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Agresiones, escraches y amenazas de muerte: las "comodidades" del no nacionalista en Cataluña

Sánchez compra el relato separatista que niega la fractura social y las agresiones a políticos y ciudadanos no nacionalistas. 

(Barcelona)
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Algunos ejemplos de hostigamiento a los no separatistas | Imagen TV/Cs/LD

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha comprado el discurso separatista sobre la ausencia de conflicto civil en Cataluña, salvo cuando se trata de amenazas o agresiones contra ellos. En esos casos, que no pasan precisamente desapercibidos, el nacionalismo en pleno y los que no son nacionalistas se vuelcan en condenas, todo lo contrario cuando las víctimas del acoso son los nacionalistas.

Nadie condena los recurrentes ataques a las sedes de Ciudadanos, el PP o el PSC, las pintadas en las fachadas de los partidos o los "regalos" en forma de excrementos. Lo mismo ocurre cuando el comercio de los padres de Albert Rivera amanece con pintadas con amenazas, insultos o lazos amarillos. Los cargos de Ciudadanos se han acostumbrado a la presión, a llevar escolta, a los insultos, las malas miradas e incluso las agresiones.

Tanto da en algunos casos que los amenazados, "unionistas" según la jerga nacionalista para identificar al enemigo, lleven escoltas. El exdelegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, sufrió incómodas escenas en restaurantes y otros lugares de concurrencia pública. Lo mismo le ocurrió a Jorge Fernández en su etapa como ministro del Interior. Cualquier político de la cuerda no nacionalista está sometido a esos imponderables, "gajes del oficio" a tenor de la nula importancia que le otorgan a esas "expresiones" los nacionalistas.

Tampoco pasa nada cuando se atacan las sedes de medios no nacionalistas, como Crónica Global, o cuando se señala a dirigentes como Inés Arrimadas, el propio Miquel Iceta o la presidenta de Ciudadanos en Cataluña, cuyas caras estampan los carteles con los que las juventudes de la CUP o los CDR piden su expulsión de Cataluña, una petición que se amplifica en las redes sociales.

Vivir cómodo para un no nacionalista connotado en Cataluña es todo lo contrario al concepto de comodidad expresado por Pedro Sánchez en el Congreso.

Al antecesor de Iceta, Pere Navarro, una mujer le dio una bofetada en una comunión. La querella venía de antiguo. La mujer se había encarado en otra ocasión con Navarro, a la sazón alcalde de Tarrasa, porque a su juicio la bandera catalana de la fachada del consistorio estaba sucia.

Comodidades en la 'escola' catalana

Las comodidades de los políticos nacionalistas también se extienden a quienes no comulgan con el nacionalismo y la inmersión lingüística. Padres que han pedido más clases de español para sus hijos han sufrido escraches en sus negocios particulares y se han llegado a hacer manifestaciones a cargo de la "comunidad educativa" en los patios de los colegios contra esas familias y sus hijos. El origen de esos conflictos radica en varias sentencias judiciales que deberían obligar a impartir una tercera hora de español en la semana lectiva, fallos que son sistemáticamente incumplidos por los centros y la administración catalana.

Sobre la teoría de Sánchez y los nacionalistas respecto a lo que antes era llamado el "oasis catalán" también puede hablar largo y tendido Inés Arrimadas, a la que acusan de provocadora por intentar celebrar actos en todos las localidades catalanas. De momento ya ha sido declarada no grata por los ayuntamientos de Vich y Canet de Mar, donde también fue increpada e insultada por grupos de separatistas. Cierto que llevar escolta le evita, de momento, males mayores, no así su pretensión de llevar a cabo actos políticos en localidades controladas por los partidos separatistas, que acusan a la líder de Ciudadanos de "provocadora".

La tibia aplicación del 155 y el ingreso en prisión de algunos de los golpistas procesados por el 20-S y el 1-O han aumentado la agresividad separatista, de modo que los ataques y amenazas contra personas que retiran lazos amarillos dela vía pública son recurrentes. También los insultos contra los políticos en redes sociales o los ataques a los locales de partido. En plena aplicación del 155 se llevaron a cabo manifestaciones delante de comisarías y casas cuartel de la Guardia Civil.

Doble rasero

Nunca son objeto de condenas por parte del nacionalismo. Todo lo contrario que en el incidente que denuncia el fotógrafo Jordi Borràs. Según su versión, un policía nacional de paisano le ha roto la nariz a los gritos de "¡viva Espala!" y "¡viva Franco!". El agente también ha denunciado al fotoperiodista. Su versión es que Borràs, que ejerce de activista "antifascista", se abalanzó sobre él gritando "¡puta España!" y "¡puta policía". Para el presidente de la Generalidad, Quim Torra, no hay duda: "el fascismo recorre impune las calles de Cataluña" y "hay un revival franquista". Ni su antecesor Carles Puigdemont ni la alcaldesa Ada Colau condenaron nada cuando dos mujeres fueron pateadas y vejadas en la Meridiana de Barcelona cuando atendían un pequeño puesto de "Barcelona por la selección" que pedía que se instalaran pantallas gigantes para la pasada Eurocopa. Los Mossos tardaron casi dos meses en identificar a los agresores. Tampoco dijeron nada los medios públicos y los afectos. El caso de Borràs será, por contra, uno de los temas del orden del día del pleno del parlamento catalán de este miércoles.

Otro caso que no ocupó ni un minuto a los políticos nacionalistas fue el ataque con bates de beisbol contra un ciudadano en Sant Julià de Vilatorta por retirar lazos amarillos atados al mobiliario público y los árboles. Ni tampoco sobre la mujer pateada en Viladecans por el mismo motivo. No son hechos aislados y no son objeto de condena, pero en ese caso, el separatismo no recorre ni decora impune las calles de Cataluña.

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