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La Guardia Civil de subsuelo, los protectores de las entrañas de las ciudades

Se mueven casi a oscuras por galerías angostas entre los desechos de la ciudad. Su principal amenaza son los químicos y la desorientación.

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La Guardia Civil de subsuelo, los protectores de las entrañas de las ciudades
Con la Guardia Civil en las alcantarillas de Madrid

Están ahí, pero casi nadie los ve. Son casi tan desconocidos como las zonas que custodian y vigilan con sumo celo profesional. Son los encargados de que no suceda nada en las entrañas de nuestras ciudades, que aunque pueda pasar desapercibido en el día a día, son cada vez más huecas, llenas de túneles con diferentes funciones. En el caso de Madrid, por ejemplo, la extensión de las galerías alcanza los 5.500 kilómetros, casi la distancia que hay en línea recta hasta Astana (Kazajistán).

La plantilla de la Unidad de Subsuelo de la Guardia Civil está compuesta por 19 agentes, aunque esa cifra debería ser de 24. Su cometido principal es cubrir la seguridad de las zonas subterráneas encomendadas a sus compañeros de verde en la superficie. En la capital, por ejemplo, realizan cobertura de seguridad subterránea a edificios públicos, dan seguridad en visitas de autoridades VIP, buscando principalmente que no haya explosivos o intrusos bajo tierra. También dan apoyo a la Policía Judicial, al Seprona o a otras unidades del Instituto Armado que así lo requieren.

Formar parte de esta unidad no es nada fácil. En la última convocatoria optaron a cubrir las plazas disponibles un total de 81 candidatos, pero solo cuatro agentes lograron su objetivo. Tras unas duras pruebas físicas y un examen psicotécnico, la primera fase de la formación se realiza en la Escuela de Montaña que la Benemérita tiene en Jaca (Huesca). Los candidatos empiezan a saber si van a ser aptos o no al enfrentarse a pruebas de espeleología, su primera lucha contra la claustrofobia.

Después realizan diversos cursos de especialización, incluyendo uno de explosivos, la principal amenazada que tienen que erradicar en el subsuelo. La última fase se realiza en la unidad, donde los candidatos conocen de primera mano los túneles subterráneos de la capital. Les llevan a las zonas más complicadas para ver si las pueden resistir. "Hay mucha gente que se agobia, siempre hay alguno por curso que le pasa", explica a Libertad Digital uno de los agentes de la unidad.

Bajar a las entrañas de una ciudad no es nada fácil. Una parte importante de las galerías y túneles son estrechos y bajos, haciendo la movilidad tremendamente complicada. El suelo es resbaladizo y en muchas zonas la mezcla de heces y orín llega hasta el tobillo, creando un hedor insoportable. Por si fuera poco, hay que aguantar una humedad constante del 95 por ciento, estar alerta por si alguna galería si viene abajo y controlar las precipitaciones en el exterior.

"Abajo existen varios tipos de riesgos. La principal amenaza con la que nos encontramos son los químicos, por eso bajamos con un detector, que mide la concentración de metano, de dióxido de carbono o de óxigeno, por ejemplo. En este último caso no avisa tanto tanto por exceso como por defecto. Si el detector da un primer aviso nos ponemos en alerta, si emite un segundo aviso tenemos que abandonar la galería inmediatamente", explica uno de los agentes más veteranos de la unidad.

"En las alcantarillas el nivel de oxígeno es de un 20 por ciento, muy bajo, y un buen indicador de que está a niveles óptimos es encontrarse con ratas. Si no vemos ratas o están muertas sabemos que la zona es peligrosa. Una galería por la que hemos pasado y estaba limpia puede estar sucia a las dos horas", continúa el agente, que destaca la importancia del equipo con el que cuenta, que además de varios monos de la mejor calidad, tiene guantes, botas, máscaras NRBQ y equipos de oxígeno.

Los riesgos se incrementan con las posibles mordeduras o picaduras de todo tipos de ratas y arañas. También tienen que tener cuidado con las torceduras, porque en las alcantarillas es fácil resbalar. Pero otra de las grandes amenazas que hay en el subsuelo es la "fatiga" y la "desorientación". "Abajo no hay noción del tiempo. Pierdes la capacidad espacio-temporal. No sabes lo que has andado ni cuánto tiempo llevas", aseguran.

Durante los veinte años que lleva la unidad en funcionamiento se han encontrado de todo en el subsuelo de las ciudades. Lo habitual es encontrarse con gente trabajando o con los compañeros de la Policía Nacional, pero también en sus inicios lo hicieron con mendigos que vivían en las alcantarillas –en la actualidad ya no hay– o con carteras, relojes… Eso sí, aclaran que no hay cocodrilos, que eso es una leyenda urbana.

Los agentes de la Unidad de Subsuelo de la Guardia Civil son perfectos conocedores del lado oculto de las ciudades, de los miles de kilómetros galerías que hay ocultos bajo tierra. De hecho, han elaborado sus propios planos de las ciudades. Primero lo hicieron de forma manual, después con programas de ordenador, donde esos planos personalizados son completados por fotografías que ellos mismos han ido realizado.

Su área de trabajo es toda España, allí donde es necesario su servicio, y piden planos a los ayuntamientos para saber a qué se van a enfrentar, aunque ese material no siempre es fiable. "La mitad de las veces los planos municipales no valen, porque del proyecto de obra a la realidad hay cambios importantes. Además, las calles subterráneas no siempre se corresponden con el exterior o los nombres que nos encontramos abajo son los que tenía la calle cuando se construyeron las galerías. Por si fuera poco, de un día a otro te puedes encontrar zonas tapiadas o derrumbadas", lamentan.

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