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Puigdemont se regodea con una visita a la cárcel de Neumünster al año de su detención

El "procesado en rebeldía", tal como lo cita el fiscal Zaragoza, exhibe su libertad de movimientos por parte de Europa.

(Barcelona)
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Puigdemont se regodea con una visita a la cárcel de Neumünster al año de su detención
La cárcel de Neumünster en una imagen de archivo. | EFE

Una parte no menor del nacionalismo considera que Carles Puigdemont es un personaje de acción, un aventurero con suerte, un "exiliado" cuyas andanzas muestran al mundo la habilidad de los independentistas para poner en evidencia al Estado, de jugada maestra en jugada maestra. Su detención en Alemania hace un año, el domingo 25 de marzo de 2018, causó conmoción en el separatismo, así como graves disturbios en las protestas frente a la delegación del Gobierno en Barcelona, pero aquel hecho no haría más que desencadenar otros que incrementarían la leyenda de Puigdemont entre los suyos.

El expresidente catalán era interceptado en una carretera alemana cerca de la frontera con Dinamarca en compañía de Josep Lluís Alay, en la actualidad jefe del gabinete financiado con fondos públicos del que dispone Puigdemont como expresidente de la Generalidad, su inseparable amigo Josep Maria Matamala, ahora candidato nacionalista al Senado por Gerona, y dos agentes de los Mossos d'Esquadra. Y es que a pesar de los planes que dijo el major Trapero en el Supremo que había elaborado para detener al president tras la proclamación de la república, Puigdemont se fugó de España con la colaboración de agentes del cuerpo que aún le prestan servicio en Waterloo.

A los cinco meses de su huida de España, la escapada parecía llegar a su fin. Puigdemont trataba de llegar a Bruselas desde Finlandia vía carretera. El juez Pablo Llarena acababa de reactivar la orden europea de búsqueda y captura y Puigdemont daba con sus huesos en la prisión de Neumünster.

Doce noches en prisión

Doce noches durmió entre rejas. El 6 de abril era puesto en libertad con una fianza de 75.000 euros. La audiencia territorial de Schleswig-Holstein se mostraba a favor de su extradición por malversación de caudales públicos, pero no por rebelión. Alemania echaba un capote inesperado al proceso separatista y pretendía rebajar con el plumazo de un auto de tres jueces de una audiencia territorial la categoría penal del golpe de Estado separatista en España. El "argumento" era que no se había producido la violencia necesaria para doblegar al Estado.

Sobre ese fallo ha construido Puigdemont la teoría de que él no es un prófugo de la justicia. El Supremo renunció a la extradición bajo las condiciones alemanas y Puigdemont volvió a su mansión de Waterloo en julio y a tomar las riendas de las diversas extensiones posconvergentes. Ha demostrado que ejerce un control absoluto sobre las listas electorales, sobre el partido, sobre el Govern y sobre el presidente de la Generalidad.

Un "elegido"

Encabezará Puigdemont una candidatura nacionalista a las europeas de la que se ha salido el PNV después de décadas de alianza y fantasea con pasearse por Cataluña con la supuesta inmunidad parlamentaria que le otorgaría la carta de eurodiputado. La experiencia alemana, la inesperada puesta en libertad a los pocos días, cambió la percepción sobre sí mismo de Puigdemont, que se considera desde entonces un "elegido". Para celebrarlo, ha programado una visita a Neumünster y dona cien libros de autores catalanes traducidos al alemán para la biblioteca de la cárcel, donde dijo que se le había dispensado un trato exquisito, de celebridad internacional.

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