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La última pirueta de Ciudadanos para no contaminarse de VOX: aceptar sus votos, pero no votarlo

Lo más llamativo de las negociaciones ha sido el  comportamiento errático, a veces cómico, a veces poco edificante, de Cs en Andalucía. 

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Juanma Moreno y Juan Marín. | EFE

Tras haber apoyado al PSOE de Susana Díaz durante tres años largos y tensos, aceptando de hecho la continuidad de un régimen que luego, milagrosamente, descubrieron como el más corrupto de España sin que su conducta tuviera penalización electoral, Ciudadanos ha dado un espectáculo político que tardará en olvidarse.

Recuérdese que lo primero que quiso tras conocerse los resultados electorales del pasado 2 de diciembre en Andalucía fue la presidencia de la Junta por haber sido el partido que más había subido –de 9 a 21 escaños–, mientras el PP era un partido que había perdido 7 escaños pasando de 33 a 26. Es más, quiso que esa presidencia fuese apoyada por la propia Susana Díaz.

Tras este primer número, Ciudadanos, sabiendo ya que la presidencia de la Junta en todo caso sería para el PP, comenzó la escena de un Tinell sobre Vox, que ha logrado 3 escaños más de los que logró Ciudadanos en 2015. Desde entonces ha pretendido excluirlo por su "populismo" o por ser de "extrema derecha", según, olvidando que Albert Rivera en 2009 formó parte de una operación tildada de "extrema derecha" con el grupo Libertas y, sencillamente, por dinero.

Incluso el alcalde de Marinaleda, y otros miembros del conglomerado de izquierdas conocido como Adelante Andalucía comprendieron a la primera que los resultados electorales plenamente democráticos daban un papel a Vox que nadie podía ni debía impedir. Pero Ciudadanos hasta el último momento ha pretendido otra cosa.

La última pirueta cordonsanitaria contra Vox

Ha sido un avezado periodista gaditano, Juan Manuel Marqués Perales, analista y cronista del Diario de Cádiz y del grupo Joly en general, el que ha descrito con detalle la operación urdida por la cúpula de Ciudadanos para aceptar ser votado por Vox pero no votarlo para la Mesa del Parlamento andaluz. Para ello necesitaba el concurso de Podemos y de IU, y de ahí, la ya famosa foto de la estación de Jerez de la Frontera que no fue ni casual ni baladí.

Marqués Perales, además, pertenece a una familia de Alcalá de los Gazules que ha tenido un gran poder en el socialismo andaluz, el conocido como clan de Alcalá, por lo que se supone que tiene una buena información procedente del PSOE y de otras fuentes de lo que ha acontecido estos días complejos para la constitución de la Mesa de la Cámara andaluza.

Se trataba de que todos los partidos estuviesen en la Mesa del Parlamento con voz y voto, pero sin que Podemos ni IU ni Ciudadanos tuvieran que votar a Vox, dejando las puertas abiertas para echar en cara, en el futuro, al PP su posición proclive al acuerdo con Vox dado su peso electoral.

Los números de la estratagema anti-Vox diseñada por Ciudadanos fueron los siguientes:

  1. Para elegir la presidencia del Parlamento en primera votación hará falta la mayoría absoluta. Por eso, Ciudadanos quería que le votasen los 59 diputados de PP, Ciudadanos y Vox. Ciudadanos acepta los votos de Vox.
  2. Para elegir a los tres vicepresidentes, el plan era que los 59 diputados del acuerdo político votasen a una vicepresidencia del PP. A los 33 del PSOE le correspondería la vicepresidencia segunda y a Adelante Andalucía la tercera vicepresidencia con sus únicos 17 votos
  3. La elección de las secretarías es la que encerraba el secreto. El plan era que el PSOE se hiciera con la secretaría primera con sus 33 votos. El PP contaría para hacerse con la segunda con los votos de Ciudadanos, 21, y 9 votos propios, esto es, 30 votos. La tercera secretaria sería la destinada a Vox que la obtendría con 29 votos, los 12 escaños propios y 17 escaños prestados por el PP. De ese modo, como se ve, Ciudadanos no votaría al candidato de Vox.

Esta retorcida operación cordonsanitaria contra Vox ha sido desmantelada porque IU dijo que NO ayer noche a la propuesta de Ciudadanos en nombre de Podemos y parece preferir estar en la Mesa con voz y voto con el apoyo del PSOE o, en otro caso, estar en la Mesa con voz, pero sin voto.

