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El caso VOX y la mesa del Parlamento: la prueba del nueve de los 'demócratas' andaluces y del cambio

La composición de la mesa del futuro Parlamento andaluz, primera clave de las negociaciones. 

(Sevilla)
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Los negociadores del PP para el acuerdo en Andalucía | EFE

Dios vino a ver a Juan Manuel Moreno Bonilla el pasado 2 de diciembre y de ser el pagano forzoso de la mengua del PP andaluz a la mitad, ha pasado a ser el presunto y posible presidente de la Junta de Andalucía. Pero la luz divina es tan intensa que puede cegar al dúo de los Juanma, que Juan Marín también fue visitado por la divinidad el día electoral más importante de la historia de Andalucía desde 1982.

La lux cegadora de las urnas presentan a VOX –no de Dios, sino de los votos–, como prueba del nueve de la autenticidad de los propósitos democráticos, regeneradores y de cambio de quienes pueden ser los futuros rectores de la gran reforma necesaria para que Andalucía deje de estar en los últimos lugares de bienestar y prosperidad de España y Europa.

Hasta el alcalde de Marinaleda, nada sospechoso de simpatía hacia el partido de Santiago Abascal y Francisco Serrano, y poco dispuesto a dejar de perseguir a los 44 votantes que en su pueblo eligieron la papeleta de VOX su pueblo, ha reconocido que los 12 diputados conseguidos por esta formación en el Parlamento andaluz, fueron elegidos democráticamente, como lo han sido todos los demás.

Pero parece ser que los paladines del cambio, el dúo de los Juanma, titubean respecto a la legitimidad de VOX para estar presentes en el Parlamento con todos los derechos inherentes a la representación popular y, muy especialmente el Juanma de Ciudadanos, Juan Marín, que no es neófito en obstruir derechos a diputados electos y rechaza cualquier contacto con VOX a la hora de formar el nuevo gobierno andaluz, a pesar de que sin VOX no será posible tal opción.

No es la primera vez que Juan Marín juega con la Mesa del Parlamento para impedir derechos a diputados que no son de su simpatía política, según el momento, claro. Hay que recordar que ya tras las pasadas elecciones de 2015, el PSOE eliminó sin más los votos del PP para la elección de las secretarías de la Mesa del Parlamento, provocando la reacción inmediata de los populares andaluces, que lo acusaron de vulnerar la legalidad vigente. Aquella sesión, recogida en un bochornoso vídeo, fue recurrida en amparo por el PP andaluz ante el Tribunal Constitucional, que en 2016 dio la razón al PP.

El pucherazo político se perpetró y se decidió, sin más, eliminar los votos populares y darle los puestos de las secretarías a Ciudadanos y a Izquierda Unida, con muchos menos votos que el PP. Esto es, tanto Ciudadanos, como Podemos e IU fueron cómplices de una operación antidemocrática radical para marginar al PP de la Mesa del Parlamento.

Ahora parece tratarse de algo parecido, pero contando con la complicidad del propio PP y Ciudadanos –con PSOE y Podemos en la inspiración tras las bambalinas–, y teniendo a VOX, que dispone de tres escaños más de los que tuvo Ciudadanos en 2015, como víctima propiciatoria. Se trataría de un cordón sanita-parlamentario para aislar a VOX en la Cámara andaluza, lo que, seguramente, lo hará subir aún más en sus ya sólidas expectativas para las elecciones municipales, autonómicas y generales de 2019.

Sobre VOX se ha cernido un aluvión de propaganda "negra" que lo identifica con una supuesta extrema derecha o derecha extrema, según los más ladinos de sus críticos, que nadie ha logrado demostrar con rigor y lógica. Por ejemplo, entre nosotros, Pepe García Domínguez ha recordado muy oportunamente cómo los requisitos de la "democrática" Canadá de Trudeau respecto a la legalidad de sus inmigrantes son mucho más exigentes y estrictos que los propuestos por VOX sin que nadie considere a Trudeau de extrema derecha.

Igualmente, resulta que mientras que es Podemos quien quiere terminar con la Constitución de 1978, quien apoya los procesos separatistas, quien quiere salir de la Unión Europea y de la OTAN, quien trata de usar las calles como medio de presión política por encima de las urnas (al día siguiente de las elecciones andaluzas Podemos usó la calle despreciando el resultado de las elecciones) e incluso un manifiesto antisemitismo, entre otras muchas cosas que lo unen a lepenismo francés y otros populismos, la acusación de "fascismo" se dirige a VOX, con el silencio cómplice de demasiados.

Vox no acepta el ninguneo de sus diputados

Mientras Susana Díaz sigue implorando el apoyo de Ciudadanos para conseguir formar gobierno con Podemos al fondo de la escena, y mientras Ciudadanos hace lo propio con ella para impedir que VOX tenga arte y parte en un acuerdo descafeinado de cambio, VOX ha terminado por reaccionar ante el manifiesto ninguneo al que se le pretende someter, precisamente por quienes necesitan sus votos para un cambio que comienza tan mal como es excluir a quien ha logrado democráticamente sus escaños.

