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Rivera rebaja el tono hacia Casado pero le pide que no se confunda de “enemigo”

El líder de Ciudadanos pide olvidarse de "los ministerios" y propone que el más votado el 28-A sea el presidente de la eventual coalición de Gobierno.

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Rivera rebaja el tono hacia Casado pero le pide que no se confunda de “enemigo”
Albert Rivera y Pablo Casado. | EFE/PP

La oferta de coalición de Gobierno con el PP lanzada por Albert Rivera al inicio de la semana acaparó la atención mediática, pero introdujo por primera vez tensión en su relación pública, hasta ahora casi de guante blanco, con Pablo Casado. Después de que el presidente de los populares le rebajase a ministro de Exteriores en ese hipotético Ejecutivo, y de que el propio Rivera, aprovechando el contexto de un programa de variedades como El Hormiguero, de Antena 3 Televisión, le replicara que igual podía ser titular "de Universidades", este viernes el líder naranja trataba de rebajar la tensión durante un coloquio en Oviedo de la asociación Asturias Punto de Encuentro.

"Casado se puso el otro día nervioso, salió ofreciendo ministerios" aseguraba Rivera, quien añadía que "yo no le voy a ofrecer ministerios a Casado, ni creo que él me los deba ofrecer a mí, porque eso es una falta de respeto a los ciudadanos, que tienen que votar. Son los ciudadanos los que tienen que elegir si ese Gobierno lo encabezo yo, o lo encabeza él, o si hay cambio de Gobierno". El líder naranja apuntalaba su aserto en lo ocurrido en Andalucía donde, decía, "lo hicimos bien" hasta llegar al primer Ejecutivo de coalición con un presidente, Juan Manuel Moreno, del PP, y un vicepresidente, Juan Marín, de Ciudadanos.

En definitiva, Rivera le pedía a Casado "sentido de Estado" y que "no se equivoque" porque "Ciudadanos no es el enemigo". El presidente de la formación naranja concluía que "tiene que haber un Gobierno de cambio" independientemente de quién lo lidere.

Suavizando la tensión

Las palabras de Rivera tratan de suavizar otras como las de la número uno por Barcelona, Inés Arrimadas, que esta misma semana hablaba de la "chulería" de Casado o, incluso, de que el líder de la oposición se habría hecho "el graciosillo" cuando habló de Rivera como ministro de Exteriores, poniéndole además tareas, como la gestión de los conflictos con el presidente mejicano, Andrés Manuel López Obrador, o los que la amenaza secesionista en Cataluña ocasiona fuera de nuestro país.

Las palabras de Arrimadas evidenciaban el enfado interno con Casado, alguien con quien antes incluso de que sucediera a Mariano Rajoy como presidente del PP ya se tenía una excelente relación en la cúpula riverista.

Por lo demás, Rivera no hace sino dar pasos en el camino iniciado cuando la Ejecutiva de Ciudadanos, por unanimidad además, acordó vetar cualquier acuerdo después de las elecciones con el PSOE. Coherente con esa postura, explicada con detalles a la militancia, es hablar a las claras de gobernar en coalición con el PP y también pedir, como ya se ha animado a hacer Rivera, el apoyo de VOX. Todo ello sin dejar de marcar distancias con unos y otros. El líder naranja enfatiza sus diferencias con Abascal en el polémico asunto de las armas y en la consideración sobre los homosexuales que aflora en algún dirigente del partido derechista.

Además, y en el mismo coloquio de Oviedo este viernes, no dejaba pasar la ocasión de desmarcarse de otra de las polémicas de la precampaña, las declaraciones del número dos del PP por Madrid, Adolfo Suárez Illana, sobre el aborto. "No me van a ver a mí, en esta campaña, darle vueltas ni a los neardentales ni a los huesos de Franco. Yo soy más del futuro. De hablar de hijos, de niños, de Educación, de empleo, de innovación, de reconversión, del problema de la despoblación. Esa es la política que necesita este país. Por Dios, dejemos de mirar al pasado" concluía.

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