Finalmente parece que se va a imponer el sentido político común, que tampoco es tan común. Podemos-IU y Vox con porcentajes importantes de voto y presencia en el Parlamento deben estar en la Mesa con voz y voto y así parece que va a ser. Igualmente, como ya había anunciado Vox no va a obstaculizar un gobierno andaluz que dé comienzo al cambio necesario una vez garantizada su presencia y su visibilidad políticas. Por fin, algo normal.

Un balance de urgencia

Lo primero a destacar es la esperanza abierta por la nueva situación andaluza, el despertar de la Andalucía silenciosa que sigue al despertar de la Cataluña española y que prefigura un cambio nacional desde la democracia que se dirige a un rechazo de las estrategias que conducen a un nuevo enfrentamiento civil con olvido de los logros de la transición.

Lo segundo destacable es que las 89 medidas acordadas por PP andaluz y Ciudadanos es un principio de cambio que habrá que tener un amplio número de cuadros técnicos para poder ponerse en marcha, de la ley a ley, si se quiere desmontar todo el entramado socialista tejido desde hace casi 40 años y liberalizar la vida andaluza, desde la educación a la sanidad, desde los medios de comunicación a los impuestos y afrontar, de momento una amplia y profunda reforma de la administración pública que devuelva a los funcionarios el Derecho Administrativo que años de arbitrariedad le habían arrebatado.

Lo tercero es que los grandes ganadores políticos, aparentemente, han sido Ciudadanos y Vox. Ciudadanos ha logrado la presidencia del Parlamento, la vicepresidencia de la Junta y la mitad del gobierno andaluz. Incluso ha logrado que la simple imputación de alguien exija su dimisión inmediata de un cargo público, algo fuera de cualquier criterio equilibrado que tenga en cuenta la presunción de inocencia.

Vox no sólo ha ganado 12 escaños en un inesperado prodigio electoral, sino que ha pasado de la casi inexistencia política nacional a una presencia continua en todos los medios de comunicación de todas las provincias de España, lo que le augura una intensa subida en las próximas elecciones europeas, municipales y autonómicas y, cuando ocurran, en las próximas generales. Además, está en la Mesa del Parlamento andaluz con voz y voto. No estará en el gobierno por lo que las críticas a la gestión podrán ser eludidas fácilmente y tendrá en sus manos la gobernabilidad de Andalucía. No está mal.

Juan Manuel Moreno ha sido ganador, personalmente, de este acuerdo, aunque no así su partido que pierde importantes áreas de gestión política. Dios y Vox vinieron a verlo el pasado día 2 de diciembre cuando, a pesar de perder otros 7 escaños y 320.000 votos tras haber perdido 24 y 700.000 votos desde 2012, la aritmética electoral le ponía en las manos la oportunidad única de alcanzar la Presidencia de la Junta. Para ello, el PP ha tenido que ceder mucho, demasiado tal vez, pero ha logrado la presidencia que Javier Arenas con 50 escaños y una victoria electoral no pudo conseguir. Ya se sabe. La suerte de la fea la bonita la desea.

La gran perdedora de esta intensa fase de la vida política andaluza ha sido Susana Díaz, que ha mostrado su peor cara. Desde que llegó a dedo a la dirección del PSOE y de la Junta, no ha parado de perder votos tanto fuera como dentro del partido. De derrota en derrota, el aparato socialista no tendrá ya el respaldo de la Junta de Andalucía; sus juicios pendientes por corrupción adquieren un color cenizo porque la Junta ahora será auxiliar, y no dinamitadora, de la acción de la Justicia y, por si fuera poco, su oposición interna, los sanchistas, ya comienzan a pedir abiertamente su cabeza.

No se olvide que antes incluso de alcanzarse el acuerdo PP, Cs y Vox, los máximos representantes del sanchismo le aconsejaron a Susana Díaz que cediera la presidencia de la Junta de Andalucía a Ciudadanos a cambio de mantener el régimen. No lo hizo, no asume error alguno, acusa de traición al sanchismo y ahora se verá si puede resistir en la indigencia económica y organizativa que sucederá a la opulencia de dineros y cargos habitual.

La otra perdedora, pero en menor medida, ha sido Teresa Rodríguez, que ha arrastrado a Izquierda Unida en su caída con una pérdida considerable de votos, 400.000 y tres escaños menos. En IU la crisis ya es evidente y en Podemos Andalucía no cabe duda de que pronto comenzarán a exigirse responsabilidades por lo que obviamente no ha sido un éxito.

Ahora queda la constitución del nuevo gobierno, sus segundos y terceros niveles en la Administración y sus entidades paralelas y organismos y la sesión de investidura de la segunda decena del mes de enero.

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