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El martillo pilón de la Fiscalía hace aflorar la violencia del 1-O y sube el 'rebeliómetro'

El testimonio del comisario de Mossos, Manuel Castellví y de la secretaria judicial del 20-S, Montserrat del Toro, clarifica la rebelión del golpe.

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El martillo pilón de la Fiscalía hace aflorar la violencia del 1-O y sube el 'rebeliómetro'
El fiscal del Tribunal Supremo, Javier Zaragoza | EFE

La cuarta semana del juicio del 1-O ha sido la más interesante y la más relevante desde el punto de vista probatorio. El martillo pilón de la Fiscalía empuñado por Javier Zaragoza, Consuelo Madrigal, Fidel Cadena y Jaime Moreno ha hecho aflorar la violencia del golpe, subiendo varios grados el "rebeliómetro" (herramienta metafórica para medir la rebelión).

Por la Sala de enjuiciamiento desfilaron personajes muy relevantes que vivieron de primera mano lo que sucedió en Cataluña en 2017 y que tuvo dos hitos principales: el asalto a la Consejería de Economía del 20 de septiembre y el referéndum ilegal del 1 de octubre.

El estremecedor testimonio de la secretaria judicial (letrada de Justicia) del Juzgado de Instrucción nº 13 de Barcelona, Montserrat del Toro, enmudeció a la Sala y supuso un viaje sin retorno al corazón de la rebelión. El relato fue cronológico y contó con un maestro de ceremonias excepcional, el fiscal Javier Zaragoza. Se terminó la "revolución de las sonrisas" de Carles Puigdemont. El arma de los Jordis (Jordi Sánchez y Jordi Cuixart) en el asalto a la Consejería del 20-S fue doble: una masa de 60.000 personas organizadas y un cuerpo policial, los Mossos d'Esquadra, cuya inacción contribuyó a ejecutar la detención ilegal y el acoso a la comitiva judicial.

Los Mossos se negaron a organizar un cerco de seguridad y Montserrat del Toro tuvo que escapar de madrugada tras horas de angustia subiendo a la azotea, saltando un muro, descolgándose al teatro colindante y convenciendo a su responsable para que la dejara salir por sus instalaciones. Finalmente, lo hizo corriendo hacia un coche camuflado de los Mossos. Su testimonio fue el testimonio del miedo, no de las sonrisas.

Claro que hubo fuerza y claro que hubo violencia. Si existe la violencia psicológica, acaso no se puede considerar violencia la coacción, la intimidación y el acoso de 60.000 personas gritando por megafonía "no saldrán", devastando coches de la Guardia Civil, robando armas largas y formando avalanchas contra un edificio y lanzamiento de objetos. Cualquiera que se vea en una situación así, sólo puede pensar una cosa: "A ver si salgo vivo de ésta, me van a linchar". En la retina de todos quedará la llamada de la secretaria judicial al instructor de la causa en aquella noche infame: "Sácame de aquí, no hay salida". El 20-S parecía la Jungla de cristal de Bruce Willis.

Los golpistas saben que esta declaración cruzó el rubicón de la rebelión y por ello, se vengaron de forma cobarde y miserable difundiendo la fotografía de la secretaria judicial en las redes sociales. En el juicio, su imagen no se había difundido para salvaguardar su integridad. La Fiscalía Superior de Cataluña ya está investigando los hechos, decisión tomada con mucho acierto y celeridad.

En evidencia quedaron las declaraciones de Gabriel Rufián asegurando que el 20-S se fue a merendar a la Consejería y que no había una revolución. También el exconsejero de Interior, Joaquim Forn, que calificó de "relato peliculero" el escrito de acusación donde los fiscales explicaban la huida por los tejados de las funcionaria judicial. También el expresidente de la ANC, Jordi Sánchez, que resaltó la "normalidad" con la que la comitiva judicial desarrolló su labor. También su abogado Jordi Pina que resaltaba el carácter festivo del 20-S con canciones de La Trinca. También el presidente de Ómnium Cultural, Jordi Cuixart, que aseguró que la funcionaria no salió por la puerta del edificio porque no quiso.

Los Mossos avisaron a Puigdemont del riesgo de violencia

Si el testimonio de la secretaria judicial del 20-S fue estremecedor, el del comisario de los Mossos d’Esquadra, Manuel Castellví, fue esclarecedor. El que fuera máximo responsable de Información de la policía catalana quedó en evidencia y sudó la gota gorda ante un implacable fiscal Zaragoza, que desde el principio olió el miedo del comisario y no tuvo piedad.

