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Sainete en Pedralbes: guerra de versiones y de flores en la cumbre con la Generalidad

Guerra de versiones entre Gobierno y Generalidad: los primeros venden un "saludo protocolario"; los segundos, una "cumbre" oficial.

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Confusión, tensión y versiones contradictorias. En eso consistió la hora y quince minutos que transcurrió desde que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, llegó al Palacio de Pedralbes de Barcelona hasta que lo abandonó pasadas las 20:40 minutos de la tarde rumbo al siguiente acto en agenda: la cena con empresarios de la patronal catalana, Fomento del Trabajo, presidida por el exdiputado de Covergencia, Josep Sánchez Llibre.

Pero la primera polémica llegó con su primera cita e, incluso, con su primer saludo. Ante la voluntad de realizar un besamanos, tal y como avanzó Libertad Digital, el presidente Pedro Sánchez renunció a presentarse en el Palacio de Pedralbes en compañía de su vicepresidenta, Carmen Calvo, y su ministra de Política Territorial, Meritxell Batet. Ambas se encontraban horas antes en Barcelona –la vicepresidenta desde el mediodía–, e hicieron tiempo con el objetivo de dejar que Sánchez acudiera sólo.

El motivo, según las fuentes consultadas, es que habían recibido el aviso de lo que podría producirse: si Sánchez aparecía con sus ministras, Torra le recibiría con los suyos. Motivo por el que pudo verse al vicepresidente catalán, Pere Aragonés, y a la consejera de Presidencia, Elsa Artadi, en lo alto de la escalinata del palacete, escondidos detrás de una puerta "por si acaso", según explicaron las fuentes consultadas.

Finalmente no hubo besamanos pero sí hubo foto de familia, otro de los escenarios deseados, y una seudo reunión a seis que cumplió con las expectativas de cumbre de la Generalidad de Cataluña. El tercer encuentro, avanzado en la mañana del jueves por la portavoz socialista, Adriana lastra, y la portavoz del Govern, Elsa Artadi, contó con "la suma" de los presidentes Sánchez y Quim Torra y la segunda reunión que se produjo en paralelo, la de los vicepresidentes, Carmen Calvo y Pere Aragonés, con la ministra de Política Territorial y la consejera de Presidencia, Elsa Artadi.

Un encuentro a seis con guerra de versiones. Moncloa vendió "una simple foto" como un "saludo protocolario" al que restar importancia; los segundos, una "cumbre" oficial a la que "se suman" los ministros y consejeros. Unas discrepancias que Moncloa quiso zanjar con un debate de altura: si el encuentro a seis se producía sentados o de pie. Si era sentado era la prueba ineludible, según la Generalidad, de que se trata de una cumbre; si era de pie, de que era un mero saludo sin trascendencia como finalmente ocurrió por espacio de unos diez minutos.

Pero el sainete superlativo se conoció al final de la gran cita informativa pese a tener lugar al principio del encuentro entre Sánchez y Torra. En el tradicional posado ante los medios, sentados en una sala del palacio de Pedralbes con las banderas de España y de Cataluña como telón de fondo y con un elemento decorativo más: unas flores de Pascua navideña... de color amarillo. Algo que ha disparado las alarmas del gabinete de Moncloa hasta el punto de que un funcionario de la comitiva de Pedro Sánchez, el jefe de protocolo de la Moncloa, Andrés Castilludo, ha colocado otra flor que ha cogido de una mesa cercana en medio de las dos macetas amarillas, pero de color rojo emulando una colorida bandera española.

Guerra de fotos y flores para una rendición de fondo constitucional.

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