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Policías y ancianos del 1-O: encuentros en la tercera fase

El abogado Van den Eynde opta por no encararse con el agente que le entregó la orden judicial en un colegio del referéndum ilegal.

(Barcelona)
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Los abogados de las defensas durante la sesión de este miércoles. | EFE

El involuntario protagonista del día en el juicio en el Tribunal Supremo a los golpistas, al margen del funcionario que sufrió una indisposición, es el letrado de Oriol Junqueras y Raül Romeva, el colegiado Andreu Van den Eynde, que bien podría haber sido llamado como testigo de la Fiscalía, la Abogacía del Estado y Vox. Sin embargo, comparecía en calidad de tal el agente de la Policía Nacional que departió con el abogado en el colegio Dolors Monserdà de la zona alta de Barcelona el 1 de octubre de 2017.

La teoría indiscutida en los medios catalanes es que Policía Nacional y Guardia Civil actuaron durante el 1-O como los hunos. Elegían un colegio al azar y para allá que se iban abriéndose paso a porrazos, causando el espanto en niños y viejecitas, dejando tras de sí una estela de desolación. Sin embargo, si Van den Eynde tuviera que relatar su propia experiencia, esa teoría quedaría francamente en entredicho.

Antes de cada actuación, el responsable del destacamento policial anunciaba a los concentrados que disponía de una orden judicial para requisar el material electoral y precintar las instalaciones, que tal orden judicial había sido emitida por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y que, por favor, abrieran paso y no obstruyeran el cumplimiento de un mandato judicial. Más o menos como las generales de la ley que con voz de anuncio de café les explica el juez Marchena a los testigos.

¿Dónde estaban los políticos?

Por regla general, la fuerza actuante no solía encontrar a nadie que se hiciera responsable del centro, de las mesas o portavoz de los allí reunidos. Contra lo que pudiera parecer, en las barricadas del referéndum no había diputados de la CUP ni altos cargos de ERC cuando hacían acto de presencia las lecheras. En las pequeñas localidades sí que hubo alcaldes al frente de los manifestantes, pero en las grandes ciudades los animadores políticos y mediáticos del referéndum brillaron por su ausencia en primera línea.

El abogado que parlamentó con un policía

En el colegio Dolors Monserdà tampoco había políticos, pero sí el abogado de ERC Andreu Van den Eynde, que contra todo pronóstico salió absolutamente indemne de su contacto con la Policía Nacional. Van den Eynde esgrimió su carnet de abogado y pidió al primero de los agentes que entró en el centro la orden judicial. El policía, lejos de abatir el obstáculo humano de un porrazo en la cabeza, le entregó el papel y se esperó a que el abogado hubiera leído íntegro el contenido dispositivo de la nota del TSJC. Hubo un momento en el que el policía se impacientó. Mire usted, es que detrás de ti se están escondiendo las pruebas de un delito, comenta que vino a decir.

En todo caso, se esperó a que Van den Eynde le devolviera la orden tras unos cuantos carraspeos y ajás. Acto seguido, los agentes de la UIP procedieron a retirar al personal de la entrada sin hacer uso de las defensas reglamentarias, aunque hubo resistencia. Van den Eynde lo sabe, estaba delante, lo vio perfectamente. Si fuera testigo no podría mentir. Opta por no encararse con el agente, quien tampoco cita explícitamente al letrado en su descripción de los hechos. Todo el mundo sabe de qué y de quién se está hablando.

"Como si le hablara en alemán"

Reveladores testimonios de inspectores y agentes del Cuerpo Nacional de Policía (CNP) en el Tribunal Supremo. Más que la redundante pasividad de los Mossos d'Esquadra destacan las descripciones sobre el contacto directo de los policías con las masas separatistas. Encuentros en la tercera fase. Un agente explica que antes de apartar a los concentrados sentados en el suelo se les instaba a deponer la actitud por sus propios medios. Eso está en los protocolos de actuación policial, pero el testigo incide en que él mismo trató de sostener un diálogo constructivo con una señora de avanzada edad. Temía que la mujer pudiera resultar lesionada. Había que tener algo más que una mínima deferencia. "Me miraba como si le hablara en alemán", dice el policía. Un extraterrestre no le habría causado más conmoción a la buena señora que ese policía español y al hombre todavía se le ve conmocionado por la mirada perdida de aquella mujer.

Murallas de edad

En los colegios de Barcelona en los que actuó o intentó actuar la Policía Nacional se repite, con matices, un esquema parecido. Siempre hay una pareja de los Mossos mirando para otro lado y casi siempre, ancianos a modo de parapeto y división de "choque". Murallas humanas con la argamasa de la edad.

Escena en el Centre Educatiu Projecte, unos venerables abuelos y abuelas sentados en unas sillas impidiendo el acceso a la Policía. Poco a poco y con el cuidado que era menester fueron retirados. Para que la situación les resultara menos "agresiva", adjetiva el testigo, los policías de paisano ayudaron en las tareas de desplazamiento. Algunos ancianos parecían francamente desorientados. El agente recuerda también el grado de resistencia que opuso en el mismo centro un muchacho con síndrome de Down aferrado a una verja.

Con los jóvenes y con la gente de mediana edad, la situación era diferente. En el argot policial catalán, desalojar a un grupo de personas sentadas se denomina arrancar cebollas. Un testigo explica cómo los primeros en ser sacados fingían espasmos, daban patadas y se resistían como si los agentes les estuvieran pegando. Era el chispazo que activaba a los concentrados, que pasaban de la resistencia pasivo agresiva a algo más.

Mossos de "paisano"...

La novedad en materia de métodos de actuación de los Mossos viene dada por la presencia en los aledaños del colegio Pau Romeva, entre Barcelona y Hospitalet, de un singular binomio del cuerpo regional de policía. La pareja iba de "paisano" con el pinganillo en la oreja, una porra extensible en el bolsillo y marcando arma reglamentaria, todo ello con el atavío de chaquetas negras con capucha y botas tácticas. Como para pasar desapercibidos. Son varios los agentes que cuentan la peripecia de los agentes "camuflados" de los Mossos. Su misión era la de retransmitir a una cierta distancia la actuación de la Unidad de Intervención Policial (UIP) y salir pitando detrás de los furgones policiales a bordo de un vehículo también camuflado.

...y policías de civil

Fueron detectados por los policías nacionales que inspeccionaban los colegios de esa zona para describir a sus compañeros de la UIP y la policía judicial lo que se iban a encontrar. Tomada la matrícula en la que los dos mossos se colocaron detrás de la caravana policial cuando abandonaba el colegio, el resultado del cotejo dio como titular del vehículo al departamento de Presidencia de la Generalidad. Cabe constatar que los agentes del CNP que practicaron la diligencia también iban de paisano, pero sin pinganillos a la vista ni marcando culata.

Pina recupera el habla

El relato de ese episodio propicia que el abogado de la defensa Jordi Pina recupere el habla para preguntar a una policía nacional cómo es que no tomaron la filiación allí mismo de esas dos personas, "supuestos mossos", acentúa. La testigo se extiende en que su grupo tenía órdenes precisas sobre su cometido, que era el de informar sobre la situación en los centros electorales, no ponerse a identificar a gente que manifestara comportamientos extraños. Pina, planchado, no volverá a intervenir en toda la jornada. Otro día que no es su día. Nada más abrir la boca Marchena le ha pedido que haga preguntas y no conjeturas. Y luego la acerada respuesta de la agente. No hay más preguntas.

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