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"Soy pacífico" o "estaba borracho": la defensa de los acusados por la agresión de Alsasua

Uno ha limitado el episodio a una discusión por multas a los jóvenes. Nadie se responsabiliza de los golpes a los agentes y sus parejas.

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Banquillo de los acusados por la agresión de Alsasua | EFE

Tuvieron la arrogancia de golpear en octubre de 2016 –todavía supuestamente– a dos agentes de la Guardia Civil y sus parejas en un bar de Alsasua. Son ocho los acusados que se han sentado finalmente en el banquillo –aunque la investigación sugiere una cifra mayor– y ninguno valiente por ahora. Todos los comparecientes en la primera sesión del juicio en el que se enfrentan a condenas de hasta 62 años y medio de cárcel se han desmarcado de la agresión. O no estaban en el garito, o sí presenciaron la escena, pero desde otro lado, o el alcohol les impide recordar con claridad lo sucedido o incluso intentaron tranquilizar a los agresores. ¿A quiénes?

Los abogados que conducen las defensas –los mismos que han patrocinado en los últimos tiempos a ETA y sus miembros– no han alcanzado pactos con la Fiscalía. Defienden que se produjo una pelea de bar cuya competencia para la instrucción y el juicio correspondería a la Justicia navarra. Enfrente, el Ministerio Público ­–en línea con la juez Carmen Lamela de la Audiencia Nacional y los magistrados de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo– aprecia presuntos delitos terroristas en concurso con odio, lesiones y amenazas, lo que eleva exponencialmente la solicitud de condenas.

Defensa de los acusados

Como otros cinco acusados, Jokin Unamuno se enfrenta a 50 años de cárcel. Ha sido el primero en someterse al interrogatorio, contestando únicamente a su letrada. "No me acerqué a los agentes con intención de agredirles. No me reí, ni me mofé, ni insulté a nadie" ha relatado. "Estaba muy borracho, en un contexto de fiesta. Si mi discusión con el teniente generó los hechos, lo lamento". Este joven de 24 años ha reconocido que participó en movimientos contra la presencia de la Guardia Civil y de la Policía Nacional en el pueblo. Según su versión, dijo a las víctimas que "menuda jeta tenían porque se dedicaban a crujir a multas y luego acudían a los bares".

Adur Ramírez ha negado incluso su presencia en el bar Koxka. Ha dicho que, después de una cena con amigos, se marchó solo a casa sobre las 2:30H. "No tenía los hechos muy claros y tenía nebulosa por todo lo que había bebido" en su primera versión ante la Policía judicial: "me enteré por la mañana que habían detenido a Jokin y a Aritz, que eran los dos de mi cuadrilla, por mensajes de whatsapp". Entonces, "¿cómo es posible que el teniente o el sargento le identifiquen como uno de los agresores?", ha preguntado su abogada; "Me gustaría saberlo a mí también, o no dicen la verdad o me confunden con otra persona". Respecto a su participación en actos de colectivos proetarras, ha matizado: "Participé con la charanga, eran días festivos".

Oihan Arnanz se juega la pena más alta, 62 años y medio de prisión y sí estaba en el Kotxa, pero lejos de agredir a las víctimas y encararse posteriormente con la Policía foral de Navarra como establece el sumario, se acercó de acuerdo con su testimonio "para tranquilizar la situación". Negó su presencia en el bar en su primera declaración: "Noté que se me quedaba la cosa grande, me asusté". Ha explicado que aquella noche llevaba ropa diferente a la que consta en la denuncia.

Estos tres acusados permanecen en prisión provisional desde el 14 de noviembre de 2016. Otros cuatro están en libertad tras pasar por la cárcel. Una última, Ainara Urkijo, se enfenta a la pena mínima de 12 años porque no participó en los golpes. En su caso, habría amenazado a la pareja del sargento: "Esto que os ha pasado es por salir de allí arriba, cada vez que salgáis os va a pasar lo mismo así que lo que tienes hacer es no salir de allí", refiriéndose a la casa cuartel de la Guardia Civil de Alsasua.

Relato de los hechos

Si el Tribunal presidido por Concepción Espejel no estima estos delitos, la Fiscalía propone condenas por desordenes públicos, atentado, lesiones y amenazas por los que pide para los acusados entre 18 años y 30 años y medio de prisión. Aunque cuentan con un sumario plagado de indicios que apuntan a la agravante terrorista.

La juez de instrucción Carmen Lamela y la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional compuesta por tres magistrados del mismo órgano jurisdiccional que resolvieron los recursos de los imputados determinaron que los hechos podrían ser constitutivos de delitos de terrorismo en concurso con odio, atentado y lesiones.

Aunque según la Sección Primera de la Audiencia de Navarra, los informes iniciales de la Guardia Civil no hablaban de terrorismo, sino de posibles delitos de lesiones y de atentado a la autoridad –se olvida de que posteriormente denunciaron una campaña de acoso en Navarra y el País Vasco por parte de grupos proetarras–. "Si acudimos a los hechos relatados en las denuncias y las sucesivas declaraciones, es evidente que nos encontramos ante un hecho que evidentemente tiene su origen en el conocimiento que los presuntos agresores tienen de la condición de agentes de la Guardia Civil que resultaron lesionados, y cierto es también que existe el indicado movimiento OSPA –que rechaza la presencia de la Guardia Civil–".

La Audiencia Nacional relató la brutal agresión que sufrieron dos agentes de la Guardia y sus parejas la noche del pasado 15 de octubre en Alsasua. Todos los que participaron "conocían con anterioridad la condición del Teniente y el Sargento, siendo esta la única causa por la que fueron insultados y golpeados".

Un sargento de 35 años y un teniente de 25, ambos fuera de servicio, disfrutaban con sus parejas en el bar Koxka de las fiestas de octubre de la localidad. En un momento de la noche, un grupo de jóvenes identifica al menor de los agentes, posiblemente porque no hacía mucho tiempo que había participado en el rescate de un conjunto de expresos de ETA que se habían quedado aislados y atrapados en la nieve. Los miembros de la Guardia Civil y sus mujeres son rodeados por entre 20 y 25 personas y alguien les lanza un vaso. Les increpan con gritos tales como "esto os pasa por venir aquí", "tenéis lo que os merecéis", "iros de aquí", "hijos de puta", "cabrones, fuera de aquí", "perros" o "putos pikoletos", entre otros. Como la tensión se incrementa, deciden marcharse.

Entre empujones, golpes y forcejeos, las cuatro víctimas salen del local, aunque otro grupo de 15 a 20 personas les espera fuera y alcanzan al joven teniente de 25 años. Le tiran al suelo y uno de los agresores le rompe el tobillo de un pisotón. Su novia intenta protegerle, pero también es golpeada, de igual forma que el matrimonio formado por un sargento cordobés de 35 años y por su mujer, que hacía dos semanas se habían instalado en Alsasua. El teniente yace en el suelo con el tobillo roto y sangrando, pero los agresores no cejan en sus golpes y se ceban con él.

El linchamiento termina cuando llegan la Policía foral de Navarra –a quienes los autores reclaman que detengan también al "sargento"– y las ambulancias, que trasladan a las cuatro víctimas al hospital.

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