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El PSOE presidirá un Parlamento andaluz inestable si no hay acuerdo entre PP, Cs y VOX

La mayoría, tanto en la Cámara, como en la Mesa y en la Junta de Portavoces, estaría en manos del centro-derecha.

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El PSOE presidirá un Parlamento andaluz inestable si no hay acuerdo entre PP, Cs y VOX
Foto de una de las reuniones de los equipos de PP y Cs | PP

La elección de los miembros de la Mesa del Parlamento andaluz deberá tener lugar el próximo jueves, día 27 de diciembre. Lo que son las cosas: el viernes 28 es el día de los Santos Inocentes y, de seguir las cosas como van, podría tener lugar la "inocentada" más grande jamás contada para la mayoría absoluta de de los votantes andaluces, más de cuya mitad, el 50,17 por ciento, votaron por la alternancia política y proclamaron su opción por el cambio.

La "inocentada", se habrá adivinado, consistiría en que una mayoría de cambio consintiera que la presidencia del Parlamento continuara en manos del PSOE. La importancia de esa presidencia en el devenir de la política en la legislatura en curso es tal que, en 1994, cuando PP e IU consiguieron dejar al PSOE en minoría en la Cámara, pactaron que la presidencia recayera en un militante de IU, Diego Valderas. Aquel acuerdo fue posible porque se prefirió la regeneración de las instituciones al sectarismo político.

El reglamento de la Cámara andaluza deja bien claro en su artículo 34 que, si no hay acuerdo entre los partidos que proclamaron su afinidad con el cambio y la regeneración en Andalucía, la presidencia del Parlamento será para el PSOE. Dice así:

Para la elección de Presidente o Presidenta, cada miembro del Parlamento escribirá un solo nombre en la papeleta, y resultará elegido el que obtenga la mayoría absoluta. Si no la hubiera, se repetirá la elección entre los dos Diputados que se hayan acercado más a la mayoría, y resultará elegido quien obtenga el mayor número de votos. En caso de empate, se celebrarán sucesivas votaciones entre los candidatos igualados en votos y, si el empate persistiera después de cuatro votaciones, se considerará elegido el candidato o candidata propuesto individual o conjuntamente por los partidos, coaliciones o grupos con mayor respaldo electoral, atendiendo, incluso, al criterio de lista más votada en las elecciones.

Si no hay ningún tipo de acuerdo entre los grupos presentes en la Cámara, desde PSOE a Vox, serán los resultados electorales los que determinen de qué color político será quien presida la Mesa del Parlamento, elemento clave para el control político de la nueva Junta de Andalucía, sea la que sea.

Teniendo en cuenta los datos finales de las elecciones del pasado 2 de diciembre de 2018, el PSOE tiene 33 diputados; el PP, 26; Ciudadanos, 21; Adelante Andalucía, 17 y VOX 12. Si no hubiera acuerdos entre los grupos, es de suponer que cada uno de ellos pondría un nombre en las papeletas correspondiente a alguien perteneciente a su partido.

En primera votación, el resultado sería el mismo que el resultado electoral. Al exigirse mayoría absoluta en esa votación inicial, no habría elección posible. Pero en la segunda votación la elección ya sería sólo entre los dos diputados que se hubieran acercado más a la mayoría. Estos, siempre si no hubiese ningún tipo de acuerdo, serían uno del PSOE y otro del PP, que habrían obtenido 33 y 26 votos respectivamente.

En este caso hay que suponer, claro, que los demás partidos, Ciudadanos, Adelante Andalucía o VOX, que no tendrían acuerdos con nadie, votarían en blanco, emitirían voto nulo o se abstendrían. Si decidieran votar por alguno de los dos candidatos principales, o bien es que habían alcanzado un acuerdo previo o bien habrían regalado un apoyo sin contrapartidas al partido que controlaría la Presidencia.

De mantenerse todos los partidos del Parlamento sin acuerdos ni componendas lo seguro es que sería el PSOE quien lograría la presidencia del Parlamento para uno de sus diputados, lo que, en caso de constituirse un gobierno de cambio, dificultaría sobremanera su labor de reformas de la situación heredada.

En todo caso, un presidente del Parlamento sin control de la Mesa ni de la Junta de Portavoces, aportaría gran inestabilidad a la institución.

