octubre de 2011, ese mismo año obtuvo la plaza en propiedad, cuando Adolfo Prego pidió la excedencia voluntaria.

El episodio más significativo de Maza se remonta a 2012 con un voto particular contra la sentencia que absolvió a Baltasar Garzón en su juicio por la investigación de los crímenes del franquismo: "Resultaría realmente un insulto a la razón afirmar el desconocimiento de cuestiones tan esenciales por un profesional como el magistrado acusado. En todo caso, habría de conducir no a la absolución sino a una condena por prevaricación".

También resalta su oposición a que la Sala Segunda del Tribunal Supremo aplicara la denominada doctrina Botín, que impide juzgar a una persona cuando ni la Fiscalía ni el perjudicado directo le acusan. Lo hizo en el caso de las cesiones de crédito del expresidente del Banco Santander, Emilio Botín. En un episodio más reciente, fue el ponente del auto por el que la Sala Segunda rechazó la querella que Manos Limpias interpuso contra la cúpula de Podemos por presunta financiación ilegal del partido desde Irán y Venezuela.

Más allá de todo, Maza dio la mano uno a uno a todos los asistentes que se acercaron tras su toma de posesión como FGE. Atendió a los medios, siempre tuvo una sonrisa. Fue dura la destitución de Moix, a quien nombró fiscal jefe de Anticorrupción, aunque posteriormente lo respaldó. Pocas más manchas en el historial de una persona con una vida entregada al Estado de Derecho y expuesta continuamente. Poco más que decir. Descanse en paz.

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