El representante del Ministerio Público constató con su interrogatorio a Castellví que los Mossos no investigaron tras el 20-S, ni actuaron en el 1-O. Su actuación fue inactuación, pasividad, negligencia. Lo más grave de todo, los Mossos alertaron del riesgo de violencia antes del referéndum ilegal del 1-O a Puigdemont. El líder iluminado escuchó y decidió seguir adelante con su golpe, sabiendo que acarrearía necesariamente violencia.

El comisario de los Mossos también reconoció que comenzaron a seguir los pasos de los CDR, antes Comités de Defensa del Referéndum, en junio de 2017 y que detectaron 42 grupos. No hicieron nada, porque este grupo heterogéneo nutrido de integrantes de la CUP, la ANC o la Plataforma Antidesahucios, "organizaba chocolatadas" con el objetivo de celebrar del 1-O.

Esa misma jornada, el comisario de Policía, Sebastián Trapote y el teniente general de la Guardia Civil, Ángel Gozalo, denunciaban "la virulencia, la resistencia brutal, los actos violentos y las agresiones", que sufrieron las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. En total, 120 agentes de ambos cuerpos resultaron heridos. Todo ello ante la indiferencia de los Mossos. Según Trapote, "en los colegios no había mediación posible, nos estaban agrediendo". Gozalo denunciaba el adoctrinamiento de los CDR a los catalanes con talleres donde se hablaba de "defender". "Se empleaba un lenguaje prebélico. ¿Defender de quién?", se preguntaba retóricamente el mando de la Guardia Civil mientras recordaba que los agentes se limitaban a cumplir el auto del TSJC.

La inacción de los Mossos y la violencia

El exdelegado del Gobierno del PP en Cataluña, Enric Millo, calificó de "esperpento" la Junta de Seguridad con la Generalidad de Puigdemont, contabilizó más de 150 acciones de violencia, coacciones y acoso. Puso de manifiesto la insubordinación del entonces mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, para ser coordinados por el Ministerio del Interior en el 1-O y la inacción de la Policía autonómica catalana.

También relató como Joaquim Forn vivía en un mundo paralelo asegurando que su intención era "garantizar la normalidad de la jornada electoral". "¿Qué jornada electoral, si no hay elecciones?" le contestó. Además, detalló las agresiones que sufrieron los agentes y explicó la trampa del Fairy: "Vertían detergente en las entradas de los colegios y, cuando patinaban y caían al suelo, les pateaban la cabeza".

Siguiendo con la Junta de Seguridad con la Generalidad, el coronel Diego Pérez de los Cobos acuñó otro calificativo, "kafkiana". El responsable del dispositivo policial del 1-O confirmó el espionaje de los Mossos a la Policía y la Guardia Civil para favorecer la celebración del referéndum y constató "la virulencia" y las "masas" de personas organizadas a las que se enfrentaron los agentes para hacer cumplir el mandato judicial.

La "simulación" del referéndum

El exsecretario de Estado Seguridad, José Antonio Nieto, a diferencia del exministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, sí se mojó. Asumió su responsabilidad, defendió, él sí lo hizo, la legitimidad de la Policía Nacional y la Guardia Civil para emplear la fuerza. Calificó de "surrealista" la Junta de Seguridad en la que se reunió con los organizadores del 1-O, (la Generalidad de Puigdemont), para analizar el dispositivo de seguridad para evitarlo.

Antes de terminar, dejó una bomba de relojería para el anterior Gobierno de Mariano Rajoy. Nieto desveló que se ofreció a los golpistas "simular" un referéndum en aquellos puntos que no citaba la magistrada del TSJC como pueblos o plazas, para que Puigdemont y los suyos pudieran salvar los muebles con los suyos. El presidente del Parlamento catalán, Roger Torrent, defendió el papel de su predecesora y líder de la rebelión institucional, Carme Forcadell. Torrent afirmó que la Mesa del Parlamento no podía inadmitir propuestas parlamentarias, aunque fueran inconstitucionales. Afirmación desmantelada por los miembros de la Mesa de C´s y PSC, José María Espejo Saavedra y David Pérez y por el exletrado mayor del Parlamento catalán, Antoni Bayona.

Durante el interrogatorio, el presidente de la Sala, Manuel Marchena, se cansó de la soberbia del abogado de Oriol Junqueras, Andreu Van den Eynde y se vio el encontronazo más tenso del juicio. "No me discuta. No necesito la confirmación de mis decisiones por usted", espetó Marchena al letrado, que quería iniciar un interrogatorio al margen del principio de contradicción que establece que sólo puede repreguntar sobre cuestiones planteadas por la parte que propuso la testifical. En ese caso, la acusación popular que ejerce Vox.

Marchena también tuvo que lidiar esta semana con el letrado Jordi Pina. Cada vez más, los abogados de los golpistas están más y más nerviosos. ¿Están perdiendo el partido de las sonrisas frente a la violencia?

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