Sin acuerdo, el PSOE sería mayoritario en la Mesa

¿Y el resto de la Mesa? Para la elección de los demás miembros de la Mesa tendrá que haber dos votaciones diferentes, una para los vicepresidentes y otra para los secretarios.

La norma es la que sigue:

2. Para la elección de los tres Vicepresidentes, cada Diputado o Diputada escribirá un nombre en la papeleta y resultarán elegidos quienes por orden correlativo obtengan la mayoría de votos.
3. De la misma forma serán elegidos los tres Secretarios.
4. Si en alguna votación se produjese empate, se celebrarán sucesivas votaciones entre los candidatos iguala dos en votos hasta que el empate quede dirimido.
5. Ningún partido, federación, coalición o agrupación de electores podrá presentar más de un candidato o candidata para cada uno de los puestos de la Mesa.

En el caso de que no hubiera acuerdo alguno entre ninguno de los grupos, cada partido escribiría el nombre de uno de sus diputados en las papeletas. Por tanto, el candidato socialista obtendría 33 apoyos, el PP 26 y Ciudadanos 21. De esos tres partidos serían los tres vicepresidentes electos.

En el caso de las secretarías, el resultado sería el mismo. Esto es, una secretaría para el PSOE, otra para el PP y otra para Ciudadanos.

El resultado final de la composición de la Mesa del Parlamento sería que el PSOE dispondría de la Presidencia, una vicepresidencia y una Secretaría mientras que el Partido Popular y Ciudadanos, que tendrían la mayoría absoluta en la Mesa, dispondrían de cuatro miembros de los siete estipulados, una vicepresidencia y una secretaría cada uno.

El problema es que el reglamento es confuso en cuanto a los demás grupos, Adelante Andalucía y VOX. Por una parte, el artículo 27,2 dice que

La Mesa estará compuesta por el Presidente o Presidenta del Parlamento, tres Vicepresidentes y tres Secretarios.

Pero, por otra, en el artículo 36, añade:

Todos los partidos, federaciones y coaliciones que, habiendo concurrido a las anteriores elecciones, hubieran obtenido en las mismas representación suficiente para constituir Grupo parlamentario, tendrán derecho a estar presentes en la Mesa.

Como puede deducirse fácilmente, todos los partidos deberán estar presentes en la Mesa, pero, ¿en qué cantidad y con que prerrogativas? No hay más remedio que recurrir a la presidencia del Parlamento que tiene que "cumplir y hacer cumplir el Reglamento, interpretándolo en los casos de duda y supliéndolo en los de omisión."

En la pasada legislatura, con 47 escaños del PSOE, 33 del PP, 15 de Podemos y 9 de Ciudadanos, la composición de la Mesa fue: presidencia, una vicepresidencia y una secretaría para el PSOE; una vicepresidencia y una secretaría para el PP y una vicepresidencia para Podemos y una secretaría de Ciudadanos, que, gracias al pacto con el PSOE, facilitó la labor de la presidencia. Izquierda Unida, en principio, quedó fuera.

Pero, recuérdese, que fue el Tribunal Constitucional el que tuvo que corregir al pucherazo perpetrado por un PSOE que eliminó los votos del PP en un momento de la elección de los miembros de la Mesa para, despojando de una vicepresidencia legítima al PP, dar presencia con voz y voto a un miembro de IU, sin derecho alguno. En el complot antiPP, la complicidad de Podemos y Ciudadanos fue imprescindible.

Para resolver la contradicción de que IU, con grupo parlamentario, no estuviese en la Mesa, se admitió la presencia de un miembro de IU en el órgano, con voz, pero sin voto.

Si ni hubiese acuerdo entre PP, Ciudadanos y VOX, sería el presidente electo, o presidenta, inevitablemente socialista, quien propondría la solución final a este entuerto, pero debería contar con la mayoría de la Mesa –en manos del PP y Ciudadanos-, y con la Junta de Portavoces, cuya mayoría recaería en PP, Ciudadanos y VOX.

Podría optarse por una solución parecida en el caso de Adelante Andalucía y VOX, presencia en la Mesa con voz, pero sin voto o por cualquier otra, pero en cualquier caso se tendría que contar con el parecer favorable de la mayoría de la Mesa y de la Junta de Portavoces, que dispone de un voto ponderado vinculado a su presencia porcentual en la Cámara. En ambos órganos tendrá mayoría el centro derecha andaluz.

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