Desde el principio, VOX dijo que no iba a impedir el cambio político en Andalucía si bien no quería participar en el gobierno futuro de PP y Ciudadanos. Pero una cosa es no participar en el gobierno y otra muy distinta tragar el sapo de la exclusión precisamente por parte de quienes necesitan sus 12 votos para la investidura de un gobierno del cambio.

Por ello, VOX ha decidido participar más activamente en la fragua del pacto por el cambio y quiere estar presente en una comisión negociadora a tres bandas que diseñe el futuro de la reforma de Andalucía y que lo tenga en cuanta, por ejemplo, en los puestos decisivos de la Mesa del Parlamento que deberá constituirse el día 27 de diciembre. Además, de la presidencia, puesto clave, hay otros.

En el caso de la presidencia, si VOX se abstuviera o votara por un candidato no acorde con PP y Ciudadanos, podría haber un presidente de la Cámara propuesto por PSOE y Podemos, lo que haría muy difícil el tránsito parlamentario del nuevo gobierno del cambio, si fuese finalmente conseguido.

Según el Reglamento de la Cámara andaluza, Vox podría quedarse fuera de la Mesa si todos los demás partidos, como ya ocurrió en 2015 contra el PP, se coaligan o maniobran para copar sus puestos. Pero lo democrático y natural es que, si Ciudadanos tuvo un puesto en la Mesa de Parlamento con sólo nueve escaños, VOX tuviera un puesto ya que tiene tres escaños más.

El líder andaluz de VOX, Francisco Serrano, ya ha dejado claro que "una cosa es que vayamos con humildad y otra que nos traten con desprecio" y que sus centenares de miles de votantes merecen dignidad y respeto. Por su parte, Santiago Abascal ha dejado claro, además, que, si se quiere un gobierno de cambio en Andalucía, VOX deberá estar presente en la mesa de las negociaciones que son a dos bandas, como repiten PP y Ciudadanos, sino a tres.

Europa Press ya se ha hecho eco de esta nueva situación que incluye, además de la presencia en la Mesa del Parlamento, las decisiones sobre los nombres del futuro gobierno y su programa de reformas. Es más, ha llegado a mencionar el "veto" a cuestiones que no sean aceptables para VOX en el futuro acuerdo de gobierno.

Francisco Serrano ha subrayado que los doce escaños de VOX son necesarios para el cambio seguro, pero que incluso en el caso de una segunda votación por no haber obtenido la mayoría absoluta en la primera, serían necesarios cuando menos cuatro votos de VOX para lograr la mayoría simple que daría paso a la investidura del presidente del nuevo gobierno.

Serrano, además, ha recordado que VOX es un partido "del arco democrático" y que ha logrado más de 400.000 votos en unas elecciones libres y democráticas y que, aunque la tres veces extrema izquierda considere que Vox es de extrema derecha, en realidad es un partido constitucionalista.

La hora de las negociaciones

Dado que el día 27 de diciembre debe constituirse la Mesa del Parlamento, las negociaciones no pueden demorarse porque, lógicamente, los puestos de la Mesa, presidencia incluida, serán parte de un pacto global. O no.

Para el PP, el objetivo es la presidencia de la Junta y una mitad, cuando menos, de Consejerías. Para Ciudadanos, será la vicepresidencia y a otra mitad de las Consejerías de la Junta de Andalucía. Además, debe componerse un programa de cambio que contente, al menos en mínimos, a VOX si es que se quiere su acuerdo.

De momento, el plan preestablecido era una negociación entre Partido Popular y Ciudadanos, pero la presencia de VOX parece inevitable. En el caso de desestimarse la participación de VOX, el gobierno del "cambio" sólo sería posible con la abstención del PSOE de Susana Díaz que, entre sus contrapartidas, exigiría, naturalmente, el descafeinamiento de dicho cambio. Albert Rivera se lo ha pedido ya a Susana Díaz, que se abstenga para impedir la dependencia de VOX.

Pero el primer paso será la constitución de la Mesa del Parlamento y habrá que acordar de qué partido será el presidente o presidenta y cuántos puestos corresponderán a cada partido. Podemos, por ejemplo, ya ha propuesto que la Mesa se componga de dos miembros para PP, Ciudadanos y PSOE y uno para Podemos, con exclusión de VOX. Parece no recordar que ya ha habido una sentencia del Tribunal Supremo rectificando la exclusión del PP en 2015. Ciudadanos tampoco parece querer que VOX esté presente en la Mesa.

Parece que no recuerdan el artículo 36 del Reglamento de la Cámara andaluza que dice: "Todos los partidos, federaciones y coaliciones que, habiendo concurrido a las anteriores elecciones, hubieran obtenido en las mismas representación suficiente para constituir Grupo parlamentario, tendrán derecho a estar presentes en la Mesa".

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